17 abril, 2011

El guardián de mi amor



Personajes: Harry Potter – Severus Snape

Géneros: Angustia, Drama, Horror, Romance, Tragedia.

Advertencias: AU=Universos Alternos, Chan=Adulto/Menor, Contenido Hetero, Mpreg=Embarazo Masculino, Muerte de un personaje, Violación/Non-Con, Violencia, Lemon.

Categoría: NC-17

Disclaimers: Los personajes de este fic no me pertenecen, solo los utilizo para liberar mi perversa mente.

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Los veía tan felices. Harry parecía resplandecer este día y Severus, bien, él parecía haber dejado atrás a todos sus fantasmas del pasado. Pero en su corazón aun sentía que las cosas no estaban bien. Él sabía la verdad. Entendía la relación que ellos dos tenían y sabía que tenía que callar, pero ¿Hacía bien? Su mente le decía que tenía que hablar con Harry, debía contarle todo lo que sabía, pero por otro lado… eso podría arruinar por completo a esas dos personas.

Amaba a Harry como si fuera su hijo. Nunca, de los años que llevaba de conocerlo, se había cuestionado el mantenerlo alejado de Severus. Por que sabía que Harry era una espacie de ídolo para Snape, pero ahora, a unas horas del enlace matrimonial entre ambos, se preguntaba si debería hacerlo  o no.

Podía recordar cuando los vio por primera vez juntos y no precisamente como ahora, que estaban tan enamorados que rayaba en lo absurdo. Antes se detestaban, y por uno u otro motivo terminaban peleándose e hiriéndose con palabras que no estaba seguro de si salían o no de sus almas. Llegó a pensar que eso no estaba bien, no por lo menos, conociendo el pasado de Severus. Sabía que el hombre cargaba con una gran cruz en la espalda, y por ello, no debería  de tratar mal al hijo de la persona que le dio tanto, pero los dejaba.

Ya cuando Harry se enfrentó a Voldemort por última vez y que Severus estuvo a un paso de la muerte, fue cuando vio el resplandor en los ojos de ambos hombres.

Harry ya no era ese niño escuálido y tímido que conoció cuando el  chico tenía trece  años. No, había pasado demasiada agua bajo el puente. Había sufrido la pérdida de personas queridas a una corta edad y a Sirius, su padrino, cuando tenía quince. La perdida de amigos a lo largo de su búsqueda por derrocar a Voldemort de su poder en las tinieblas y creyó que no lo volvería a ver llorar por una persona amada. Por eso se sorprendió cuando lo vio correr hacia Snape segundos después de que la serpiente del Lord Oscuro le atacara. Le escuchó rogarle por que no lo dejara, que había buenas razones para no morir… lo escucho decirle “Te amo”.

En ese entonces Harry tenía diecisiete y había pasado ya un año de eso. Severus se salvó gracias a la aparición magistral de Draco, que, impulsado por su padrino, había llevado una gran cantidad de antídotos y pociones reducidas, al campo de batalla.

Se enteró poco después de eso que Harry y Severus llevaban una relación clandestina desde hace poco más de siete meses, que se afianzó cuando Harry, luego de que Severus saliera de San Mungo tres semanas después del final de la batalla, le dijera que estaba esperando un hijo de ambos, que tenía cerca de tres meces.

Vio la felicidad brotar entre ellos y se prometió que daría cualquier cosa para que Harry fuera feliz.

Ahora lo tenía en frente, mirándose al espejo mientras acomodaba su túnica de bodas. Se veía hermoso, su cara radiante de felicidad, esa que era capas de abrir el cielo en una tarde de tormenta y dejar que los rayos del sol le iluminaran. Lo vio voltearse y caminar en dirección a la cunita donde James dormía con una manito en su boca. Un hermoso bebé que había nacido el 27 de febrero, y ahora, con seis meses, era una exquisitez.

Era ese bebé quien lo atormentaba, “James”. Tan parecido a sus padres, tan parecido a su abuelo. Era una copia perfeccionada de James Potter. No podía evitar mirarlo con recelo, sintiendo que era, mas que un niño, una reencarnación.

¿Cómo se sentirían Harry y Severus si en su hijo renaciera el James que uno no alcanzó a conocer y el otro conoció demasiado bien?

— ¿Qué pasa contigo, Moony? —Remus se vio arrancado de sus pensamientos por la voz de Harry. Lo miró con su hijo en brazos, ya despierto y con sus hermosos ojos negros viendo la cara de su papá. —Desde hace días que estas extraño y no quiero pensar que es por mi matrimonio con Sev.

—No quiero hacerte daño, cachorro.

—Me lo haces cada vez que me miras con pena, Remus —le dijo cambiando a su hijo de lado, para que no siguiera tratando de agarrar las joyas que adornaban su cabello —cada vez que miras a mi hijo también pareciera que estas a punto de llorar.

—Son las circunstancias. No se si sea propio que le hayan llamado James.

— ¿Por qué es el nombre de mi padre? No tienes por que preocuparte, Remus —le dijo ilusionado —Severus nos se enfadó si es lo que crees. De hecho, fue él quien lo propuso.

—Es eso lo que me preocupa —dijo en voz baja — ¿Sabes qué? Mejor no me tomes en cuenta, vamos, dame a James y termina de arreglarte —trató de poner una sonrisa, fallando en el intento.

—Estas preocupado, lo se. Y de verdad no saldremos de aquí hasta que me digas por que.

—Enserio, Harry. Lo mejor es que no me pongas atención.

El chico lo miraba, tratando de encontrar en las palabras del hombre una razón para negarse a su matrimonio.

Amaba a ese hombre que le llevaría al altar y le juraría amor eterno ante todos los mortales y dioses.

¿Por qué entonces?

Remus fue uno de los que más le apoyó cuando creía que moriría cuando Severus estuvo en coma en San Mungo. Fue este hombre frente a él quien le anuncio, con una sonrisa en los labios, que iba a tener un bebé, cuando no se creyó capas de leer por si mismo los resultados de los análisis.

Todo eso cambió cuando nació su James, cuando le pidieron que fuera su padrino. Cuando le pidieron que protegiera con su magia a su hijo.

Cada vez que miraba a Remus sentía que en vez de verlo a él creía ver a otra persona. Y una idea descabellada pasó de repente por su cabeza, obligándolo a dar un paso atrás y aferrar a su hijo contra su pecho.

—Remus… ¿A ti te gusta Severus?

El licántropo miró al chico frete a él con asombro.

— ¡Claro que no, Harry! —Llegó a su lado en un segundo y lo sujetó por los hombros —sabes perfectamente que sólo amo a una persona.

—Lo lamento —se disculpó apenado, relajando su cuerpo al instante. Remus llevaba casi un año casado con Draco Malfoy y este esperaba un hijo desde hace un par de meses —es que de un momento al otro sentí que ibas a decirme algo capas de matarme, pero de verdad —levantó la mirada para clavar sus ojos en los avellanas del otro —si hay algo que tengas que decirme, por mas doloroso que sea, tienes que hacerlo. Juraste que nunca me mentirías, ni me ocultarías nada.

Remus soltó al chico y se volteó para que no viera en su cara la fuerza inmensa que estaba teniendo para poder contenerse a abrir la boca.

Y de nuevo estaba esa voz en su cabeza que le decía que era lo mejor, que era como su hijo, que tenía que decirle lo que sabía antes de que lo supiera por alguien más.

—Siéntate, Harry, y deja a James en la cuna. No creo que sea bueno que lo tengas en brazos cuando te lo diga.

Eso logró captar toda la atención de Harry, que en menos de un minuto había dejado a su hijo en la cuna, después de poner a sonar el móvil para que el bebé se distrajera, y sentarse frete a Remus, que parecía mas inquieto que nunca.

>>Te relataré las cosas como sucedieron y te pido que escuches hasta el final.

º0º0º0º0º0º

James, Sirius y Severus estaban en su habitación en la torre de Gryffindor. Habían decidido quedarse todos esa navidad, la ultima que pasarían en Hogwarts y la pretendían disfrutar a concho.

— ¿Por qué no vamos por algo de beber? —Preguntó Sirius, mirando sus galletas en la mano, estaba algo ahogado con ellas.

—No podemos salir a estas horas, Paddy —le respondió Remus, dejando el libro que leía sobre la mesita de noche y mirando hacia el reloj mágico que había en la pared —son casi las dos de la mañana.

—Por eso debemos ir ahora, no habrá nadie en los pasillos —dijo James parándose, alentado por su amigo —además, podemos llevar el mapa, no es como si nos fuéramos a lanzar a la boca del lobo de una.

—Bien. Vamos de una vez antes de que me arrepienta. —Dijo resignado.

Los otros dos sonrieron de lado y se dieron la mano en señal de triunfo.

Bajaron las escaleras con cuidado, viendo a todos lados antes de doblar en una esquina. Hasta que Sirius, harto de ese jueguito de espía, desplegó el mapa y vieron que los pasillos estuvieran desiertos.

Caminaron unos tramos más hasta que Sirius les hizo detenerse.

— ¿Qué demonios te pasa, Sirius? —Le dijo James, sobándose la nariz que se golpeo ante el repentino detenimiento de su amigo.

—Es que doblando la esquina están Snape y Malfoy.

— ¿Malfoy? —Preguntó Remus —él ya no esta en el colegio, no puede estar aquí.

—Vez, te dije que era un sucio mortífago y seguramente le esta pasando información a Snape.

—Deja de decir tonterías, Sirius —le dijo Remus mientras se asomaba por la esquina para ver que tan lejos estaban, pero cuando lo hizo no pudo evitar jadear.

Sirius y James, que no se perdían detalles de su amigo se asomaron también, quedándose congelados ante la escena.

Snape estaba apoyado contra el muro del pasillo, desnudo de la cintura para abajo,  mientras Malfoy, que se encontraba en las mismas condiciones, se encargaba de embestir contra el cuerpo del menor. Mantenía una mano en la boca del chico para que los ruidos no salieran de su boca y le otra sujetaba una de sus piernas en su cadera. Snape tenía los ojos bañados en lágrimas mientras que trataba de empujar el cuerpo más alto y musculoso que el suyo a base de golpes que se veían inútiles. La varita de ambos estaba tirada a un lado.

Los Gryffindor no sabían que pensar hasta que escucharon el gemido de Malfoy y lo vieron haciendo fuerza y mordiendo con fuerza el cuello de Snape, mientras eyaculaba en su interior.

Lucius se separó de Severus y vio con satisfacción como su cimiente salía de esa entrada, manchada con sangre.

Severus no pudo más con su propio cuerpo y se dejó caer al suelo y se cubrió la cara con las manos mientras dejaba salir su llanto.

—No vuelvas a negarte a ir conmigo Severus —le dijo el rubio tirándole la varita al lado mientras el con la suya propia se volvía a acomodar el costoso traje que traía puesto. —La próxima vez no seré tan amable —le dijo descendiendo y besándolo a la fuerza —recuerda que si dices una sola palabra de esto, te mato, Severus y todo aquello que has logrado hasta a hora no servirá de nada.

Los chicos que estaban mirando se escondieron nuevamente al ver como el rubio se dirigía a ellos. James en un movimiento rápido los cubrió a los tres con la capa de invisibilidad justo a tiempo. Cuando vieron que el rubio desaparecía en la distancia se quitaron la cama.

— ¿Qué mierda fue eso? —Preguntó Sirius mientras veía que el rubio no se fuera a devolver.

—Creo que es obvio, Siripis —dijo Remus —Malfoy violó a Severus.

º0º0º0º0º0º

—Esto no… no puede ser —dijo Harry con los ojos llenos de lágrimas.

—Lo siento, cachorro.

— ¿Por qué ahora, Remus? ¿Por qué contarme algo así justo en día de mi boda?

—Es lo mismo que nos gustaría saber a nosotros.

Remus y Harry se giraron a ver a la puerta. Severus estaba en ella y su cara demostraba lo mal que se encontraba con todo lo que escuchó. A su lado, con los ojos llenos de lágrimas al igual que Harry, se encontraba Draco.

Remus sólo pudo agachar la cabeza.

—Harry merecía saberlo.

—Por mi boca. No por la tuya —le dijo con resentimiento —no tenias ningún derecho.

—Entonces es verdad —dijo Draco —mi padre te violó cuando eras un chico.

Severus no respondió y caminó en dirección a su prometido, que se mantenía con la cabeza agachada mientras dejaba que las lágrimas cayeran por sus ojos.

— ¿Por qué, mi amor? —Le dijo levantando la cabeza, al sentir como Severus se arrodillaba a sus pies y ponía sus manos sobre sus rodillas — ¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Por que no es la clase de historia que se cuentan en las citas románticas y en las ocasiones en que sólo me quería concentrar en ti y nuestro hijo.

—Tenía derecho a saberlo.

—Lo se, pero no es lo peor, mi ángel. Las cosas se ponen aun peor luego de eso.

—Quiero saberlo.

—Yo también —dijo Draco, llegando al lado de Remus, mientras este lo sujetaba de la cintura y lo hacia sentarse sobre su regazo y acariciaba su pequeño vientre.

Severus vio a su ahijado y luego devolvió la vista a Harry. La decisión en esos ojos lo convenció.

—Bien —dijo poniéndose de pie y acercando una silla al lado de su prometido para tomar sus manos —lo que sigue, es muy dolor para mí, en general.

—Pero yo estaré para apoyarte —le dijo Harry acariciando su mejilla.

Severus asintió para empezar a hablar.

º0º0º0º0º0º

Cuando Severus escuchó que Malfoy alejarse, dio rienda suelta a su llanto, y cubrió su boca con las manos para no alertar a nadie, no quería que le vieran así, en su miseria, pero las cosas nunca eran como él quería y de un momento al otro sintió como algo caía sobre sus hombros. Levantó la mirada y su miedo se incrementó.

—No temas de nosotros, por favor —le dijo James Potter, acuclillado frente a él, mientras que Remus y Sirius se mantenían a su espalda.

—Ustedes…

—Tienes que salir de aquí —le dijo James, ayudándolo a ponerse de pie —nadie te verá.

Severus bajó la mirada y se dio cuenta de que su cuerpo había desaparecido. Una capa de invisibilidad. No podía entender la actitud de esos tres. ¿Por qué de un momento al otro se preocupaban de lo que le pasó, si toda su vida se encargó de pelear entre ellos? Tuvo la intención de irse, pero su cuerpo no le respondió y terminó sucumbiendo.

Cuando despertó unas horas después se encontraba en un lugar que no conocía. El color en las paredes le dieron una ligera idea, pero eso le asustó más que en un principio. Trató de levantarse, pero estaba demasiado agotado.

—No trates de levantarte, por favor —le dijo una voz a lo lejos.

Miró al lado y vio al trio de leones idiotas sentados en una de las camas, los tres mirándolo con algo que reconoció enseguida. Lastima. Dio vuelta el rostro. No quería la lastima de nadie, mucho menos de esos tres.

— ¿Por qué estoy aquí? —Preguntó con un nudo en la garganta.

—Bien —Remus se mordió el labio —no podíamos llevarte a la enfermería o madame Pomfrey pregustaría.

—Y Malfoy fue demasiado claro en su advertencia.

Un silencio desagradable se instaló en la habitación.

Pasaron el fin de semana en la habitación, encerrados para que nadie preguntara nada. Severus no hablaba, dormía la mayor parte del día y no tenía intención de irse de ese lugar por ahora. No quería estar solo en su habitación, desde donde lo había sacado Malfoy.

Los merodeadores se sentían mal por el joven Slytherin. Una cosa son las bromas que le hacían, pero nunca llegarían a ser tan perversos como Malfoy. El tipo lo había forzado.

—Necesitamos saber que pasó —dijo James por fin, mientras Severus estaba sentado, ocupando su cama, mientras trataba de tomar la sopa que habían ido a sacar a escondidas de la cocina.

—No hay nada que tengan que saber.

— ¿Por qué te forzó? —Vio como la cuchara en la mano de Snape caía sobre la cama y se apresuró a ayudarle. Pero en cuanto rozó con su mano al moreno se desató el desastre.

— ¡No me toques! —Le gritó aterrado, botando la bandeja de su regazo, haciendo que la sopa se esparciera por el piso.

— ¡Lo lamento! —Le dijo asustándose por la reacción del moreno. No tenía a Remus cerca para que le ayudara. Él y Sirius habían ido al comedor para que no sospecharan.

— ¡Me largo de aquí! —Dijo corriendo las sabanas y levantándose, pero su cuerpo nuevamente no le respondió y terminó cayendo de rodillas. Vio como el moreno se acercaba y se asustó de nuevo — ¡Quédate ahí! ¡No te me acerques!

James sabía por que estaba asustado y no podía hacer nada por él. Se agachó a su lado, sin tocarle.

—No te haré daño —le susurró —sólo quiero que llegues a la cama de nuevo. No es bueno que estés en el suelo.

—No me toques, por favor —le pidió entre lagrimas.

James no lo hizo. Se alejó y vio como el mismo chico volvía a la cama por su propia cuenta. Al igual que había hecho cuando se refugió en el baño después de despertar el primer día. Los tres habían escuchado como lloraba en el interior del lugar y Remus e encargo de pararle una muda de ropa que Sirius había “pedido prestado” de la habitación de Severus en las mazmorra. Le habían visto salir sol los ojos tan rojos como su piel, seguramente se había refregado con fuerza para quitarse la esencia de Malfoy de su cuerpo.

Las vacaciones de navidad terminaron y como es de esperar, Severus tuvo que volver a su habitación.

Las peleas entre Snape y los merodeadores se transformaron en un tipo de persecución por parte de los Gry hacia Severus. Lo seguían luego de sus clases, hasta verlo entrar a su sala común.

Un día Severus se hartó y se giró para encararlos.

— ¿Ahora tengo leones guardianes?

Los chicos se rieron por la broma y se acercaron al chico.

—Sólo nos asegurábamos que llegaras bien a…

— ¿Mi sala común? ¿El gran comedor? ¿La biblioteca?

—Wow, Snape. Eres bueno para ser espía —dijo Sirius divertido.

Severus le miró entornando los ojos y sin saber por que, se largó a reír como nunca lo había hecho. Era inverosímil que ese trio de idiotas estuviera cuidando de él.

Los otros tres se sorprendieron de su risa y sonrieron. Era bueno verle así luego de tanto tiempo.

Severus comenzó a confiar en esos tres. Al principio no quiso decir nada, pero al final les dijo la verdad. Les dijo que Lucius quería que fuera con Voldemort y él se negó, que lo violó como escarmiento a su atreviendo.

Un día los merodeadores vieron como Severus recibía una carta a la hora del desayuno y le siguieron cuando este salió corriendo. Le encontraron a la salida de la sala de menesteres, como si les esperara. Cuando los cuatro entraron se derrumbó sobre el primer sillón que imagino.

—Me embarazado.

Los otros tres se quedaron de piedra, fue James, que parecía reaccionar mas rápido que los otros dos cuando se trataba de Severus, quien se acercó y le pidió el papel

Un análisis medico lo confirmaba. Severus tenía dos meses y medio de embarazo. Vio al moreno que no dejaba de mirar al piso y se arrodilló frente a él, levantando su rostro.

— ¿Estas bien?

—No —le dijo el moreno, dejando salir el aire — ¿Qué haré ahora?

—Tener una familia —le dijo el moreno con una sonrisa —cuando tu hijo crezca será amigo de los hijos de nosotros.

Severus vio la sonrisa en el rostro de los tres y más que nada en la de James.

Desde ese momento todo pareció mejorar. Le dijeron a Lily lo que pasaba, ya que la chica los siguió una vez que su novio le dijo que no la podía acompañar en su cita. Claro, cuando llegó y lo vio con Severus en la casa de los gritos y los acusó de engañarla. Severus le pidió que le escuchara y la chica lloró por horas y les rogo disculpa.

Era ridículo el que ahora los cuatro se encargaran de cuidar a Severus. Le compraban cosas al bebé que ya tenía cinco meses en el cuerpo de su “madre” y que, gracias a un hechizo de Lily, se ocultaba de las miradas curiosas.

Todo hasta dos semanas antes de que terminaran las clases. Severus no aparecía por ninguna parte y James se paseaba de un lado para el otro, siendo su novia la única que lo podía calmar.

—Algo malo le pasó. —dijo pasando al lado de Sirius.

— ¡Déjate de ser tan negativo, James! —Le gritó Lily dándole una cachetada.

—Lily tiene razón —dijo Remus, pero aun así muy preocupado por el chico.

Fue en ese momento en que le vieron caminar por el campo de Quidditch y los cuatro salieron corriendo en dirección al moreno. James llegó antes que todo y se paró antes de llegar a su lado.

Severus caminaba con dificultad y se sostenía el brazo. Lo supo enseguida.

Recorrió el camino que le faltaba y lo alcanzó antes de que cayera al piso, sosteniéndolo entre sus brazos.

—No, no, no… por favor —rogó levantando la manga rota del moreno. Ahí, en la piel pálida de Severus, estaba la marca de Voldemort.

Lily cubrió su boca con las manos viendo las lágrimas correr por el cuerpo del moreno.

—Ya no… —Severus no era capas de decir nada.

James lo abrazó con fuerzas y lo notó. Puso su mano sobre el vientre de Severus.

—Oh, no… por Merlín.

Los otros tres lo entendieron enseguida. Le hicieron perder a su bebé.

—Me lo quitó —dijo con lagrimas en los ojos —me lo quitó todo.

—Severus… —le llamó Remus, entendiendo el dolor en el menor —hay que llevarlo con el director.

Severus había caído inconsciente en los brazos de James y este se encargó de tomarlo y caminar en dirección al colegio, mientras era escoltado por los otros tres, que no aguantaron las ganas de llorar. Su pequeño sobrino había muerto.

Dumbledore trasladó a Severus a San Mungo, y se encargó de que alguien de su entera confianza le atendiera.

Los otros cuatro no se quedaron en el colegio. Le rogaron al director por ir con él. El hombre, luego de regañarles por ocultarles la verdad, les dejó ir.

Cuando el doctor que atendía a Severus salió a hablar con Dumbledore, James se escabulló a la habitación de Severus con la capa de invisibilidad, cosa que había acordado entre Sirius, Remus, Lily y él.

Severus estaba en la camilla, con el rostro mirando a la ventana, el rostro mojado por las lágrimas. Fue la imagen más dolorosa que vio James. Se quitó la capa y se acercó con cuidad.

—Ya les dijo, ¿Verdad? —Preguntó el chico aun sin apartar la mirada de la distancia —Me trataron tan mal que me quitaron mi facultad. No podre tener un hijo nuevamente.

James le tomó de la mano, apretándola fuertemente.

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A estas alturas todo era lágrimas en la habitación. Draco ocultaba su rostro en el cuello de su esposo, mientras que este, a pesar de las lágrimas, no dejaba de acariciar su espalda.

Severus hacía lo mismo con Harry, que estaba apoyando su cabeza en su regazo.

—Luego de eso James se volvió un maldito perro guardián. No me dejaba en paz en ningún momento, bueno, no hasta que se volvió completamente loco por que venías en camino —le dijo acariciando el cabello de Harry.

— ¿Alguna vez…alguna ves te enamoraste de papá? —Le preguntó Harry, entendiendo la angustia de Remus cuando le dijo sobre el nombre — ¿Por eso lo nombraste así, verdad? ¿Por eso llamaste James a nuestro hijo?

—No —le dijo con voz calmada —quise mucho a tu padre, pero no fue mas del que sentí por Black y Lupin en ese tiempo, además de Lily, claro. Todos ellos me ayudaron a salir adelante.

—Pero James si se enamoró de ti —dijo Remus, ahora que Draco se había calmado.

—Lo se, pero yo no podría responder nunca a sus sentimientos —dijo abatido —luego vino lo de la profecía. Creí que moriría cuando el Lord me convocó a través de la marca. Nunca me sentí tan mal y fue para decirme que iría por ustedes. No podía permitirlo y fui con Dumbledore, pero era demasiado tarde. Odié a Black pensando en que era el traidor. Odié a Lupin por que no los salvó. Me odié a mi mismo por la muerte de ellos y entonces Dumbledore me dijo que estabas vivo. Te volviste lo más importante para mí. Fue por eso que me hice espía.

Harry sonrió y se incorporó acariciando la mejilla de Severus.

—Se que me amas. Y te amo ahora más que nunca —le dijo llorando nuevamente —ahora seré yo quien me encargue se ser tu maldito perro guardián.

—Lo eres —le dijo besándolo en los labios —ahora viene lo difícil, ¿Verdad? —Le dijo mirándolo a los ojos — ¿Habrá matrimonio aun, Harry?

— ¡Claro que si! —Dijo levantándose de golpe —Y tú no deberías estar aquí. Es de mala suerte ver al novio antes de la boda.

Severus sonrió y lo besó antes de salir. Cuando iba por el pasillo sintió que lo sostenían del brazo. Sabía quien era y le abrazó con fuerza mientras lloraba en su pecho.

—Lo lamento.

—Tú no tienes nada que lamentar, Draco.

—Mi padre siempre fue un bastardo desgraciado, pero no puedo creer que se hubiera atrevido a matar a mi hermano —dijo con dolor.

— ¿Cómo lo sabes?

—Te conozco y no me dirías algo tan doloroso, pero se que mi padre no tendría un hijo mestizo, era demasiado retorcido.

Severus lo abrazó con fuerza. Esas fueron las mismas palabras que le dijo Lucius cuando le apuntó con su varita pronunciando un diffindo y desgarró su vientre para quitarle a su hijo de las entrañas.

—Tu padre nunca lo hubiera aceptado  —le dijo abrazándolo —ahora quiero que te vayas a preparar, el enlace es en una hora y todos tenemos que estar listo —le dijo dándole un beso en la frente.

Draco se alejó por el pasillo de la mansión Black y se metió en la habitación en la que estaba hospedado con su esposo.

Severus caminó a la habitación donde tenía sus cosas y vio la chimenea prendida. El impulso fue inmediato.

— ¡Calle Hilanderas! —Atravesó la desolada casa de los que fueran sus padres y caminó al patio. Ahí, en medio del jardín,  había un conjuro confundidor y dentro de esta una tumba.

Recordó cuando Lucius le arrebato a su hijo. Un pequeño feto casi formado. Envuelto en un trozo de la túnica que le habían arrancado del brazo. Antes de desaparecerse del lugar había cogido a su no nato hijo y lo llevó a la casa de sus padres. Siempre lo visitada. Una pequeña lapida que citaba el nombre de Santutxo Snape sobre esta. Ese nombre se lo habían dado sus padrinos. James y Lily.

>>Cuando todo lo del matrimonio terminé, le diré a Harry que te llevemos con tus padrinos —dijo acariciando la lapida —nunca te olvidaré, bebé.

Se alejó de la casa. Era hora de dejar completamente el dolor. Ese que se fue con la muerte de Voldemort y Lucius.

Desde las alturas, tres personas lloraban su propio dolor.

—Siempre supe que lo amaste —le dijo Lily tomando la mano de se esposo —y nunca te lo reprocharé. Él lo merecía.

—Lo se —dijo el moreno  James apretándola en un abrazo. —Tú, Severus y Harry son lo más amé y amo.

—Ahora es tiempo de que veamos el enlace —dijo Sirius volviendo a sonreír, secándose las lagrimas al igual que los otros dos — ¿Quien diría que Severus se casaría con un Potter al final de todo?

—Y con el mejor, amigo —dijo James sonriendo también —se casara con el mejor.

Fin

Dueño de la noche



Personajes: Sirius Black – Remus Lupin.

Géneros: Angustia, Drama, Horror, Romance, Songfic, Tragedia.

Advertencias: AU=Universos Alternos, Mpreg=Embarazo Masculino, Muerte de un personaje,

Categoría: NC-17.

Disclaimers: Los personajes de este fic no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling. La canción que utilizo pertenece al grupo Pimpinela.

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Cuando Sirius salió de Azkaban y fue recibido por Remus de manera inmediata y pudo darse cuenta de que muchas cosas en su vida habían cambiado.

Ya no existía en él, ese chico de dieciocho años que podía salir a la calle de noche e ir de bar en bar conquistando a cada hombre o mujer que viera encantador a sus ojos.

Él no era el mismo. Ya no tenía el mismo encanto que hace años, pero también había otra cosa, ahora sentía algo que nunca se imaginó sentir en su vida, inseguridad.

No podía concebir que Remus aun lo amara, después de los años pasados y que la vida en prisión le hubiera quitado tantas cosas.

Su juventud.

Su alegría.

Su amor propio.

No le importaba quedarse en la mansión y que las horas pasaran y él no probara bocado.

¿Para qué vivir una vida así?

—Por que aun ahí gente que te ama, Sirius.

Las palabras de Remus le llegaban como susurros. Cada vez que venía a él, era lo mismo.

Remus ahora tenía una vida diferente. Trabaja como profesor de DCAO en Hogwarts y pasaba el tiempo entre jóvenes vivaces, entusiastas, alegre. ¿Cómo podía conformarse con algo tan poco como él?

Él llegaba yo dormía
En silencio se acercaba
Me dejaba una caricia y en sus brazos me tomaba
Cuando su cuerpo sentía
Poco a poco despertaba
Y mi miedo se moría
Cuando el me hablaba

Siempre se dijo que Remus era demasiado para él. Siempre presente y preparado para calmarlo. Y lo amaba, claro que lo amaba. Era algo que no podría negárselo a nadie, pero la duda siempre estaba presente.

—Debes pasarlo muy bien en Hogwarts, ¿Verdad, Remus?

—Si, es verdad, pero me gusta más estar así, contigo.

Y ahí estaba de nuevo. Dejando que tomara su cuerpo como cada coche, tratando de olvidar los gritos de los presos de Azkaban cuando un dementor se acercaba.

Remus era para Sirius, lo más parecido a un ángel. Cuidándolo, de todo y todos.

Tranquila, amor
Tranquila
Duerme,
Que soy yo, mi vida

Pero de verdad las cosas habían cambiado demasiado.

Cuando ambos asistían a Hogwarts era él, el encargado de proteger a Remus, pero las cosas ya no eran como hace años. Ahora él era quien necesitaba protección.

Pero Sirius era inteligente. Remus estaba diferente desde unos meses atrás. Sonreirá por cualquier cosa y a veces no quería estar con él íntimamente. Las cosas para él eran claras.  Remus debía tener un amante fuera de casa.

Y yo le creía
Hasta que un día sin querer descubrí
Que era todo mentira

Esas caricias no eran solo mías
Ni las palabras que el siempre decía
Yo era dueña de la noche pero ella del día
Y todo el tiempo que nunca me daba
Todo ese tiempo de mí se reía
Yo era dueña de la noche pero no de su vida
Era todo mentira...mentira...

Nunca se atrevió a decirle nada ¿Para que hacerlo si mientras no le dejara, no había cosas que cambiaran su relación?

No quería que su pareja se alejara y si para eso era necesario que hiciera la vista gorda, pues bien.

Los días pasaban y Remus seguía de manera rara.

—No me pasa nada, Paddy —le decía con una sonrisa. Para luego darle un beso en los labios. —Estoy feliz de que estés conmigo.

Sirius se quedaba cayado. Disfrutando de los momentos en que  se olvidaba de la verdad y Remus era el centro de su mundo.

Todavía ya cambiado
Aunque el no lo sabia
Yo trataba de olvidarme pero era inútil no podía
Tan profundo y tan grande
Era el amor que yo le daba
Que no podía acostumbrarme
A saber que el me engañaba

Sufría cada día más. Verlo llegar con una sonrisa en el rostro cada vez que aparecía en la mansión para que disfrutaran de un rato a solas, era demasiado para él.

— ¿Qué pasa, padrino?

Vio a Harry sentado frente a él. Se notaba preocupado, pero no sabía si el adolecente también sabría sobre la relación extra que tenía Remus.

—Nada, Harry. No pasa nada.

—Pero se nota que algo te preocupa.

—Sólo espero que el tiempo pase, Harry. Quiero vivir tranquilo. Que Remus permanezca a mi lado.

— ¿Por qué no estaría a tu lado, Sirius? Remus te ama —el mayor  se abstuvo de bufar —por que lo sabes ¿Verdad?

—Lo se —mintió —Remus sería incapaz de mentirme.

—A veces, no decir unas cosas no es mentir —vio como su ahijado se iba —recuérdalo.

¡Harry lo sabía! El mocoso traidor sabía que Remus lo engañaba y no había sido capas de decírselo, ni siquiera por el cariño de ahijado que decía tenerle.

Ya no podía más con esto.  Había vivido demasiado en Azkaban, como para aguantar ahora la traición de las personas que amaba. Tenía que terminar con eso ahora mismo, sino, se volvería loco.

El llego, yo no dormía
En silencio lo esperaba
Cuando se acerco a abrazarme
Puse fin allá su vida
Y vinieron a buscarme
Estoy aquí desde aquel día
Y en la noche al acostarme
Aun lo escucho todavía

Nuevamente encerrado en el ministerio, pero ahora por razones justas. Ese pequeño traidor que lo engañó diciéndole que lo amaba y que quería pasar junto a él lo que le restaba de vida. ¡Y claro que lo hiso! Por que fue él mismo el que terminó con Remus. Unas palabras vacías salieron de su boca cuando llegó a su lado la noche pasada y sólo le quedó el terror en los ojos del licántropo, cuando el rayo verde le llegó en el pecho, quitándole la vida de manera inmediata.

Y el maldito aun lo torturaba en las noches. Ni siquiera el que fuera la mandita noche de brujas dejaba los fantasmas de lado. Ese día, que debería llorar a sus amigos muertos, ahora se sumaba la muerte de su traicionero amor.

Lo volvía escuchar en sueños, diciéndole que le amaba. Mentiras.

Tranquila, amor
Tranquila
Duerme,
Que soy yo, mi vida

— ¡¿Por qué lo hiciste, Sirius?! —Le gritó Harry a través de los barrotes de la celda provisional en que lo tenía — ¡Él te amaba y lo matase! —las lagrimas caían por sus verdes ojos.

—Él no amaba a nadie —dijo en susurros, sin molestarse en levantar la mirada y ver a ese otro traidor frente a él.

— ¡Eres más miserable de lo que pensaba! —Dijo con desprecio — ¡Nunca debí pedirle ayuda a Severus para que Remus lo hiciera!

—Snape —dijo con desprecio levantando la mirada — ¡Él era su puto amante! —se paró de manera brusca.

— ¡Claro que no! —vio como se acercaba y alargó la mano para alcanzarlo y sujetarlo de la solapa de la camisa que llevaba desde hace dos días. El tiempo en que lo detuvieron los Aurores —Severus es mi pareja —le dijo con los dientes apretados —Remus quería darte una razón mas para vivir y me pidió que convenciera a mi pareja para preparar una poción que le ayudara a procrear.

— ¡Mientes!

— ¡Mataste a Remus por que estas demente! —Le soltó con fuerza, logrando que cayera al piso — ¡Cuando te dije hace días que Remus no te mentía, pero que te ocultaba algo, era su embarazo!

— ¡Cállate!

— ¡Mataste a tu pareja y a tu hijo en su vientre!

Y yo me reía
Porque al final sin querer descubrí
Que el no me mentía

Harry no volvió a presentarse frete a él. Y al día siguiente fue entregado a Azkaban nuevamente. Esta vez recibiría el beso sin ninguna impedimenta.

Ahora era Sirius el que se torturaba en sueños. Recordaba a Remus y el tiempo ultimo que habían pasado.

Su felicidad era por el bebé que llevaba en el vientre, el bebé de ambos. El que no quisiera hacer el amor con él, era normal por su estado.

Se despertó de golpe, mientras gritaba y se reía como demente al saber que había destruido lo único bueno que pudo haber tenido.

— ¡Lo maté! —Gritaba agarrándose de los barrotes, viendo a los otros presos que estaban frente a él — ¡Lo maté y él me amaba! —Gritaba sacudiendo las rejas.

Se dejó caer  al suelo, mientras reía y lloraba al mismo tiempo.

Esas caricias eran solo mías
Todo fue invento de mis fantasías
Yo era dueña de su vida y el ya no vivía

—Sirius Black —dijo el Auror encargado de la ejecución —se le condena al Beso por el cargo de asesinato en contra de Remus John Lupin y el parricidio del producto nonato que cargaba el señor Lupin.

Sirius estaba completamente absortó en su mundo. Sin poner la más mínima atención. Lo único que quería era morir. No soñar con imposibles. De ser posible, pedirle perdón a Remus. Por última vez

Y una mañana me marche a buscarlo
Para estar juntos como el primer día
Y al encontrarme me abrazo y me dijo
Tranquila amor.... tranquila

Y ahí estaba él. Frente a frente con su amor. Sonriéndole como siempre y abriendo sus brazos para recibirle en el otro mundo. Remus estaría a su lado eternamente. Pero él no olvidaría lo que le quitó por su demencia. No podía volver el tiempo atrás, pero ahora tendría la eternidad para arrepentirse.

Fin

De ti si lo quiero



Personajes: Harry Potter y Severus Snape

Genero: Romance.

Clasificación: R.

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling.


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Si existía algo que Harry Potter odiara más que la guerra que se vivió contra Voldemort, la cual había terminado dando como vencedores a los del lado de la luz, era el maldito 14 de febrero. Todo el rosado, los corazones, las hadas revoloteando por ahí y el maldito muérdago. Todo lo que significara un casual encuentro cursi-romántico-empalagoso eran solo tonterías, por lo menos para él, que sabía perfectamente, iba a ser terriblemente desagradable.
Hoy estaba a jueves, jueves 11 de febrero para ser más exactos y ya había rechazado cuatro peticiones de citas, doce indirectas y no quería saber la cantidad de mensajitos que le llegaban a la hora de la cena, comida o desayuno, las cuales venían, regularmente, acompañadas de una flor o una caja de chocolates. Él solo se levantaba discretamente y guardaba las cosas en su bolsillo y salía del comedor para dirigirse a su habitación.
Al llegar a esta y con un poco de remordimiento quiso mandar un incendio que achicharrara rápidamente lo que estuviera en el paquete.
No quería arriesgarse con averiguar lo que traía. Ya había perdido la cuenta de cuantas cosas le habían enviado con filtros de amor o cosas por el estilo.
Tenía la desagradable sensación de que nadie estaba pensando realmente en él, cuando le enviaban todas esas cosas, si no más bien en la fama que le había acarreado el destruir a Voldemort.
Sin saber muy bien por que, se acostó  y se quedó rápidamente dormido. Para su desgracia volvió a recordar las cosas que pasaron durante la guerra.
La muerte de Remus y Tonks. Que había sido un golpe terriblemente devastador. Tomando en cuenta que consideraba a Remus como su segundo padrino, su muerte le recordó, que esta vez, se había quedado realmente solo.
La partida del director Dumbledore que aun le dolía, había sido en su momento, fuente de ayuda para los momentos en que no encontraba una salida o un motivo real para seguir peleando, pero la perdida de muchos amigos y unos cuantos conocidos le traían de nuevo las fuerzas, diciéndose que solo él podía  terminar con todo este maldito calvario.
Recordó que estuvo a punto de morir, pero que alguien, una persona que nunca en su vida pensó que podía haberle ayudado, lo rescato a último momento de las garras de ese maniático asesino, que sólo  veían en él, una pequeña muralla que debía derrumbar ara hacerse del dominio del mundo mágico.
El profesor Snape lo había ayudado a huir de Voldemort, justo cuando este había querido eliminarlo.
Nunca se imaginó verlo llegar a su lado. Se encontraba en una prisión ubicada en quizás que lugar, donde unos mortífagos lo habían dejado luego de haberlo capturado a base de una trampa. Le habían quitado su varita y se encontraba completamente indefenso. Pero él llegó y le entregó su arma, para luego indicarle por donde debía correr. Fue así como logró escapar. Gracias a él estaba a salvo.
Lo que ahora le molestaba era que el profesor ni siquiera le devolvía la mirada cuando pasaba por su lado. Para que decir si le saludaba, ya que si no lo hizo en los pasados diecisiete años, no había razón alguna para que eso cambiara de un momento a otro.
Debía admitir que en algún lugar de su alma, deseaba que el profesor le saludara, o por lo menos le devolviera una mirada, pero eso no había pasado desde que volvió a clases y parecía que no cambiaria tampoco.
Sintió que alguien abría la puerta y con un pase de su varita hizo desaparecer los restos del regalo calcinado que estaba en el suelo. No recordó como fue que lo quemó, pero ya estaba hecho. Vio que se trataba de Neville, el cual estaba parado en la puerta, viéndolo con una mirada que lo ponía bastante incomodo. Era como si quisiera decirle algo, pero que no se atrevía.
—¿Necesitas algo, Neville?
El chico pareció saltar en su sitio y terminó por entrar completamente en la habitación, para luego serrar la puerta.
—Yo… necesito decirte algo.
Harry lo miró expectante, con tal de que no fuera una declaración de amor, lo que realmente dudaba, estaba dispuesto a ayudar a su amigo en lo que necesitara.
—Siéntate, Neville, soy todo oídos.
Ambos se sentaron en la cama del moreno y se mantuvieron en silencio un rato. Finalmente Neville suspiró y cerró los ojos, esperando que lo que fuera a decir no le costara el cuello.
—¿Recuerdas que te había dicho que estaba saliendo con una persona, pero que no se los diría por ahora?
—Si, y creo que también dijiste que era, por que no sabías si iba a funcionar o no.
—Así es, pero creo que es lo mejor que sepan quien es, para que no se lleven una sorpresa muy grande para el baile de San Valentín.
—Pues bien.
Francamente, a veces Neville era el rey del melodrama ¿Qué de malo podría haber en su pareja, como para que no la soltara de una vez?
—Estoy saliendo con Theodore Nott, un Slytherin de nuestra edad.
Bien, eso no se lo esperó ni en sus más locos sueños ¡¿Neville con una sapiente?! Por Merlín, si Neville era lo mas parecido a un blanco de las burlas y bromas por parte de los Sly. Claro que había que admitir que el chico, había tenido significativos cambios de un tiempo a esta parte. Se había puesto más despierto, más seguros, en fin, había cambiado y al parecer su noviazgo con la serpiente lo estaba logrando.
—Wow Neville, no se que decirte. Me sorprende, pero si a ti te hace feliz, estoy muy contento por ti.
—Gracias, Harry —le dijo abrazándolo —ahora hay algo que me gustaría preguntarte.
—Dime, en que te puedo ser útil.
—Bien, resulta que no se que podría regalarle y como hemos visto que te han llegado una gran cantidad de regalos adelantados… me gustaría que me ayudaras a encontrar algo bueno.
Harry lo miró fijamente ¿Cómo le decía que no quería ayudarlo por que era precisamente de lo que se estaba escapando? Pero la cara de suplica que tenía Neville, no le daba muchas opciones.
—Esta bien Neville —le dijo con aire resignado —en la noche nos pondremos de acuerdo para ver que le puedes regalar.
—¡Gracias Harry!
Luego de pasar por esa situación… rara. Se quedó contemplando por la ventana. Había un día bonito. No hacía ni frió, ni calor, pero el aire era agradable. Revisó su horario y vio que aun le quedaban dos horas de transformaciones y dos de Herbología, por lo que mejor se preparó. Quizás si tenía ánimos luego de clases, podría ir a pasear un rato.
Bajó de la torre de Gryffindor y a sólo unos pasillos de la sala de trasformaciones chocó con alguien. No fue un gran golpe, pero si se pudo dar cuenta de que no era un alumno. Los alumnos no eran mucho más altos que él. Levantó la vista y se quedó como piedra al darse cuenta de que era con el profesor Snape, con quien se había chocado.
—Lo lamento mucho, profesor.
Esperó, pero nada escuchó de vuelta, ni siquiera un insulto por parte del hombre. Este sólo lo miró y luego se volteo para seguir por el otro pasillo. No supo por que, pero de repente le dieron unas terribles ganas de llorar. Sentía la respiración agitada y un vació muy grande en el estomago. No supo por que lo hizo, pero salió corriendo en dirección al baño y se encerró en uno de los cubículos. Dejó sus materiales en el suelo y se sentó en la tasa abrazando sus piernas y enterrando su cabeza en ellas. Trató de regular su respiración, pero de poco sirvió, cuando sintió que una lágrima caía por su mejilla.
Se levanto rápidamente y salió para mirarse en el espejo ¿Por qué demonios estaba llorando? ¿Por Snape, que ni siquiera le dirige una mirada? ¿Por rabia? No sabía por que, pero se limpió la cara con fuerza, se hecho un poco de agua para enjuagar las lagrimas y tomó sus cosas para salir del baño.
Él no tenía por que reaccionar así. Mucho menos por una persona, que al parecer, olvido que existía.

Las clases pasaron sin novedad. Sólo el mismo melodrama de los alumnos queriendo llamar su atención y él tratando de escudarse en sus amigos, los cuales poco o nada le ayudaban, ya que estaban tan contagiados por las fechas, que prácticamente parecían volar cuando se miraban. Harry se preguntó si realmente Hermione o Ron no habían recibido ningún ataque peligroso en la batalla, por que su actitud era ya demasiado escalofriante. Prácticamente no podían vivir sin estar cerca del otro.
Llegó la hora de la cena, pero prefirió saltársela. No quería ver a Snape y recordar lo estúpido que reaccionó por el desplante que le hizo el hombre. Por lo que se fue rápidamente por uno de los pasillos y se quedó mirando por una de las ventanas que daban al bosque prohibido. No quería pensar, sólo quedarse ahí un rato.

En las mazmorras, el profesor Snape se daba vuelta de un lado para el otro. Tenía rabia, quería gritar, pero el nunca perdería la calma de esa manera.
Escuchó como llamaban a su puerta y con un pase de varita la abrió, dejando pasar a su ahijado. El muchacho le devolvió una mirada incrédula, pero era lógico que algo así pasara.
—Severus —lo llamó el adolescente —¿Puedes decirme por qué tu despacho esta hecho un desastre?
Se sentó en uno de los sillones que aun quedaban intactos y vio como el mayor hacía lo mismo con otro.
—No apareció
Fue lo único que dijo y luego se quedó mirando el fuego de la chimenea, que más bien era un mero adorno, ya que la temperatura era bastante agradable.
Draco lo miró y sólo negó con la cabeza. Se puso de pie y se acercó para arrodillarse delante de él y apoyar su cabeza en su regazo.
—¿Te dijo algo? Por que estaba bastante desconcentrado en clases.
—No, solo se disculpó cuando nos encontramos en un pasillo.
—Quizás no pudo ir.
—O quizás sólo lo hizo a propósito —suspiro y se acomodo mejor en el sillón —Creo que ya me aburrí, Draco, he tratado de todo…

Harry caminaba por uno de los pasillos del castillo. Recordó que había quedado de acuerdo con Neville para ayudarle con su regalo para Nott, pero el chico no llegó y ahora lo buscaba por el colegio. Le servia para distraerse.
Pensó por donde podría buscarlo y ya había recorrido los lugares mas lógicos para que estuviera Neville. El invernadero, la biblioteca, el gran comedor… etc. Pero aun no podía dar con él. Hasta que finalmente se le ocurrió una parte. Aunque era arriesgarse en vano. Si era novio de una serpiente, lo mas lógico es que estuviera en el territorio de las serpientes.
Bajó a las mazmorras, con cuidado de no encontrarse con nadie. No era que tuviera miedo, pero prefería que no se hablara de él por estar merodeando por esos lugares.
Caminó derecho. Recordó que por esos lugares estaba en despacho del profesor Snape. De un momento a otro, le dieron ganas de ir a reclamarle el que pasara de él de manera tan evidente, pero luego se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se arrepintió rápidamente.
Para su desgracia ya había llegado a las puertas del despacho. Se quiso dar vuelta, pero escucho un murmullo. Se dio cuenta de que la puerta estaba entre abierta. La curiosidad fue más grande que él y se asomo un poco.
Vio que Malfoy estaba de rodillas frente al profesor con su cabeza en su regazo y a este acariciando los cabellos dorados del príncipe de hielo.
Sintió como su algo se partiera en su interior, pero no supo como interpretarlo. Se quiso ir, pero escuchó que hablaban y sin importarle lo que dijeran los demás, se quedo a escuchar.
—Quizás no pudo ir.
—O quizás sólo lo hizo a propósito —suspiró y se acomodó mejor en el sillón —Creo que ya me aburrí, Draco, he tratado de todo. Le he mandado un sin fin de notas y flores. Flores te das cuenta. Yo no soy de las personas que hacen eso.
—Pero estas enamorado —le dijo el rubio divertido —vamos, Severus, que estoy seguro que si lo vieras ahora volverías a tratarlo.
—No se, Draco. Le envié de todo. Claveles rojos, Flores de Lis, Clemátide, Lilas, Tulipanes, Rosas. Además de un poema cursi con cada uno de ellos, donde le explicaba lo que significaba cada flor y lo que quería expresarle.
—Bueno, padrino —dijo más divertido que antes —he de admitir que te sobrepasaste esta vez… Potter no es tan inteligente como apreciar la delicadeza del lenguaje de las flores.
—No se, Draco, pero creo que simplemente me rendiré.
Harry escuchaba todo sin poder creerlo. “Era Snape quien le mandaba las flores” nunca las guardo y las notas las destruyó sin leerlas.
Corrió en dirección a su habitación y se encerró entre los doseles de su cama.
Cerró los ojos fuertemente y empezó a recordar la primera vez que le mandaron flores. Fueron unas rosas amarillas, pero venían con un hechizo que afectó a Dean, ya que le gustaron y las olisqueo. Desde ese momento empezó a destruir cada flor que llegó a sus manos.
—¡Oh Merlín, las demás eran de él! —Se dejó caer de espalda —ahora entiendo. Me desprecia por que cree que yo lo desprecie al no decirle nada por los regalos.
Se sentó rápidamente y salió de la habitación en dirección a la biblioteca. Ahí se encontraba Hermione, justamente quien necesitaba en esos momentos.
—Hermione, necesito tu gira tiempo.
La chica lo miró alzando una ceja y se cruzó de brazos. A su lado Ron lo miraba sin entender una sola palabra.
—¿Qué es lo que pretendes Harry?
—Nada malo, te lo juro, pero esta vez necesito que me ayudes sin preguntar nada.
Hermione lo miró por un rato y luego le tendió el objeto que le pidió. Harry lo tomó y salio corriendo de la biblioteca.
—¿Por qué se lo pasaste, amor?
—¿No lo miraste, Ron? —Le dijo con una sonrisa —Harry estaba emocionado, estaba ansioso y hasta creo que feliz —miró por la puerta que salió su amigo —si puedo ayudarlo para que esa expresión la tenga por mas tiempo, mejor.

Harry corrió a su habitación y se volvió a encerrar en ella. Sabía que no podría viajar muy atrás en el tiempo, por lo cual decidió solo retroceder por unas horas. Desde que recibió el regalo a la hora del desayuno. Habían sido Rosas rojas y estaba seguro que se las había enviado Snape.
Sintió una sensación extraña, pero luego con valor salió de entre los doseles y se quedó escondido bajo una de lascadas de sus compañeros. Estaba seguro que sólo llegaría en unos minutos más.
Escuchó como la puerta se abría y se vio a si mismo entrar por ella. Vio las flores que traía en las manos y como le apuntaba con la varita. No supo muy bien por que lo hizo, pero terminó maldiciéndose a si mismo con un imperio y se mandó a dormir. Ahora recordaba que le había dado mucho sueño de repente y se quedó dormido sin destruir el regalo.
Salió de debajo de la cama y se acercó a las  flores. Era un hermoso ramo de rosas rojas y traía una tarjetita. Abrió la tarjeta con mucho cuidado. Se sentía emocionado y más  lo estuvo al reconocer la pulcra letra de Severus Snape en ella. La leyó con atención:

“Con el alba se despiertan mis sentidos
Y solo verte significa para mí un suspiro
Por que la eternidad no es nada a tu lado
Y si por mí fuera a tu corazón pondría un candado
Que el cielo se abra para demostrarte mi amor
En un capullo de rosa roja que te muestre mi pación,
Pación prohibida, negada y cuestionada
Pero con tal de tener tu amor, esperare en la ventana”
S. T. S. P.

Harry volvió a mirar la rosa que descansaba entre sus manos. Quería saber que significaba. Recordó que Malfoy le había dicho que él no era lo suficientemente inteligente como para reconocer el lenguaje de las flores. Y al parecer tenía toda la razón.
Sintió como alguien subía los peldaños que daban a habitación y recordó que Neville había subido a hablar con él ¡Claro, Neville debía saber el significado de las flores!
Quitó el hechizo que tenía sobre su yo del pasado y quemó el regalo. No entendió por que lo hizo, pero si recordaba que estaba calcinado cuando lo encontró. Se escondió bajo una cama y espero a que su conversación con Neville terminara y que su yo del pasado saliera de la habitación.
Estaba realmente confundido. Quería saber que decían los otros mensajes y un vació se prendó a su corazón.
¿Cómo no lo vio antes? Todas veces que Severus lo había salvado. Las de tantas veces que lo había ayudado desde las sombras. Cuando lo salvó en la guarida de Voldemort. Toda y cada una de las veces que trató de enseñarle Oclumancia, pero que al final no dieron resultado. Se sintió terrible. Por supuesto que el hombre debería de estar dolido, si cada vez que le enviaba un regalo él lo quemaba junto a los demás, sin  atreverse a ver que es lo que traía. Sin ser consiente había lastimado el corazón de Severus.
Estaba decidido. Le preguntaría a Neville el significado de las flores. Y luego vería que es lo que haría con esa información.
Salió con cuidado de que nadie lo viera y se escondió en el lago el tiempo que restaba de clases. Sintió el impulso de ir a la sala de pociones, pero se contuvo.
Cuando calculó que ya debería de haber llegado la hora de la cena, que fue la hora en que se quedó en uno de los pasillos para esperar la hora que se encontrara con Neville, que ahora que recuerde, no encontró, por lo que lo mas probable es que Neville ya se hubiese encontrado con él en ese momento.
Se dirigió al castillo y espero a la salida del comedor hasta que el chico salio.
—Neville, necesito tu ayuda.
El chico lo miró y asintió. Se dirigieron al dormitorio y vieron que no había nadie.
—¿Qué es lo que necesitas?
—¿Tú sabes el significado de las flores?
Neville enarcó una ceja y no entendió muy bien a lo que iba la pregunta.
—Si, de hecho, he leído bastante sobre ello.
—¿Me podrías decir el significado de algunas?
—Claro. Dime cales son.
—Eh… dame un segundo —trató de recordar el orden en que lo había dicho Severus —Claveles rojos.
—Mmm… los claveles rojos se suponen que dan a entender enamoramiento, un sentimiento fuerte. Esperanza de un amor, como si con ello estuviera pidiendo una oportunidad a la persona amada.
—Oh, bien —estaba completamente rojo, pero quería saber lo que significaban las demás —otra… Flores de Lis.
—La flor de Lis es esperanza, belleza, fuego… todo aquello que sea fuerte y que conlleve un deseo irrefrenable.
—Mmm… espera un segundo, no recuerdo la otra… era muy rara, Matilde… no esa no… clementina… no, ¡Rayos no recuerdo!
—¿No será Clemátide?
—¡Si esa…rayos Nev, eres el mejor!
—Jeje… claro. Bien las Clemátide demuestran la belleza del alma, la pureza en su máxima expresión… ¿A que viene todo esto?
—Espera, ya te explicó, solo faltan unas pocas —le pidió antes de seguir —Lilas.
—Las lilas, tienen varios significados… pueden mostrar la juventud o niñez, normalmente se les regala a los jóvenes. Otra puede ser el significado de un primer amor o inocencia.
—Tulipanes.
—¿Qué color?
—¿Eh? —No recordaba que color era los tulipanes ¡No recordaba cual era el tulipán! —no lo recuerdo Nev. Por que no recuerdo cual es el tulipán.
—Oh, en ese caso —miró para su propio escritorio  fue a buscar un libro. Empezó a hojearlo y encontró una fotografía que le mostró a Harry —estos son los tulipanes.
—Ah… OK, dame un segundo… eran de color… mmm… a si rojos, eran tulipanes rojos.
—Que hermosos… bien los tulipanes significan romance, pasión lujuria, todo aquello que valla de la mano con el amor y sus derivados.
—Gracias Nev… ahora solo falta uno Rosas, rosas rojas.
—Esas son las más comunes para regalar a los enamorados, por que representan el amor. Ninguna otra flor puede ser comparada con ellas, por lo que ninguna otra puede representar un sentimiento tan potente como el amor.
Harry se quedó pensando y ahora se sentía más miserable que antes. Se puso de pie y se dirigió a la salida, pero antes de salir se volteo.
—¿Recuerdas que me pedirte ayuda con el regalo para Nott? Pues pienso de verdad, que en este momento lo mejor son las flores. Usa tu sabiduría en ellas y prepárale un hermoso arreglo que refleje todo lo que sientes.
Neville le sonrió y asintió.
Salió de la habitación y empezó a caminar. Ahora si tenía miedo. Sabía que lo que sentía en su corazón era cada vez más fuerte y le dolía el pensar que Severus se rindiera así. Por un error suyo, pero que al fin y al cabo lo trató de hacer por mejor.
Sin darse cuenta llegó a la puerta del despacho del temido profesor de pociones y la miró por largo rato. Ahora estaba completamente cerrada seguramente Malfoy ya se había largado ¿O estará aun adentro? ¿Y si lo esta consolando? ¿Y si prefirió tratar con Malfoy? La angustia se empezó a apoderar de su corazón. No quería, no podía permitir que Malfoy le arrebatara algo que en un  principio fue para él.
Tuvo el amago de golpear la puerta, pero de repente su vista se volvió nubosa y sintió como algo húmedo ajaba por su rostro. Estaba llorando. Lloraba y no entendía por que o por lo menos no quería entender.
La puerta se abrió y por ella apareció el residente del lugar.
Cuando Severus miró que era el sonido fuera de su puerta, nunca en su vida se imaginó encontrarse a Harry con los ojos anegados en lágrimas. Quiso estirar su mano para atraerlo a su cuerpo y preguntarle que era lo que lo tenía así, pero pensó que lo mejor sería no hacerlo, no por lo menos hasta que Harry dijera algo. Pero solo lo vio cubrirse el rostro con las manos y dejar que mas lagrimas cayeran.
—Lo siento, Lo siento, Lo siento.
Le repitió cubriendo su rostro. Severus por su parte no entendía que era lo que le pasaba y por que estaba actuando así.
—Señor Potter, no entiendo que es lo que le pasa.
—No me diga así, por favor —le dijo quitando sus manos de su rostro y mirándolo a los ojos —lamento no haber contestado nada, lamento no haber leído nada.
—No entiendo a lo que se refiere.
—¡A todo! —Gritó con rabia, pero rabia por si mismo —No leí las cartas, no le tomé importancia a las flores, no tomé en cuenta ningún regalo…
—Ah… eso —se dio vuelta y se entró, pero no cerró la puerta.
—¡Por favor mírame! —Gritó al ver que se alejaba de él —necesito que me escuches.
—¿Y que escuche qué? —Se dio vuelta, pero esta vez se podía notar la rabia —¿Qué no te interesa todo lo que hice, lo que escribí o lo que mande?
—¡No! —En un arranque Harry se acercó a él y lo abrasó —por favor sólo déjame explicar.
—Retírese, por favor —muy a su dolor, esto lo estaba ablandando y no se lo podía permitir.
—Las primeras flores que recibí, fueron unas rosas amarillas, pero venían hechizadas al igual que muchos otros regalos.
—No entiendo a que va…
—¡Por favor déjame terminar! —Le dijo mirándolo hacia arriba, pero sin soltarlo en ningún momento —todos los regalos que fui recibiendo venían hechizados, por lo que al final terminé destruyendo todos los que llegaban a mis manos… incluso los tuyos… no leí las cartas, no tomé en cuenta las flores ni los poemas…
—¿Entonces como sabes…? —Vio como Harry sacaba de su bolsillo un gira tiempo.
—Sólo así, pude saber lo que decía la tarjeta de esta mañana —lo miró a los ojos y estos volvieron a humedecerse —pero no se que decían las demás, no se que me dijiste… y yo quiero saberlo.
—Entonces yo te diré —le dijo inclinándose un poco hasta alcanzar su oído —sólo te diría si lo quieres oír.
—Y es lo que quiero —sus rostros sólo estaban a unos centímetros —quiero saber lo que sientes por mí… de ti si lo quiero saber.
Severus descendió y lo besó pausadamente, sintiendo por primera vez sus labios, recorriendo por primera vez su boca. Acariciando por primera vez su cuerpo.
Severus cerró la puerta entes de sellarla. No dejaría salir a Harry, hasta que fuera completamente suyo.
Entraron a la habitación del hombre y desataron sus paciones. Todas aquellas reprimidas por las circunstancias. La guerra y los problemas del término de clases.
Severus recorrió con besos todo el cuerpo de Harry, sin dejar ni un solo espacio libre. Ni una sola parte que quedara fuera de su tacto.  Harry gemía y lo atraía para comenzar un nuevo beso. Nunca dejaron de hablarse de amor. Fueron esas palabras las que calmaron a Harry cuando Severus entro por completo en su cuerpo y luego empezó a hacerle el amor, como solo él podría habérselo hecho.
Ahora yacían juntos en la cama, besándose esporádicamente y acariciando el cuerpo del otro. Ahora si podrían dormir en paz.

Finalmente había llegado el fatídico 14 de febrero. Si alguna vez se le llegó a pasar por la cabeza que sin Dumbledore las fiestas serían menos estrafalarias, pues se equivocó. Minerva McGonagall se había acostumbrado a todo lo que había hecho el director a lo largo de los años, por lo que ahora había organizado un baile para san Valentín con todo y angelitos vestidos con pañales revoloteando por los pasillos, y mandando mensajitos entre los enamorados.
Harry iba con sus amigos por uno de ellos. No le había dicho a nadie sobre su relación con Severus y estaba seguro de que su amado no quería que el mundo entero supiera sobre su romance.
—Amigo, quita esa cara por favor.
—¿He? —Miró a sus amigos que tenían sendas sonrisas —No se a que te refieres Ron.
—Pues por la cara de baboso enamorado que tienes.
Iba a seguir hablando, pero un angelito llegó junto a ellos y le entregó un papelito a Harry y uno a Hermione. Los dos abrieron sus papelitos y dejaron que los cupidos volaran lejos.
—¡Oh Ron… gracias!
Hermione besó a su novio que le había enviado un hermoso poema.
—¿Quién te lo manda? —Preguntó Hermione a Harry, al ver que el moreno se ponía completamente rojo y miraba el papel con los ojos muy abiertos.
—He… yo… nos vemos.
Salió corriendo en dirección a la mazmorra. Quería ver a Severus en ese mismo instante.
Llegó a la puerta y no fue necesario que golpeara, ya que esta se abrió y él entró rápidamente para lanzarse contra el hombre y compartir un besó furioso.
—Te amo, te amo, te amo.
Le repetía al tiempo en que dejaba besos por todo su rostro.
—Yo también te amo Harry, pero ahora quiero una respuesta.
—No necesitabas preguntar… por supuesto que si.
El hombre lo acercó más a él y lo besó nuevamente, mientras deslizaba un anillo por el dedo anular de Harry.
En el suelo de la entrada quedó botado el papel que cuido le entrego, donde solo una frase se podía leer… “¿Te casas conmigo?”
No había necesidad de decir más. Este era el primer San Valentín que Harry iba a disfrutar. El primero de todos los que vinieran estando casados con Severus.

Fin

Cuando el DT mete el gol




Personajes: Harry Potter – Severus Snape

Advertencia: AU / M-preg

Genero: Romance, Humor.

Clasificación: Todo publico

Explicación: DT = Director Técnico

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son de J. K. Rowling

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Bien, todo el plantel de Gryffindor se encontraba reunido en las oficinas del directorio, en donde se realizan las más importantes reuniones de su equipo.
La ocasión lo ameritaba.
El DT de Slytherin había sido tajante y había obligado a los altos mandos del equipo de los leones, que retiraran del equipo titular a su mejor jugador. El cual, en estos momentos era la estrella mejor pagada de todos los planteles y para mayor orgullo, el  goleador del año.
—No podemos hacer nada —dijo con resignación Sirius Black, DT de Gryffindor y padrino del dichoso jugador que debían destituir.
—Para mi que esta es otra de las  tretas de Slytherin, para tratar de ganar el campeonato este año —eran las acusaciones furiosas por parte del Remus Lupin, preparador físico de los leones.
—Pero presentó las pruebas que demuestran sus argumentos, además también tiene derecho ¿No? —Dijo un tanto dudoso  el Jefe administrativo del cuerpo deportivo, Albus Dumbledore —apropósito ¿Los felicitaron? —Preguntó divertido.
—¡No nos molestes, Albus! —Gritó Sirius indignado —ya suficiente tengo con que Harry se metiera con alguien de Slytherin, como para que ahora pase esto —se dejó caer en la silla, molesto por lo que el  viejo había dicho.
—Yo creo que todo esto lo hizo por el campeonato que se acerca, para poder mantenerlo lejos de las canchas —dijo Remus, más que molesto por todo lo que estaba pasando.
—No creo que Severus sea capaz —dijo el anciano, haciendo que los otros dos alzaran la ceja, dudando de la salud mental de su jefe.

En una casa hermosa, con un jardín radiante, con toda la alegría que el mundo podía existir. Un  jarrón se estrelló contra la pared.
—¡Lo hiciste apropósito! —Le gritó un furioso Harry.
—Por supuesto que no. Yo no sería capas de hacer eso —le respondió su pareja, mientras leía el diario, de lo más contento.
El artículo era hilarante para quien lo leyera, pero no para él.
El anuncio decía algo por el estilo:

¿Harry Potter destituido?

A nuestras oficinas a llegado un comunicado de prensa por parte del plantel deportivo de Gryffindor, equipo de fútbol que va a la cabeza del campeonato de fin de año. En el cual nos rebelaban que con terrible pesar, debían comunicar a todos sus hinchas, que su jugador estrella, Harry Potter, el cual lidera las listas por goleador indiscutible, tendrá que hacer abandono de su puesto titular en el equipo, por motivos personales.

Pero no estamos seguros de que es lo que quieren decir con problemas personales ¿Tendrá esto que ver con su pareja Severus Snape? El cual es el DT del equipo rival de Gryffindor, Slytherin.

Las malas lenguas nos relatan que el hombre habría obligado a su pareja a dejar el equipo a pocas semanas de la final del torneo, en donde ambos equipos debían enfrentarse, por lo que al león estrella, no le quedo mas que obedecer a su amante ¿Qué de verdad, habrá en esas aseveraciones?

Severus trató de aguantar la risa que quería salir de su boca, mientras Harry seguía rompiendo todo a su paso.
El hombre sabía que a su pareja se le pasaría. Total sólo eran los achaques causados por los cambios hormonales, normales para su estado.
Sólo hace dos días, habían recibido la grandiosa noticia que iban a ser padres, gracias a su joven amante, el cual tenía dos meses y medio de gestación.
De más esta decir, que el mayor corrió al plantel de Gryffindor, exigiendo que destituyeran a su pareja, por que no se arriesgaría a que algo malo le pasara a él o al pequeño que llevaba en sus entrañas.
Claro, el no lo había planeado, pero la final del campeonato estaba a la vuelta de la esquina y quería que su equipo ganara ¿Era tan malo utilizar el embarazo de su pareja, como ventaja para su equipo?
No, definitivamente estaba en todo su derecho como padre de la criatura que venia en camino.
Además esas cosas pasan, más que nada, cuando al DT, le da por tratar de meter goles.
—¡Claro que lo tenias todo planeado! —Seguía despotricando Harry.
Severus sólo se relajaba en su asiento favorito, mientras seguía leyendo el artículo del diario.
Alguna vez le dijeron que era una serpiente, pero él era una serpiente con una familia y una victoria a la vuelta de la esquina.


Fin