19 abril, 2011

Mi verdadero regalo


Parejas: Sasuke/Naruto

Advertencias: Personajes OoC

Genero: AU – Romance

Disclaimers: Los personajes de este fic, no me pertenecen, son propiedad exclusiva de su creador quienes tienen sus licencias, yo solo los ocupo por mera diversión.
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Naruto ya había vivido de todo, pero lo que nuca pensó vivir y creer que sobreviviría a ello, sería el hecho de que no fuera el Hokage y que el hecho le importara menos que nada.

Cuando se enfrentó a cientos de ninjas y casi destruyen la aldea, se prometió a si mismo que no descansaría hasta aliviar el dolor de la gente que habitaba su querida Konoha.

Fue una decisión que nunca creyó que le importaría demasiado, pero cuando el hospital de la aldea se vio repleto,  se dijo que quería ayudar a su aldea y que no podría hacerlo abiertamente si estaba en la oficina del Hokage recibiendo reportes y decidiendo lo que él creyera mejor para la aldea, por lo que le pidió a Tsunade que lo ayudara. Que le enseñara, que lo convirtiera en un medic nin.

Desde el día en que se empezó a entrenar, supo que lo que había hecho estaba bien, que nada le quitaría la alegría de seguir adelante. Fue ese día en que él volvió.

Cuando Sasuke entró por las puertas de la aldea, traían gran bulto en sus espaldas. La gente lo había seguido hasta la plaza central y terminó de soltar el gran bulto. Buscó entre la gente y vio a Naruto en el tumulto de aldeanos. Caminó hacía él y la gente se corría para darle paso. Cuando llegó a su lado, no preguntó nada, no dijo nada, ni siquiera se fijó en quienes estaban a su alrededor. Lo acercó por la cintura y le planto un beso de mitología, dejando a la mitad de la aldea en el suelo y la otra mitad (aquellos que aun estaban en estado de shock) con las mandíbulas abiertas, viendo como Naruto lentamente pasaba los brazos por el cuello del vengador y respondía al beso.

Cuando hubo terminado (más bien por que Naruto necesitaba volver a respirar) lo tomó de la mano y lo llevó a donde había dejado el bulto, destapándolo frente a sus ojos.

Algunos aldeanos se dieron vuelta y los niños fueron rápidamente alejados del lugar.

A los pies de Naruto había 11 cabezas. Impresionado, se dio cuenta de que eran las cabezas de los miembros de Akatsuki (con la de Itachi incluido) y la cabeza de Orochimaru.

Con esa ofrenda a la aldea, Sasuke volvió en gloria y majestad, siendo nombrado como Hokage y pidiendo a Naruto como su esposo.

El rubio no se opuso

¿Por que lo haría?

Se casaron un día de verano y la totalidad de la gente de la aldea fue participe de su unión.

De eso había pasado un año y ahora Naruto era el director del hospital de Konoha.

—Naruto-san —le llamó alguien desde la puerta —traen a una niña desde la nación del viento.

—¿Desde el viento? —Preguntó a la enfermera —¿Por qué la mandaron aquí, si ellos también tienen hospital?

—Al parecer no tienen los recursos para ayudarla.

Naruto entró en la habitación y casi se le contrae el corazón.

Una hermosa niña de unos cinco años, con el cabello castaño y la piel clara, estaba tendida sobre la camilla.

Miró el expediente de la niña y sus ojos se dilataron.

—Es huérfana —dijo mirándola de nuevo —Eiko —Pronuncio su nombre, como esperando a que la niña reaccionara.

La chiquilla lo dejó completamente cautivado. Como si nada a su alrededor realmente importara y sólo existiera esa criatura, en todo su universo.

—No sabemos nada de ella, aparte de lo que dice el informe —dijo una de las enfermeras, pero se cortó antes de terminar, cosa que captó enseguida el rubio.

—¿Qué es lo que piensas, Umiko-san?

—Que hay algo que no nos dijeron en la otra aldea.

—Algo respecto a su salud ¿Eso quieres decir, verdad?

—Si… no se que será, pero creo que nos dejaron a la niña, por que no podían con ella.

Naruto se quedó viendo a la criatura. Desde esa distancia no veía nada superficial, pero conocía a Umiko-san desde hace tiempo… esa mujer no cometía errores y la mayoría de las veces acertaba en sus palabras.

Se acercó con cuidado, para no intervenir en el trabajo de los internistas que trataban de estabilizar a la niña. Tomó una linterna y acercó sus manos a la cara de la pequeña, para ver como estaba el funcionamiento de su cerebro. Abrió su ojito derecho y sintió como la linterna caía de sus manos.

—Umiko-san.

La enfermera llegó a su lado y miró a donde apuntaba el medico.

—¡¿Que demonios?!

—Quiero que preparen inmediatamente la sala de revisión oculista.

—Podrá salvarlo —le preguntó con angustia.

—No hay nada que pueda hacer por sus ojos —dijo al ver las cuencas casi desprendidas de los ojos de la niña —pero no permitiré que se infecte o algo por el estilo.

Pasaron tres días en los que Naruto no se separó de la niña. La habían revisado mas de tres oculistas y ninguno fue capas de darle un diagnostico positivo. Era obvio que a la niña la habían maltratado y que casi le arrancaron los ojos, pero aun no sabía si era por obra de un golpe fuerte o por tortura, cosa que le revolvía las entrañas a los médicos que cuidaban a la infanta.

—Naruto.

El rubio se giró al reconocer la voz de su esposo. Casi no lo había visto en esos días, por estar al pendiente de las cosas del hospital y la niña del viento, que aun no reaccionaba.

Se levantó y se acercó a su esposo para recibir un beso revitalizarte.

>>¿Cómo estas, bonito?

—Dormido, cansado, frustrado —le dijo apoyando la cabeza en el pecho fuerte del Uchiha —hastiado de esos idiotas que no pudieron atender a Eiko.

—No puedes arreglar todos los problemas del mundo, Naruto.

—Baka —le dijo golpeando su pecho de forma graciosa, recordando la vez que él mismo ocupo esas palabras con su esposo.


Sasuke había asumido hace poco el puesto de Hokage y  además de los problemas habituales, se le sumaba el hecho de que también debían organizar su propio matrimonio.

Naruto apenas y tenía tiempo entre la organización, el hospital y Sasuke, por lo que cuando llegaba el momento de que estuvieran juntos, simplemente se ponían a dormir juntos o compartir unas cuantas caricias, tal y como hacían ahora.

Naruto se había trasladado a la casa de Sasuke, luego de que la mansión Uchiha hubiera sido reconstruida y acondicionada para ser habitada por el líder de la aldea.

Ahora estaban en el sillón. Mientras Sasuke estaba sentado a lo largo, Naruto se encontraba acostado sobre él cuerpo tendido de su prometido, sintiendo como las manos del moreno se enredaban en su cabello.

—¿Resolviste el problema con los ninjas erradicados de la niebla?

Sasuke dejó salir el aire de sus pulmones. Ese tema le había tenido despierto por días.

Unos ninjas de otra aldea, estaban pidiendo asilo en Konoha, pero aun estaban investigando que tan inocentes eran esas personas.

—No —le dijo distrito —los del consejo quieren que decida rápido, pero se me hace imposible hacerlo sin tener las pruebas necesarias.

—Ya veo.

—Además los aldeanos no están viviendo bien. la academia esta casi en ruinas luego de las peleas y no es bueno que lo niños estén en un lugar tan poco seguro —comenzó a enumerar los problemas que tenía —Una de las ramas de los ANBU están demasiado sublevados y no me quiero arriesgar a que ataquen la aldea de un momento al otro. Tengo que descubrir quien esta detrás de todo esto.

—No puedes  arreglar todos los problemas del mundo, Sasuke.

—Pero debo hacerlo.

—No debes —le dijo levantado la cabeza —eres nuestro líder. Tú nos tienes que guiar, no dejar que nosotros guiemos tu vida.

—No se trata de eso.

—Si lo es. Dime, Sasuke, ¿Cuándo fue la última vez que estuviste tranquilo en tu oficina, sin hacer nada?

—Nunca…

 —¡Ves!

Sasuke negó con la cabeza, mientras ponía una de sus manos en el cuello de Naruto, para acercar su cara y besarlo furiosamente. Le gustaba atacarlo de esta manera, por que Naruto no sabia besar bien, por lo menos, no tan bien como debería con la belleza que se gastaba y como tenía tras suyo a media aldea. Cosa que obviamente no notaba y que para satisfacción de Sasuke, así mismo se quedaría. Además de que cuando le besaba de improviso, Naruto parecía completamente sumiso en sus brazos, cosa que no pasaba cuando se acercaban ambos.

Las manos de Sasuke se movían en la espalda de su prometido y bajaban tentativas buscando una nueva zona que explorar.

—Si —le beso el cuello, bebiendo de su calor —delicioso.

—Sa… Sasuke.

Naruto gemía ante el contacto y los nervios. Nunca había sentido a Sasuke tan ansioso de acercarse más de lo que lo habían hecho y al parecer, las frustraciones de esta semana las estaba volcando a engullirlo por completo.

—Déjame devorarte, Naruto —le decía bajando el sierre del polerón de Naruto y metiendo una de sus manos entre la piel y la polera —quiero recorrer tu cuerpo, saber que eres mío.

Naruto se había reducido a una maza jadeante, que sólo respondía dejándose hacer.

Sasuke, viendo que no tendría oposición por parte de su pareja, cambio de posiciones y dejó a Naruto bajo su cuerpo, besando sus labios con pasión, mientras que seguía desnudándolo y acariciándolo.

Naruto no se dio cuenta cuando ya no tenia nada encima, mas que el cuerpo desnudo de Sasuke, que se refregaba ansioso contra su anatomía. Con un poco de pudor bajo la mirada y vio deleitado como su miembro y el de Sasuke se rozaban y la luego elevó la mirada para encontrarse con la vista ansiosa de su novio. Lo atrajo para compartir un beso caliente, arrasador, lleno de todo lo que sentían en ese momento. Tratando de olvidarse de ese intruso dedo que se habría camino en su ano y como poco a poco un nuevo intruso le hacia compañía, abriéndolo, dilatándolo, distendiendo su pequeño agujero para poder recibir el miembro grueso de su amante.

Sasuke se deleitaba viendo la cara roja de su amado. Contraída por la molestia que sentía con los tres dedos que ahora se movían en su interior y como poco a poco comenzaron a simular una serie de embestidas para poder acostumbrar el cuerpo de su apasionado novio.

De un momento al otro, Sasuke subió las piernas de Naruto hasta sus hombros y se inclinó para besarlo e introducirse lentamente en su agujero,

Era obvio que le dolería. Ambos eran vírgenes, por lo menos de su parte trasera, ya que Sasuke no podía decir lo mismo. Ya había estado con un chico antes. Un encuentro casual y bastante ilustrativo. Ahora se alegraba de haber estado con ese desconocido, por que sabía perfectamente que cosas “no” tenía que hacer con Naruto. Donde tocar en su interior para llevarlo al cielo y dejarlo caer en un éxtasis total. Igual a como lo hacían ahora, mientras llegaban al orgasmo y de descargaban en el cuerpo del otro.

Sasuke besaba en pecho de Naruto, mientras este comenzaba a recuperar la respiración lentamente.

—Eso fue…wow

—Ciertamente —le dijo besándolo —no puedo ser más feliz de lo que soy ahora.

—¿De verdad lo eres, Sasuke? ¿De verdad eres feliz a mi lado?

—Completamente.

—¿Aun si no te puedo dar ese descendiente que tanto querías?

—Aun así —lo besó en los labios y cambio nuevamente de posiciones, dejándolo sobre su cuerpo y tomando del suelo la capa del Hokage para cubrir sus cuerpos sudados y cansados —cuando me di cuenta de que te amaba, nada mas importó en mi vida. Fuiste, eres y serás lo mas bello y único que tengo.

Naruto sonrió y lo besó


Ahora en esa habitación de hospital, viendo a la pequeña Eiko en la camilla, se repetía que era feliz, que tenía a su esposo y que lo amaba más que a nada.

—¿Pensabas en aquella vez que me dijiste lo mismo?

—Si — le dijo haciéndolo sentarse en la silla que él mismo estaba

—¿En eso o en como te hice mío por primera vez?

Naruto no pudo evitar que los colores se le subieran al rostro.

—No en todo…

—Pero lo pensaste —le dijo sentándolo en si regazo —yo siempre lo recuerdo.

—Es un pervertido… Lord Hokage —le dijo besando sus labios.

—¿Cómo van los avances de la niña?

—Sigue igual —le dijo mirando hacia la camilla —no puedo saber que pasó con sus ojos. Si fue parte de la guerra o que. No se que le pasó.

—Naruto —le llamó tomándolo por la barbilla —eres su medico, recuérdalo.

—No se por que me lo dices. Tengo claro que es mi paciente —no podía evitar desviar la mirada hacia otro lado.

—Encontré unos papeles cobre la mesa que me encantara entender.

—¡¿Cuáles papeles?! —Se levantó de improviso y miró a Sasuke, esperando que no se enfadara con él.

—Los papeles de la adopción inmediata de Eiko… ¿Podría saber por que no fui informado sobre esto?

Sasuke se paró y se acercó a su esposo para abrazarlo. No le gustaba que le ocultara cosas como esas, pero su rostro cansado y las ojeras bajos sus hermosos ojos azules le decían que era importante para él.

—Lo siento, pero es que cuado supe que Eiko no podrá ver, que es huérfana y que no sabemos que pasara con ella cuando salga del hospital —lo miró a los ojos —me preocupa que pase con ella.

—Pero  no puedes pretender adoptar a cada niño que llega en estados deplorables a tusa manos.

—¡Pero ella es especial! —Se acercó más a su esposo, esperando poder mirarlo directamente a los ojos —déjame intentarlo, por favor. No haré nada que ella misma no quiera.

—¿Y yo, Naruto? —Le dijo apartándolo un poco y poniendo las manos sobre sus hombros —¿No vale el que no quiera tener otro hijo contigo que no sea nuestro? Por que si no lo recuerdas, el que tú la adoptes, significa que también será mi hija.

—Sasuke.

Vio como su esposo salía de la habitación. Realmente no había pensado en ello. Se había encerrado en su deseo de proteger a esa pequeña, y no había pensado en que quizás Sasuke no quería ser su otro padre.

Pasaron un par de días en los que Naruto no volvió a la casa, mas que nada para no molestar a Sasuke. Sabía que debía estar dolido, por eso mismo no quería incomodarlo.

Sasuke estaba en su oficina. Se sentía estúpido por la discusión que había tenido con Naruto. De hecho, cuando vio los papeles de adopción se alegro. Quería que Naruto disfrutara el ser padre y él también, pero cuando se lo preguntó, se comporto egoístamente.

Ahora tenía que ver como arreglaba sus problemas maritales, darle orden a la aldea, arreglar el asunto del cumpleaños de Naruto, que de hecho, era en un par de semanas más.

Naruto estaba en la habitación de Eiko. Ya había decidido que si Sasuke no quería tener un hijo en este momento, no lo forzaría a tenerlo. Lo amaba tal y como era, a su pequeña familia y su oportunidad de ser feliz, no lo echaría a perder por la obsesión que sentía por esa pequeña.

Sus pensamientos fueron gratamente interrumpidos por un quejido en la camilla.

Naruto se dio cuenta en las maquinas que rodeaban a Eiko y pudo notar como comenzaba a mostrar signos de estar reaccionando. Se paró rápidamente para llegar a su lado.

—Eiko, preciosa —le llamo, viendo como la pequeña giraba su cabeza a la dirección en que él estaba —como te sientes, cariño.

—¿Donde estoy?

Naruto sintió que sus fuerzas decaían y una calida sensación se apoderó de su corazón. La voz dulce de la pequeña le caló hondo, recordándole sus planes de adopción.

—Estas en el Hospital de Konoha, Eiko. Dime si te duele algo.

—La cabeza —dijo despacito —y el pie.

—¿Cómo sientes tus ojos? —Le preguntó, mientras preparaba una doces de calmantes para suministrarle a la pequeña.

—Como siempre… no… me duelen menos.

Naruto se acercó a la camilla y el la sonda que le trasmitía suero, le inyecto el calmante para el dolor de cabeza.

—Tengo que hacerte unas preguntas, preciosa —le dijo con cariño, mientras acomodaba a la niña para que quedara semi acostada. —¿Sabes tu nombre completo?

—Sólo Eiko, señor.

—Llámame Naruto, Eiko —le dijo para que la niña tomara un poco de confianza. —¿Que edad tienes?

—Tengo ocho años.

Naruto casi deja caer el expediente. ¡¿Ocho años?! ¿Quien demonios se había hecho cargo de la pequeña? Por que no aparentaba más de cinco años.

—¿Con quien vives, Eiko?

—Con la gente del orfanato, pero antes con una señora muy viejita que murió.

Naruto cada vez sentía que amaba más a esa pequeña. El haber tenido que vivir prácticamente solita, le recordaba mucho su propia existencia.

—¿Sabes cuando quedaste ciega, Eiko?

—Nunca he visto, Naruto —le dijo rápidamente —pero en la batalla pasada, una bomba explotó muy cerca mío y me dañó más mis ojitos.

Naruto sonrió. Por lo menos, no había sido torturada, como habían pensado con anterioridad. Sólo estuvo en el lugar equivocado y en el momento preciso.

Esa noche Naruto pudo volver a su hogar, con la conciencia tranquila de haber dejado a Eiko en buenas manos y conciente.

Tenía la necesidad de ver a su esposo, de abrazarlo, besarlo y decirle cuanto lo amaba y lo tonto que se había comportado, pero antes de poder llegar a la casa, la puerta se abrió, dando paso al Hokage, que simplemente estiró una mano para jalarlo adentro de la mansión y atacarlo a besos, sin apartarse de la puerta cerrada.

—Te echaba de menos, Sasuke —le dijo en medio de besos y caricias desesperadas.

—Yo también —se separó un poco y se dio cuenta de la mirada feliz que tenía el rubio —¿Pasó algo bueno, verdad?

—Si —le dijo abrazándolo y restregando su cara contra el pecho de su amante —Eiko despertó, sin problemas aparentes.

—Me alegro mucho, Naruto —le dijo con sinceridad, mientras lo guiaba al living de la casa y se sentaba con él en el sillón —tengo que hablar contigo, amor.

—Yo también…

—Lo siento, Naruto.

El rubio se quedó con la boca abierta, sin poder creer lo que había pasado. Nunca, en los años que conocía a Sasuke, había escuchado salir esas palabras de su boca.

—¿Quién eres y que hiciste con mi esposo? —Le dijo divertido, mientras se abrazaba con más fuerza a su pecho —Te amo tanto, Sasuke.

—Yo también.

Esa noche hicieron el amor en el living, luego en la pieza y nuevamente en el living antes de prepararse para dormir.

Pasó una semana más, en las que Naruto parecía más feliz que nunca.

Los avances con Eiko eran un aliciente para ir cada día a trabajar. Y su relación con Sasuke se había arreglado completamente.

Había llegado el día de su cumpleaños, y como se lo esperaba, fue atacado en cuanto puso un pie en el lobby del hospital. Los regalos le volaban y los abrazos y palabras de cariño, le llegaban de todas direcciones.

Le llevaron a una habitación y celebraron con él, con un pastel y un café, antes de empezar la jornada de trabajo.

Estaba feliz y eso lo demostraba cada vez que alguien le saludaba, con esa sonrisa tan característica suya. Pero esa misma sonrisa se borró cuando llegó a la habitación de Eiko.

La niña no estaba y la camilla estaba completamente tendida.

Se dirigió al área de pediatría, quizás la trasladaron allí y no le avisaban aun, pero no era así. Preguntó a quien pasaba junto a él, pero nadie sabía nada de la niña. Hasta que llago al despacho de Umiko.

—Umiko-san —le llamó al verla enfrascada en unos eximente —¿Qué pasó con Eiko?

La mujer lo miró de manera extraña, hasta que entendió a que se refería.

—Bien, pues el padre de la niña vino por ella hace un rato.

—¿El padre? —Preguntó más que extrañado —pero si Eiko es huérfana.

—Al parecer, Eiko ya se encontraba en trámite de adopción. Fue entregada y el hombre vino por ella esta mañana. Lamento que no haya podido despedir de ella. Se que se había encariñado mucho con ella.

—Si —dijo con obvio dolor —pero mientras la traten bien, yo voy a ser feliz.

—Me alegro que piense así, pero su cara n muestra lo mismo, y mucho menos su chacra —la mujer se acercó y puso una mano en su hombro —creo que sería bueno que se tomara el día. No nos iremos a ningún lado y le prometo que estaremos aquí mismo mañana.

Naruto sonrió ante la broma de la mujer y pensó que era lo mejor por el momento.

Volvió a la mansión, con menos ánimos de los que tenía cuando estaba con turnos dobles en el hospital.

Se había encariñado con Eiko y no pudo evitar el pensar en retomar los tramites de adopción, aun cuando no lo haya hablado con Sasuke, por lo que el que se hayan llevado a su niñita, le estaba afectando más de lo que se imaginaba.

Abrió la puerta y se dirigió a su habitación. Sasuke estaba trabajando y no volvería hasta la noche.

Quería acotarse y dejar de sufrir, pero cuando llegó a su habitación quedó completamente impresionado de lo que veía.

En la cama estaba Sasuke, sentado contra la cabecera, mientras sostenía un libro sobre sus manos y entre sus piernas, estaba una tranquila Eiko, que permanecía que sus facciones tranquilas, ante la voz del moreno.

Sasuke levantó la vista y vio a su esposo, parado como una estatua en el umbral de la puerta y sonrió llamándolo para que se uniera a ellos.

Naruto caminó como un zombi y se sentó junto a Sasuke.

—¿Qué… qué pasa aquí?

La voz de Naruto llamó la atención de la pequeña que giró rápidamente su rostro a donde estaba el rubio.

—Soy tu regalo de cumpleaños —dijo con una sonrisa —papá.

Naruto sintió como se derretía en ese mismo instante. Y sintió sus ojos aguarse.

—Ey… no es tiempo de que llores —le dijo Sasuke, atrayéndolo para que ocultara su rostro en su pecho —Feliz cumpleaños, mi amor.

—Pero cómo… no entiendo —le dijo entre sollozos y luego se giró para ver a Eiko —Oh, tesoro —le dijo atrayéndola en un abrazo.

—Es nuestra hija ahora, Naruto —le dijo Sasuke, atrayendo a ambos, para sentarlos entre sus piernas.

—Casi muero cuando me dijeron que había sido adoptada y que probablemente no la vería nunca más.

—Pero ahora soy tu hija, Naruto-Otto-chan —le dijo con una sonrisa mientras lo abrazaba mas fuerte.

—Mi niña hermosa —la besó en la frente y se giró para mirar a Sasuke —Te amo, no sabes cuanto te amo.

—Lo se —le dijo son aire superior —ahora sigamos con este cuento.

Naruto se acomodó mejor. Había muchas cosas que hablar, pero ahora quería disfrutar su cumpleaños y sus dos amores.

La vida te quita grandes oportunidades, pero siempre que se cierra una puerta, hay una ventana que se abre a ti.

Fin

Mi niño curioso



Personajes: Draco Malfoy / Harry Potter

Géneros: Angustia – Romance.

Advertencia: Chan=Adulto/Menor - Voyerismo=mirar a otros.

Categoría: NC-17

Disclaimers: Los hermosos personajes de este fic no me pertenecen, solo los utilizo para liberar mi perversa mente.

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Estaba feliz. Por fin era noche de brujas y podría disfrutar de las fiestas en las casas de mis amigos, y de los dulces.
Tenía que aprovechar este día. Era el único en que podría salir del orfanato y quería disfrutarlo a fondo.
Soy un chico de dieciséis años. Tengo el cabello negro y rebelde. Los ojos de color esmeralda y la piel canela.
Este es mi último año en el orfanato, ya que al cumplir la mayoría de edad, tendría que marcharme de ese sitio para empezar a vivir mi vida como adulto.
Ahora me encontraba en mi habitación.
Un simple disfraz reposaba sobre la cama, esperando poder ser ocupado por mí.
Había decidido que iría como una momia. Los trajes de vampiro, hombre lobo o zombi, me tenían realmente cansado, así que me las ingeniaría para llevar un bóxer de color blanco y me ajustaría una sería de telas blancas que me rodearían, incluso la cabeza, dejado un poco de piel a la vista. La idea era verme bien, no asustar a los pobres niños del orfanato.
— ¿Harry?
Me di vuelta al escuchar que me llamaban desde la puerta y vi a una  de las chicas del orfanato.
— ¿Qué pasa ahora, Natalie?
—Me golpee en la escalera.
Sonreí y me acerqué para ayudarla.
Natalie era casi la más pequeñita, depuse de los bebés. Tenía cuatro años y estaba muy encariñada conmigo. Lo único que lamentaba de cuando me fuera del orfanato, era el tener que dejar a los chicos y en especial a Natalie.
Me encargué de la niña y la curé lo mejor que pude para luego decirle que fuera a prepararse para salir con los pequeños a pedir dulces.
Tenía cerca de tres horas antes de encontrarme con sus amigos, por lo que aprovecharía para ir a dar una vuelta antes de que dieran el toque de queda.
Eran cerca de las siete y tenía a hasta las ocho de la noche para volver. Me encontraría con mis amigos a las diez de la noche y saldría a divertirme.
Caminé a lo largo de la calle, viendo si podía encontrar algo interesante, pero sólo había niños más pequeños, pidiendo dulces. Las madres o los padres acompañaban a los chiquillos, que alegres les mostraban a sus amigos los trajes que sus padres habían elegido para la ocasión.
No me di cuenta como, pero llegué a la sima de la calle, donde se encontraba la mansión más espectacular que había en el pueblo.
Sabía a quien pertenecía, pero nuca había visto a los dueños.
Se rumoreaba que eran tan ricos que nuca dejaban de recorrer el mundo en busca de nuevas cosas y acrecentar su ya inmensa fortuna.
La mansión por fuera era imponente. Yo pensaba que podía tener fácilmente cuatro piso, si es que no contaba con más pisos hacia abajo.
Los jardines hermosamente arreglados. Una enorme pileta con una mujer desnuda en frente. Miré bien la imagen y se le hizo muy parecida a Bacante, de Jean-Jacques Pradier, si es que no era la mismísima obra.
Caminé alrededor de la mansión, tratando de parecer poco interesado. Quería ver, pero no que llamaran a la policía pensando que quería meterme a la mala.
Llegué a la parte trasera, no sin antes haber pasado por un sinfín de obstáculos, que parecían estar puestos a propósito para no dejarme pasar.
Y luego… nada.
En el jardín trasero, sobre la hierba e iluminado por la luz de la luna, se encontraba el hombre más espectacular del mundo.
Estaba completamente seguro de que nunca lo había visto. Se notaba que era alto, aun acostado en el suelo. El cabello color plata o por lo menos era lo que parecía, la piel clara y ¡Desnudo!
Me sobresalté al notarlo. El tipo estaba como Dios lo echó al mundo.
Una puntada en mis partes bajas me hizo jadear. Y mi vista se perdió en el cuerpo de ese ser. Sus piernas largas y estilizadas, su torso fuerte y hombros anchos, su cara, lo más parecida aun ángel y su miembro.
¿Me estaba calentando por ver el pene en reposo de un desconocido?
No pude evitar bajar mi mano hasta mi propia hombría. Mi mente me empezó a jugar una mala pasada y de un momento al otro me tuve que voltear y dejarme caer al piso para apoyarme en la muralla.
Tenía que descargarme. Mi cuerpo lo exigía.
Metí la mano en mi pantalón y la otra viajo a mi boca para evitar que cualquier sonido saliera de esta y me delatara.
Miré a los lados y me fijé que era imposible que alguien apareciera por ahí, por lo que di rienda suelta a mis malditas hormonas y comencé a masturbarme furiosamente, recordando al ángel que estaba a varios metros, dentro de los terrenos de la mansión.
No supe cuanto tiempo paso antes de que terminara gimiendo y descargándome en mi mano y el pavimento frente a mí.
Recargué la cabeza en la muralla, tratando de regular la respiración y que mi corazón se detuviera un poco de su loco andar.
—No esperaba encontrar a un niño en los terrenos de mi hogar —sentí como si la sangre se me congelara —mucho menos en estas condiciones.
Me puse rápidamente de pie y me voltee para quedar cara a cara con el hombre al que había estado mirando hace unos momentos.
Pude darse cuenta mejor de sus facciones. Su cabello no era color plata como lo había percibido, sino que era un color rubio muy claro. Su cara lisa y libre de imperfecciones, me decía que debía tener a los más veinticinco años.
Como era de esperar, el tipo estaba desnudo, parado frente a mí y al parecer, sin pudor de mostrar su perfecto cuerpo ante mis juveniles ojos. Entonces me di cuenta de mi propio estado. Me giro rápidamente para meter mi flácido miembro dentro del pantalón y salir despavorido del lugar.
Corrí hasta que llegué a mi habitación. No podía creer que lo había descubierto en mi estado post orgasmo.
Me metí rápidamente a la ducha y ni siquiera me preocupé de sacarme la ropa. Lo único que quería era bajarme la calentura que me había provocado el ver nuevamente al tipo.
Era un ser misterioso, hermoso y un poco arrogante. Por lo menos esa fue la sensación que me dio al verlo parado frente a frente, sonriendo de lado y con la clara muestra de haberme visto.
¡¿Me había estado mirando mientras me masturbaba en su honor?!
Ahora más que nunca el calor me incendio las mejillas.
— ¡Que horror!
Salí de la ducha, dispuesto a acostarme y pasar de mi bochornosa experiencia, cuando vi sobre la cama las telas blancas que componían mi disfraz.
Me había comprometido a ir y no podía dejar a mis amigos esperando.
Tomé una buena bocanada de aire y la dejé salir de mis pulmones, esperando el momento preciso para empezar a prepararme y salir con mis amigos.
Traté de no volver a pensar en el tipo de hace unas horas, y ahora estaba frente al espejo, fijándome en los detalles de mi improvisado disfraz.
Por un momento pensé en no ir. Las telas se me ajustaban demasiado al cuerpo y parecía ir prácticamente desnudo. De no ser por el bóxer blando que llevaba, iría despojado de cualquier prenda, por que las malditas “vendas” no me tapaban más que lo estrictamente necesario. Pero ya no me quedaba tiempo. Llevaba diez minutos atrasado de mi cita con mis amigos y no podía hacerlos esperar más.
Llegué casi corriendo a la plaza y todos los chicos ya se encontraban en el lugar.
Ron, mi amigo de la infancia, llevaba un traje del zorro. Le había dicho que no tenía nada que ver con Halloween, pero él sólo me dijo que era envidia por lo espectacular que se veía.
Hermione, la novia de Ron y mi más fiel amiga, traía un hermoso traje de vampiresa. Era corto de color negro y con vuelitos de color blanco. Tenía puesta una peluca de color plateado, que por un momento me recordó que había confundido ese color con el del hombre de hace un rato.
No pude evitar rodar los ojos. Cuando ellos dos se ponían en ese plano, no había quien los sacara de eso, podían vestirse de cualquier cosa y no podría ayudarlos a que no se vieran tan... raros, aunque pensando en mi propio traje, preferí no decir nada.
Dean y Seamus venían de indios nativos. No entendí muy bien el por que de sus disfraces, si no hasta que se pudieron unas estúpidas flechas en la cabeza, simulando haber atravesado sus cráneos.
Neville venía como hombre lobo. No podía decir que diera miedo. Más bien daban ganas de abrasarlo como un peluche. Peluche que fue rápidamente sacado de mi campo de visión, gracias al posesivo novio del chico.
Theodore Nott. Un tipo de estatus social alto, que se había enamorado de mi amigo en cuanto lo vio y que ahora lo abrasaba como si quisiera ocultarlo del mundo. Como lo esperaba, Nott no traía un disfraz. Demasiado infantil, nos había dicho.
Y finalmente estaban Pansy y Blaise. Amigos de Nott, pero muchísimo más llevaderos. La chica iba con un traje que parecía ser de odalisca, realmente precioso y revelador, hasta el color de su cabello lo había cambiado por un tono rojo, por que recordaba muy bien que su cabello era negro. Mientras que el moreno a su lado iba como pirata. Con el torso descubierto y todo lleno de collares (de los cuales estaba seguro, eran realmente de oro)
Nos la pasamos un rato hablando sobre lo que habíamos hecho, hasta que Ron lanzó la primera piedra.
—Ey, riquillos —les llamó desdeñosamente y ya me esperaba una buena — ¿Por qué no hacemos una prueba de valor?
Los otros tres, los nombrados “riquillos” se miraron entre ellos y luego se alzaron de hombros.
— ¿De que va el reto? —Preguntó Blaise, mientras encaraba a Ron, que simplemente de devolvió la sonrisa.
—Atreverse a entrar en la mansión Malfoy.
— ¡No!
Todos se giraron para verme, estoy seguro que estaba tan blanco como el color de las telas que me rodeaban.
—Ey Potter. No me digas que tienes miedo —se burló Theodore.
—Claro que no. Pero en esa casa están los dueños.
—Eso es imposible, Harry —me dijo Hermione —los Malfoy no habitan esa casa desde hace años.
—Pero yo vi a alguien esta tarde —dije preocupado, no quería encontrarme nuevamente con ese hombre.
—Debe haber sido el cuidador, y de ser así, ya se debe haber ido a esta hora.
Miraba preocupado en direccional a la calle que llevaba a esa maldita mansión.
Caminamos todos en dirección a la mansión. Mientras yo era prácticamente arrastrado por los que decía ser mis amigos.
—De verdad… chicos… yo no quiero…
—Harry, amigo. No seas tan cobarde.
Yo sólo veía como nos íbamos acercando cada vez más al lugar donde vi a ese espectacular hombre.
Pude ver como Theodore y Blaise se miraron con complicidad y en cuanto llegamos  a la puerta metálica que estaba frente a la mansión, tiraron la bomba.
—Yo creo —empezó a decir Blaise —como Harry es el que tiene más miedo, podría ser el primero, así nosotros lo rescatamos cuando se quedé sin poder reaccionar.
— ¡No!
—Vamos, amigo —me animó Ron —se que puedes hacerlo.
—Es que no entiendes, Ron. Estoy seguro que había alguien adentro.
— ¿Estuviste espiando en la mansión, Potter?
—Deja tus juegos, Zabini. Harry no te ha hecho nada.
—Ni yo a él, Granger.
El ambiente entre nosotros se notaba realmente tenso.
Tenía mi mirada clavada en la mansión. No quería estar ahí, por que sabía que el hermoso hombre estaría adentro y me reconocería.
De repente sentí como era prácticamente arrojado tras la reja de la mansión y me aterré. La vergüenza de volver a verlo me atacó de un momento al otro y no fui capaz de dar un paso más.
—Harry, sólo tienes que llegar a la puerta, tocar el timbre y volver.
Yo ni siquiera podía ver el dichoso timbre.
—No abriremos la puerta hasta que logres llegar allá, Potter. Así que será mejor que te apures.
Tenía miedo, no podía negarlo. Pero no por que apareciera algún fantasma como esos idiotas creían, sino a que el rubio llegara y me encara por lo que pasó en la tarde.
— ¡¿Que hacen en mi propiedad?!
Sentí que mi sangre se congelara y puedo dar mi vida en el hecho de que mis amigos estaban en iguales condiciones
En la entrada de la mansión, vestido con un espectacular esmoquin de color negro, el rubio dueño de la mansión.
>>Así que volviste.
Sentí como esos fríos ojos me atravesaban, mientras que aquel sujeto se me acercaba.
— ¡Harry, corre!
Escuché como me llamaban, pero no pude hacer nada, cuando sentí el fuerte agarre de ese hombre sobre mi brazo izquierdo.
—Tú y yo tenemos un asunto que arreglar, Harry.
No pude hacer nada cuando fui jalado al interior de la casa.
El lugar era espantoso. El piso viejo y mal cuidado. Las cortinas hechas jirones. Cada vez que pisaba, un rechinido se podía sentir, haciendo eco en la tremenda mansión.
No me di cuenta cuando ya estaba en la puerta de un despacho.
Adentro, y más como adorno que otra cosa, se encontraba una chimenea prendida. La habitación, además de oscura, era bastante húmeda. Creí ver como salía vapor de las paredes mohosas.
>> ¿Calmaste tus hormonas esta tarde, muchacho?
La voz del tipo me hizo reaccionar, y aparté rápidamente de ese hombre. No lo pensé dos veces y comencé a correr lejos de ese tipo.
Podía sentir la respiración del sujeto tras mi espalda y no era capas de alejarlo, por más fuerte que corriera, hasta que finalmente me rendí y me detuve para tomas aire y apoyar las manos en mis flacas rodillas.
—Ya…no puedo…más.
—Eso es lógico —me dijo el hermoso rubio, que caminaba tranquilamente a mi encuentro —pero no puedo permitir que te quedes en este pasillo. Tengo mejores planes para ti.
Sentí como era elevado del piso y de repente vi el suelo y el trasero de hombre, que con una facilidad casi insultante, me había echado al hombro, cual sacó de papas.
— ¡Bájame! —Le gritaba, sin dejar de patalear y viendo como quedaba en el suelo, parte importante de mi disfraz, que se alejaba más y más mientras iban caminando — ¡Mis amigos volverán con ayuda!
— ¿Tus amigos? —Me preguntó con tono burlón, haciendo que me girara para mirarlo y verlo mirar embelesado mi trasero que poco a poco iba quedando libre de las estorbosas telas que simulaban ridículamente un disfraz de momia — ¿Te refieres al grupo de cobardes que deben estar bajo las camas de sus casas? Por favor, no insultes mi inteligencia.
Estaba nervioso, más que nervioso, estaba completamente aterrado de lo que me podía hacer ese hombre por haberme sorprendido en su propiedad.
Luego de un rato, y varias escaleras transitadas, dejé de pelear y ahora iba como peso muerto sobre el hombro de mi anfitrión.
Sentí como era dejado en el suelo y me esforcé por cubrir mi cuerpo casi desnudo.
>> ¿Alcanzas a comprender lo ridículo que es tu esfuerzo?
Sentía que mis mejillas se encendían. Y ver como ese hombre se acercaba lentamente, no me ayudaba para nada.
—No…no se acerque.
— ¿Por qué? —Me dijo llegando a mi lado y casi cubriéndome con su propio cuerpo —He visto tu cuerpo antes, Harry. Tal y como tú viste el mío.
El recordar el hecho, sólo hiso que quisiera huir nuevamente.
—Lamento haber entrado en la mansión… traté de que no lo hicieran, pero…
—No pido tus explicaciones, por que no me importan —puso una mano en mi cintura, y tirité ante el frio tacto de sus manos — ¿Tienes frio? —Me preguntó agachándose y susurrándome al oído.
—Yo…si.
—Pues yo no —vio como saltaba al sentir su aliento en mi cuello —yo estoy completamente caliente.
Tragué con dificultad. La mano en mi cintura desnuda. El aliento del rubio en mi cuello. Las palabras sucias que me decía al oído. Todo en general estaba causando estragos en mí.
Ni siquiera protesté cuando sentí que era besado. Ni mucho menos lo hice cuando sentí que mis pies se despegaban del suelo al ser alzado en un abrazo posesivo.
Abrí la boca cuando percibí la lengua del extraño pasearse por mis labios y gemí cuando, al tratar de meter mi lengua en la boca ajena, aprecié como me clavaba los filosos dientes del mayor.
— ¿Qué? —Apenas era capas de pronunciar una palabra, mucho menos cuando sentía que mis nalgas eran estrujadas por el hombre que me tenía entre sus brazos.
—Cuidado, pequeño. No querrás descubrir el privilegio de mi ser antes de tiempo.
Me obligué a abrir los ojos y poner atención en las facciones del hombre. Sus labios, ahora rojos y abiertos, dejaban ver sutilmente algo que no podía permitirme creer.
—Vam…vam...
—Se dice vampiro, Harry —me dijo besándome de nuevo, sintiendo como mi desembocado corazón comenzaba a bombear con mas fuerza y como me empezaba a retorcer entre sus brazos.
— ¡Suéltame! —Le grité, tratando inútilmente de alegarlo de mi piel.
—Tranquilo —me dijo con su voz suave —no querrás que las cosas tomen otro curso.
Pude sentir sus labios en mi cuello y me aterré.
—No… por favor.
—No pretendo morderte, Harry —me dijo dejándome sobre la cama. Mueble que no había visto hasta ahora —quiero un amante de mi edad, por lo que no saco nada con convertirte mientras sigas siendo un niño.
Entonces era verdad, pensé ¡El tipo si es un vampiro!, Pero eso era imposible, irascible, completamente absurdo.
—Todo eso y más —me dijo de un momento al otro y yo me quedé completamente mudo —Si… puedo leer tu mente, también.
— ¡No lo hagas! —Le grité furioso. Entendí entonces de que todo este tiempo supo lo que pensaba sobre él.
—Me deseas, lo se —me dijo mientras lamia mi lóbulo y yo era incapaz de alejarlo de mi. —serás mío para la eternidad, Harry.
Desde ese momento no pude reaccionar, sentía como desnudaba mi cuerpo y esparcía besos por toda la piel que tenía al alcance.
Me vi disfrutando de sus caricias, de sus besos. Ni siguiera el miedo a morir en sus brazos era capas de despertarme de mi letargo de lujuria.
>> ¿Qué quieres de mí, mi pequeño? —Me dijo tomando en sus manos mi miembro, haciendo que vibrara completamente — ¿Quieres que devore tu cuerpo? ¿Que te llene de mi esencia?
Cada una de sus palabras hacía que me concentrara más en la pación y menos en lo que significaba estar en los brazos de un ser que podía quitarme la vida de un momento al otro.
—Quiero… tus labios
Ni siquiera se por que dije eso. Sólo se que lo único que quería en ese momento es que me besara hasta perder la conciencia. Y lo conseguí, por que de un momento al otro me envolvió en sus brazos y me hizo quedar sobre su cuerpo tendido. Besándome con pación mientras sus manos se metían por cada parte accesible de mi cuerpo, incluso mi agujero, que ahora envolvía dos de sus fríos dedos. No puedo decir que me dolía, ni siquiera me incomodaba. Al parecer, el frio de su cuerpo neutralizaba el dolor, cosa que no se pasó por mi cabeza en ningún momento.
—Eres delicioso, mi pequeño mortal.
Ese estúpido comentario hiso que recuperara el sentido y tratara de alejar sus manos de mi cuerpo, pero su fuerza era increíble y apenas podía separar mi torso del suyo.
— ¡No!... ¡Suéltame! —Sabía que era inútil resistirme, pero no quería que las cosas pasaran así. Que prácticamente no fuera consiente que estaba entregando mi cuerpo a un completo desconocido, y que además, ni siquiera era humano.
—Soy humano, Harry. Lo que no soy es un mortal.
—Vasta… no te metas en mi cabeza.
—No es muy difícil descifrarte, Harry. Eres como un libro abierto para mí.
—No me conoces —le dije removiéndome aun. Gemí al sentir como metía otro dedo más a mi ano.
—Te conozco desde que llegaste a este mundo, Harry. En ese mismo instante decidí que serías mío.
—No te pertenezco. No le pertenezco a nadie.
—No te equivoques, mortal —sentí como me daba vuelta y quedaba sobre mi cuerpo desnudo. Su mirada me asustó mucho —no te estoy preguntando si quieres permanecer a mi lado o si aceptas el que eres mío —se lanzó contra mi cuello y sentí sus colmillos rosar mi piel —eres mío, te guste o no. Te elegí desde el momento en que llegaste al mundo y no podrás hacer nada para evitarlo.
Tenía miedo, y nada de lo que este tipo dijera me podría hacer cambiar esto.
>> Y no vas a poder calmarte si no confías en mi.
—Es bastante difícil hacerlo, cuando un vampiro, completamente desconocido se dedica a amenazarme con matarme.
—En ningún momento he dicho que te matare —puso sus manos en mis caderas y se movió sobre mi haciéndome jadear —te dije que eras mío, no te matare por eso, para tenerte a mi lado por la eternidad.
—Pero… yo no…
—No lo quieres ahora, pero lo harás cuando sepas lo que es bueno.
Luego de eso no puedo recordar bien como una cosa llevó a la otra y al segundo siguiente, vi al extraño entre mis piernas, haciendo presión para poder meter su miembro por mi ano.
Grite, es verdad, pero es que no me imaginé, que al tensar tanto mi cuerpo ante el miedo que pase antes, me dolería tanto el que entrara en mi.
—Duele —le dije aun angustiado y adolorido.
—Eso es lógico —salió un poco de mi cuerpo y entró nuevamente, más lento, pero más doloroso —hare que grites mi nombre. Que grites por mí.
—Por favor… me duele —le dije mientras dejaba caer las lagrimas por mis ojos.
—Te dolerá hasta que me nombres.
Su voz hacía eco en mis oídos y yo no quería seguir escuchando.
—No lo se… tu nombre.
—Lo sabes, Harry —me dijo saliendo y entrando, lento, pero doloroso.
¿Cómo podría saber su nombre? Nunca antes lo había visto.
>>Te dije mi nombre, el día de tu nacimiento.
Esto es ridículo. ¡Nunca podre recordarlo!
Co
Me removí al escuchar algo, pero nada más reconocí la silaba co.
>>Esfuérzate, mi niño mortal.
Seguía empujando dentro de mi cuerpo, y yo sentía que me partía en dos.
Raco.
No puedo recordarlo bien, y sentir su miembro palpitando en mi interior, no me ayuda para nada al momento de concentrarme.
Lo siento tomarme por la cintura, aun con su miembro en mi interior. Apoyó su cuerpo y el mío sobre sus talones y si era posible, enterrándose aun más a fondo en mis entrañas.
— ¡Draco!
El nombre salió de mi interior, creo que ni siquiera alcancé a pensarlo cuando ya había salido.
—Lo hiciste bien —me dijo con satisfacción y salió por completo de mí para luego dejarme caer con fuerza sobre su miembro y yo, toque las estrellas —Te lo dije.
Ni siquiera puse atención a las estupideces que Draco decía. Draco, ¡¿Quien le pondría así a su hijo?!
>> Unos padres completamente obsesionados con las estrellas.
—No sigas… ¡Oh si!… no sigas en mi mente.
Sabía que era imposible pedirle que se detuviera, pero en este momento, poco o nada podía analizar. Sólo quería que su miembro siguiera atacando mi cuerpo.
No se cuanto tiempo estuvimos así. Pero creo que casi amanecía cuando terminó en mi cuerpo por quien sabe que vez. Lo único que tenía claro es que mi cuerpo estaba completamente impregnado de su olor. Mis entrañas estaban bañadas con su esencia. Había gritado su nombre incontables veces y para ser francos, era imposible que me alejara de él ahora.
—Te lo dije —se burló, mientras me atraía contra su pecho, el frio de su cuerpo hacía maravillas con mi cuerpo, sudado y caliente.
— ¿Te tienes que ocultar del sol?
Sentí como se reía muy bajo. Levante mi miraba y vi el placer que le significaba el verme entre sus brazos.
—De hecho, si. Es un gran placer.
Ya ni siquiera me moleste en pedirle que no leyera mi mente, parecía completamente imposible que lo hiciera.
— ¿Cuándo me transformaras? —Le pregunté con temor. Si me iba a doler, prefería que fuera ahora y no después.
—Pues para tu desgracia, si, será después.
— ¿Por qué? —Le pregunté, sintiendo como acariciaba nuevamente mi cuerpo.
—Por que si bien me encanta tu exquisito cuerpo. Quiero un amante un poco mayor.
—Nunca tendré tu edad.
—Lo se, pero por lo menos, puedes ser un adulto cuando te tenga a mi lado para siempre.
Me relajé en sus brazos. Pensando en que le diría a mis amigos del por que no llegue al orfanato y como me despediría de los demás… aunque lo que mas me dolería sería dejar a Natalie.
—No será necesario que te despidas de ella.
Aun sin saber por que, me dio pánico a que se acercara a la pequeña.
Me levanté y me alejé de él, lo más que pude, cosa que no fue mucha, teniendo en cuenta que su brazo seguía en mi cintura.
— ¡No te acerques a ella! —Le dije, aun removiéndome entre sus brazos, ya que había logrado acostarme nuevamente.
—Ya es tarde, Harry —me dijo divertido, y no se por que —ella me pertenece, al igual que tu, desde que llegó a este mundo.
— ¡No puedes ir por el mundo adueñándote de las personas!
—Yo si le pertenezco a papá.
Me giré hacia la puerta y casi muero de la vergüenza y el horror al ver a Natalie en paradita en la entrada.
—Natalie
—Natalie Malfoy… mi hija.
No puedo creer que esto este pasando.
—Estaba en el orfanato para protegerte, Harry —me dijo con su voz chiquita.
—También es…
—Si, también es vampiro. Nació así, al igual que yo.
—Pero, no entiendo. El sol…
— ¿Alguna vez la viste estar bajo el sol? —Me quedé cayado, recordando el haberla observado jugar  en el exterior, pero no encontré nada —Harry. Los mitos sobre que los vampiros no puedes estar bajo el sol es cierto, pero no al cien por ciento. No podemos estar bajo los rayos del sol. Mientras no seamos alumbrados, no correremos peligro.
Eso era completamente diferente a lo que  siempre imagine.
—Pero como… no se supone que son inmortales, ¿Cómo ha crecido todo este tiempo?
—Nosotros somos inmortales por nuestra longevidad. Calculando más o menos, nosotros cumplimos años cada veinte años mortales.
—Entonces Natalie.
—Así es — me dijo divertida, mientras se subía a la cama —tengo cuatro años vampirices, que son como ochenta mortales.
—Ahora, vuelve al orfanato, Natalie. Harry ira en un par de horas. Has que nadie note su presencia.
Ni siquiera quise preguntar a que se refería. Mi mente estaba llena de preguntas, como la procedencia de Natalie o el por que Draco me conocía desde que nací, pero eso quedó en el olvido cuando la mansión sólo nos cobijó a nosotros entre sus muros y que él volvió a tomar mi cuerpo.
Esta sería, una lujuriosa eternidad.

Fin

Mi más dulce navidad



Personajes: Harry Potter – Draco Malfoy

Géneros: Humor, Romance.

Advertencias: AU=Universos Alternos, Chan=Adulto/Menor.

Clasificación: R.

Disclaimers: Los hermosos personajes de este fic no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling.

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Harry se paseaba de un lado al otro, sin importarle para nada el que Hermione se encontrara en la habitación que competían con los chicos de su casa, sentada cómodamente en la cama de Ron que a estas alturas, dormía a pata suelta.

—Deja de dar vueltas, Harry. No puedo concentrarme —le decía mientras sostenía un libro de Aritmancia, al que parecía querer ponerle la atención que le faltaba.

—Es que no se que regalarle a Draco y ya falta poco para navidad —dijo soltando el aire retenido en sus pulmones. —El año pasado sus padres no lo enviaron al colegio por que a mi tío Lucius se le ocurrió la estúpida idea de que mi dragón tenía que ir a Beauxbaton, pero como mi tío Remus es más inteligente este año logró convencerlo.

—Y así tu podrás por fin pasar una navidad con el mocoso ese —Se rió Ron, despertando por fin.

—No es un mocoso, Ron.

—Si, si lo es —dijo sentándose en la cama —vamos en séptimo, Harry y tu mocoso en quinto.

—La edad no importa, Ron —le dijo Hermione —Ahora hay que ver que le vas a dar.

— ¿Qué es lo que puede necesitar Draco? —Preguntó Harry, sin importar los comentarios de Ron.

—No se, tú eres el que lo conoce por más tiempo.

—Puede ser, pero por eso mismo, sus padres le han comprado todo en este mundo.

—¿Y por qué mejor no le pides que sea tu novio?

—Por que aun es muy pequeño, Hermione. ¿Sabes lo que me haría mi tío Lucius por el simple hecho de insinuar que quiero algo con su hijo? Ni que decir de Snape... es aterrador cuando defiende a su ahijado.

—Pues... podrías pedirle ayuda a Sirius... es su novio...

—No me lo recuerdes. —dijo de mala gana y estremeciéndose.

Había llegado a la casa de su padrino. Como siempre la casa estaba vuelta un desastre, su mamá le había dicho que le llevara unas cosas para la limpieza, por que Sirius era incapaz de hacer el aseo de la mansión por el mismo, y el muy idiota le había dado la prenda a Skeetsher para que se largara de una vez por todas. Claro, ahora los pobres alumnos de Hogwrts eran los que tenían que sufrir por el mal genio del andrajoso servicio.
Harry entró en la mansión y casi bota las bolsas que llevaba en las manos. La casa estaba brillando. impecable, como nunca había visto la mansión de su padrino. Creía recordar que una vez la vio así, el día de los funerales de la señora Walburga.
Caminó a lo largo del pasillo principal y se guió por la única luz que se veía a lo lejos. La cocina.
Ese fue el peor error que pudo haber tenido, por que en cuanto abrió la puerta, la imagen de su padrino empotrando a Snape contra la mesa de la cocina, fue la que lo recibio. gracias a Merlín aun llevaban las ropas puestas, pero el movimiento de sus manos y caderas le indicaban que faltaba poco para que lo estuvieron, por lo que prefirió hacer huso de su espíritu valiente y... cerrar la puerta para correr de la casa lo más rápido posible.

—No se para que pones esa cara, si ya ha pasado bastante tiempo.

—Pues resulta bastante traumático ver a tu padrino y tu profesor de pociones estar a un paso de tener sexo en la cocina de la casa.

—No lo digas así. Además, tú no avisaste que irías.

—Bueno ya. Lo que me preocupa ahora es el regalo de Draco.

La puerta de la habitación fue abierta y por ella aparecieron Dean y Saemus.

—Harry, el niño de Slytherin te vusca aba... jo —dijo viendo al moreno desaparecer por la puerta —¿Por qué simplemente no se lo lleva a la cama y ya?

—Por que aun es un niño —dijeron todos al mismo tiempo y con un tono más que irónico.

Harry bajo corriendo los escalones de dos en dos y quizás en menos pasos. Fue así como lo vio Draco que le esperaba parado junto a la entrada, mientras la puerta de Gryffindor quedaba abierta para él.

—Hola, Draco —le dijo apoyando sus manos en las rodillas, tratando de obtener el aire que le quitó de golpe a sus pulmones.

—Hola, Harry —dijo sonriendo —mejor sientate o te desmayaras.

—Oye, que yo tengo mucha resistencia.

—Lo se, Harry, pero te puede hacer mal —le dijo tomándolo de la mano y llevándolo a uno de los sillones.

Harry casi flotaba tras el niño como perrito baboso. Había veces en que tenía que pellisarse las manos para que estas no cobraran vida propia se pusieran a recorrer a ese mocoso (como lo llamaba Ron) y terminara cometiendo cualquier barbaridad.

Draco no era tonto. Sabía muy bien que Harry gustaba de e´l y por eso no había aceptado ninguna de las múltiples invitaciones al baile de Navidad que se organizaría en el colegio, esperando que Harry le invitara. Le había dicho a su papá Remus que quería ir con Harry, pero no se atrevía a invitarlo él. Remus le dijo que Harry lo invitaría, que sólo tenía que darle la oportunidad que buscaba Harry para decirle. Claro que eso fue hace un mes y a estas alturas Harry no había dicho ni pío.

—¿Qué haces aquí, Draco? ¿Ese chico de séptimo te esta molestando de nuevo?

—No. Creo que Zabini no me molestara nunca más.

Draco llevaba un par de meses en Hogwarts. Le había dolido no haber quedado con Harry en Gryffindor, pero su padre fue en Sltyherin y quizás lo llevaba en la sangre. Lo que le desagradaba ahora era la constante persecución de uno de los chicos mayores de su casa. Le daba por abrasarle y le proponía cosas demasiado subidas de tono para él. No le había dicho a sus padres, más que nada para no darle motivos a su padre de devolverlo a su antiguo colegio.
 
—Hola, bonito.
 
Draco se giró para cambiar de dirección, no tenía ganas de toparse con ese chico.
 
>>Vamos, dragón, no me dejes hablando solo.
 
—No me digas dragón. mi nombre para ti es Malfoy.
 
—Pues Potter te llama así.
 
—Por que es Harry, idiota. Él puede llamarme como quiera.
 
—Así —le dijo cortando el paso nuevamente, sin importarle estar cerca de las escaleras que comunicaban las mazmorras con el resto del colegio. —pues yo también quiero el privilegio de llamarte así.
 
—No lo tendrás. Ahora apartarte que tengo que ir al gran comedor.
—No, no, no, no. no, mi niño hermoso —le dijo tomándolo del brazo —vamos a dar un paseo, si.
 
—Sueltame, idiota —le dijo forcejeando, haciendo que el agarre en su brazo fuera más fuerte —me duele.
 
—Sueltalo en este minuto, Zabini.
 
Draco giró su cabeza y vio a (su casi primo) Harry apretando los puños, con los ojos echando chispas por los ojos.
 
—Oh, pero si es Harry Potter —abrazó a Draco por la cintura para acercarlo a su cuerpo —¿Por qué nos interrumpes en un momento tan agradable?
 
Eso fue lo último que dijo el idiota esa semana, por que Harry, olvidandose completamente de que era un mago, arremetió contra Zabini a puño limpio. Lo lanzó contra el suelo de un golpe y luego se le subió para descargar una lluvia de golpes en su rostro.
 
—¡No vuelvas a tocarlo, mierda! ¡Draco no te pertenece y no lo hará nunca!
 
—¡Harry, por Merlín lo vas a matar! —Trataba de detenerlo Draco, más por que Harry podría tener problemas que por otra cosa.
 
—¿Qué sucede aquí? —La voz venía del fondo del pasillo y por el se acercaba un más que furiosos Severus Snape.
 
— ¡Padrino, por Salazar separarlos! ¡Harry lo va a matar!
Snape vió tanta angustia en los ojos de su ahijado que se apresuró a llegar a donde ambos jóvenes peleaban, o mas bien Harry le daba una sunda a uno de sus chicos, y los separo tomando a Harry por la camisa para levantarlo.
 
— ¡No te atrevas a ponerle un solo dedo encima a Draco, Zabini! ¡O te juró que te mato!
— ¡Tranquilizate, Potter! —Le dijo sujetandolo de los brazos. —¡¿Qué demonios fue lo que pasó, Draco?!
 
—Zabini me estaba molestando y Harry se fue contra él.
— ¿Molestandote? —Le dijo entrecerrando los ojos.
 
— ¡Lo tenía acorralado y sujetaba su brazo con fuerza! —Gritaba Harry, aun tratándose de liberar.
—Bien, yo me encargaré del señor Zabini —dijo el profesor —Draco, llévate a Potter para que no se le acerque.
 
Draco asintió. Sostuvo a Harry del brazo, muy a pesar de la rabia que le evitaba ver a su alrededor, lo sintió agarrar su mano y pareció salir del transe furico en que se había sumido.
 
—Estoy bien, Harry —le dijo alejándolo del lugar. —No tienes de ue preocuparte.
 
— ¿Estás seguro? Por que le vi apretarte con fuerza. —Le dijo ya mucho más tranquilo —por que parecía dolerte.
 
—No soy de cristal, Harry. Si bien me dolió, no creo que me quede una marca o algo por el estilo. 
—Lo tranquilizó con una sonrisa.
Desde ese día, cada vez que Harry le veía un poquito trastornado, le preguntaba por el infeliz de Zabini, sin saber que el pobre idiota con suerte alcanzaba a desaparecer por la esquina si él se aproximaba, que decir de su padrino, que quien sabe que barbaridad le dijo al chico para que temblara cada vez que entraba a su clase de pociones.

—Bien, si no fue Zabini, ¿Qué fue lo que pasó contigo para que vinieras? Mira que nunca vienes por tu cuenta.

—Es que... necesito pedirte un consejo.

—Claro —dijo contento, le encantaba quien Draco acudiera a él cada vez que necesitaba algo. —¿Qué es lo que quieres preguntar?

—Quiero pedirle a alguien que me acompañe al baile de navidad.

Si un alfiler hubiera caído en ese momento, todo el mundo lo pudo haber escuchado.

Harry estaba completamente anonadado. Su pequeño dragón le pediría a alguien ir a la fiesta a la que él quería invitarle.

Draco sonrió para sus adentros. Harry era tan dulce y predecible para él. Sólo faltaba empujar un poquito más para obtener su ansiada cita de navidad.

—Yo... no se —dijo reaccionando poco a poco. —nunca he invitado a alguien, por lo que se me hace un poco difícil.

—Bien,entonces, tendré que pedirle a alguien —dijo abatido, esperaba que eso le ayudara a Harry, quizás los celos, pero nada. —mejor me voy.

Draco le dio un beso en la mejilla a su amigo y se fue de la sala común, dejando a un más que frustrado Harry, que sólo se dejó caer de espaldas en el sillón.

—Oh, Merlín, hermano —dijo Ron sentándose a su lado —siempre creí que el mocoso era ciego y ahora lo reafirmo contigo de acoplado.

—No me fastidies, Ron.

—Pero tiene razón, Harry —le dijo Hermione sentándose a su lado —eres realmente lento.

—Y tonto.

—Y seguramente frígido.

Harry vio a Seamus y Dean agregando a las puyas.

—Quiere ir con alguien más. —dijo abatido, pero recibió un cojinazo en plena cara —¡¿Quien fue?!

—Yo fui, Harry —le dijo su amiga —Draco no quiere invitar a nadie... quiere que ese alguien le invite a él.

—Pues que culpa tengo yo. Si el muy estúpido no se da cuenta de que Draco anda tras él., no se lo merece.

—Tienes razón, hermano —dijo Ron divertido —por lo que de ahora en adelante tendrás que dejar de andar mirando a tu amorcito.

— ¡¿Y yo por qué?!

— ¡Por que eres tú, idiota! —le gritaron entre todos.

Sus amigos ya estaban cansados de verle babear por la pequeña serpiente. Harry había pasado la gran parte de su vida estudiantil hablando del mocoso. incluso desde que llegó, hablando de un pequeño ángel de cabellos rubios y ojos como el lago, que no tenía más de nueve años y que le esperaría para cuando ingresara a Hogwarts. Cosa que obviamente no pasó, pero que no mermó sus relatos de lo que Draco hacía cada vez que se encontraban. Que si aprendió a volar mejor que él y su papá James. Que si era más hermoso que su mamá Lily. Que si era mejor en pociones que Snape. Que si era más inteligente que Lucius, Que si era más dulce que Remus.... en fin, el niño perfecto de sus ojos. Draco era el centro de su universo y ahora que estudiaba con él lo dejaba escapar de esa manera.

—Amigo, de verdad ¿No te fijaste en como te miraba? —Le preguntó Ron.

— ¿Cómo practicamente te rogaba que le invitaras? —Los ojos de Hermione casi brillaban como si estuviera viendo el final de una película romántica.

— ¿Cómo esperas que te lo lleves a la cama?

—¡Dean! —Le reclamó Saemus.

—Bien, bien. Eso no, pero es verdad —dijo levantando sus brazos.

—No es verdad, chicos —dijo abatido —Draco no me quiere de esa forma.

— ¿Y tú a mi si?

Harry casi queda pegado en el techo de la sala común al ver a Draco a unos pasos de ellos, son su carita sonrojada y sus ojitos suplicantes.

Los amigos de Harry le habían pedido que no se fuera, que quizas necesitaba más de un empujon para abrirse ante él. Por eso esperó hasta estas alturas, y bien, su sonrojo se debía a las palabras de Thomas. No que no quisiera, pero si le daba algo de vergüenza.

Harry por su lado estaba completamente pálido.No entendiendo en que parte del mundo su pequeño niño empezaba a comportarse como una culebrita y se aliaba a quien sabe quien para tenderle esa trampa, pero ahora, que veía esos ojitos hermosos esperando una respuesta, sólo había una posible.

—Te quiero más allá de lo que puedes imaginar.

—¿Y por qué crees que no te puedo querer de la misma manera?

Draco se dio la vuelta para enfrentarle y Ron se salió del lado del moreno para brindarles más privacidad. Algo difícil tomando en cuenta que a estas alturas la sala común de Gryffindor estába más llena que nunca.

Hermione, fiel a los principios del romanticismo, hizo que todos se alejaran por lo menos tres metros de los tórtolos, esperando por fin ver ese final de película romántica que esperaba hace tanto tiempo.

—No es que no crea que no puedas hacerlo —le sostuvo ambas manos entre las suyas —pero eres tan joven...

—Harry, tengo sólo dos años menos que tú. estoy seguro que otros chicos de séptimo tienen parejas en cursos mucho menores.

—Pero no soy como ellos.

—¿Entonces? —Le preguntó un poco triste —¿Debo esperar a poder alcanzar tu edad? Por que de verdad, ano ser que tu retrocedas en el tiempo, no encuentro una manera.

Harry le veía casi lloroso por su culpa y le dolía mucho en verdad. No quería ser el responsable de que esos ojitos que tanto amaba derramaran lágrimas por él. no las merecía.

—Chiquito... se que eso nunca pasara...

—¿Entonces?

—Creo que deberian ir a otro lado.

La voz provino de Neville, un compañero de Harry y que no gustaba de las exposiciones publicas. Claro, los demás casi le matan con la mirada, pero poco o nada de caso les hizo.

Harry, al entender las palabras de Neville, se puso de pie y sostuvo a Draco de un brazo para llevarlo fuera de la sala, sin darse cuento de la comitiva que le seguía desde lejos.

Llegaron a uno de los pasillos, por donde podía verse facílmente el lago y no había mucho transito de alumnos.

—Lo único que quiero saber es si tendré algún día una oportunidad contigo, sino...

—No me pongas en un aprieto, por favor —le dijo atreviéndose a abrazarlo —no sabes lo difícil que es para mi el no poder hacer todo lo que quiero.

— ¿Y que te lo impide? ¿No te gusto lo suficiente como para ser tu pareja?

La voz del niño sonaba tan angustiada que Harry quería patear a si mismo por provocarlo.

—Claro que no. Eres hermoso, Draco. Todos saben que eres como un ángel para mi.

—No quiero seguir preguntando por qué —dijo escondiendo la cara e el pecho del moreno —te amo y parece no importarte.

Harry se había congelado ante las palabras de Draco. Lo amaba. Draco Malfoy, el niño hermoso de sus ojos lo amaba. Y él, sin poder reaccionar. Hasta que le pidió a todos los santos del mundo, Merlín, Dios, Kami-sama, Buda y cuanto dios ser venerado que existiera se dieran la vuelta y no tomaran en cuenta lo que iba a hacer.

Separó a Draco de su cuerpo, lo suficiente como para hacer que levantara la cabeza y atacar sus labios en un beso demandante, no creía que Draco quisiera otra cosa. su niño hermoso acababa de demostrar el por que estaba en la casa que estaba.

Draco sintió cuando la lengua de su amado Harry entró en su boca y la recorrió por completo. sus manos viajaron inmediatamente al cuello del moreno para no separarse jamas de él. Lo amaba, cuanto lo amaba.

Harry sintió el cuerpo pequeño y suave de Draco amoldarse al suyo, como si fueran hechos a la medida para no soltanse en lo que les restara de vida, y si estaba en sus manos, así sería.


Separaron sus bocas cuando ya no les quedaba más aire en los pulmones, y recargaron sus frentes, haciendo que Harry tubiera que inclinarse un poco.

— ¿Quieres ir al baile de navidad conmigo? —Le preguntó sonriendo.

—Es lo que más quiero, Harry. Poder pasar contigo esta y todas las navidades que vengan.

Harry sonrió al tiempo en que volvía a besarlo. Draco era tan dulce, que estaba seguro de que pasaría una muy dulce navidad con él.
Fin.

Me arrepentí


Personajes: Harry Potter – Draco Malfoy

Géneros: Humor, Romance.

Advertencias: AU=Universos Alternos.

Clasificación: R.

Disclaimers: Los hermosos personajes de este fic no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling. El tema de la canción es “Arrepentida” de Yuri.

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¿Quieres saber cómo arruiné mi vida con un par de palabras dichas por despecho?

Pues bien, primero déjame decirte a quien perdí, por que estoy seguro que lo he perdido para siempre. Su nombre es Harry, mi novio los últimos dos años. Nos conocimos el primer día en que entramos en la universidad. Claro, en ese tiempo sólo discutíamos y nos peleábamos por cualquier idiotez. Harry, en ese tiempo era sólo Potter, era el chico más popular de la universidad. Estaba estudiando medicina en el área de obstetricia. Yo siempre me fijaba en todo lo que pasaba a su alrededor, creyendo ilusamente que era sólo por el odio inmenso que le tenía. Obviamente ahora puedo ser honesto y decir que me encantaba ver su rebelde cabello negro mecerse al son del viento y cuando sus ojos, libres de gafas, me dejaban ver esos hermosos ojos verdes que luego cubría con esas abominaciones que le permitían ver a pesar de su miopía. Pero lo que más odiaba y que aun odio, era esa maldita manía que tenía de querer ayudar a todo aquel que se le pasara por delante, claro, cualquiera que no fuera yo, por que en cuanto me veía parecía descubrir en mi a su mas temible pesadilla y prácticamente huía de mi. Que decir de las clases que compartíamos, ya que yo estaba estudiando pediatría. No me miraba y si nos llegaba a tocar hacer algún trabajo, juntos, se dedicaba a molestarme por cualquier estupidez.

Recuerdo con gracia esa vez que nos declaramos, bien, no fue precisamente una declaración.

Estábamos en la cafetería y a un idiota se le ocurrió que sería interesante iniciar una guerra de comida. Admito que a esas alturas del año el estrés era demasiado y todos necesitábamos des estresarnos. Recuerdo que tenía un plato de pasta con mucha salsa y mi objetivo en la mira. Harry Potter  estaba justo a unos puestos adelante y lo tenía directamente mirándome. Todo hubiera sido fantástico si un imbécil no me hubiera empujado desde atrás y hubiera caído de frente sobre mi espagueti. La risa de Harry se escuchó hasta mi puesto y lo miré con rabia, no se por que, pero tenía unas terribles ganas de llorar. Sólo recuerdo que después de eso salí corriendo y quise gritar con furia. Vi que Potter venía hacia mí y seguramente se venía a reír de mi, por lo menos eso fue lo que pensé en ese momento, pero me sorprendió el que se parara frente a mi y se disculpara, me limpio la cara con suavidad y yo lo miraba embobado. Claro, eso mejoró cuando me beso y casi me derrito en sus brazos.

Pasamos dos años como novios. Los mejores dos años de noviazgo que en mi vida he tenido.

Hasta que hace dos semanas escuche algo que no debía, o que si hubiera escuchado de mejor humor, no me hubiera llevado a la citación en la que me encuentro ahora.

Estaba en la sala de biología y escuche a alguien hablando en al puerta, me paré con cuidado ya que lo voz se me hacía conocida. Era Harry y hablaba con su amigo Ron. Ese pelirrojo no es que me caiga mal, pero nunca nos llevamos muy bien. Estaban hablando del futuro de los hijos que tendrían con sus parejas, fue entonces que Harry le dijo que él no tendría hijos, por que estaba conmigo, no podríamos tener hijos propios. Me dolió, fue  por eso que abrí la puerta y los sorprendí, Harry me miraba como si estuviera viendo un fantasma y el idiota de su amigo sólo desvió la mirada. Le grite que si tanto quería tener un hijo que lo dejaba, que renunciaba a él para que se buscara una chica con quien tener un hijo y ser feliz.

Desde ese día que no hablamos.

Vuelvo a recordar sentada en el mismo lugar
Donde la historita comenzó, bajo la sombra del viejo reloj
Casi son las 6 cuando ya empieza a atardecer
Ciento una lagrima llegar, al darme cuenta que tu ya no estás
No puedo entender, si lo eras todo para mí
En que momento se me ocurrió la gran idea de dejarte ir.


Esto me duele demasiado, por que no era mi intención terminar con todo esto de un solo golpe, pero mi familia siempre me criticó estos dos años, que no le daría prosperidad a nuestro apellido y muchas cosas más. Simplemente no los escuchaba y seguía al lado de Harry.

Ahora yo mismo lo he lanzado a los brazos de alguna babosa que pueda atraparlo y aprovecharse de él. Sé que no es un niño, pero en mis brazos era inocente y casto. Lo amo aun.
Arrepentida, estoy perdida en el dolor
Sin salida, a la deriva de tu amor
Arrepentida, quiero decirte que me equivoqué
¿Qué puedo hacer?
Perdóname
No sabes cuanto duele

Estoy decidido. No dejaré que las cosas se queden así. Tengo derecho a luchar por mi hombre, por quien quiero a mi lado y que no se aparte nunca. Despertar cada día a su lado y no dejar que el mundo nos diga lo que tenemos que hacer.

En mi soledad me ahoga tanta libertad
Y entre memorias del ayer, veo mis alas rotas al caer
No puedo entender, si lo eras todo para mi
En que momento se me ocurrió la gran idea de dejarte ir.

Ahora estoy frente a la puerta de su casa, no he parado de golpear a la puerta y tocar el timbre. No esta. No quiere salir. ¿Será que me odia tanto como para no querer verme más?

— ¿Draco? —Me volteé cuando escuche la voz de Harry. Estaba parado tras de mi con una gran cantidad de bolsas en las manos — ¿Qué haces aquí?

No había odio en sus palabras, de hecho, era una voz cálida y tierna.

—Yo…

Lo admito, me quedé sin habla, no sabía que demonios decir en un momento como eso. Lo miré y me estaba mirando con una sonrisa en los labios y me abrió los brazos para que lo abrazara.

Harry no necesitaba más palabras, sabía que lo amaba más que a nadie y yo lo sabía también.

—Me dolió lo que dijiste, pero cuando decidí que nos diéramos una oportunidad, lo hice sabiendo que no tendríamos hijos propios y que en un futuro, cuando ambos termináramos nuestras carreras, te pediría matrimonio y podríamos adoptar un bebé al que le daríamos todo el cariño que le daríamos a un hijo propio.

— ¿Me estas proponiendo matrimonio? —Le pregunté con vos divertida.

—Eso depende. ¿Quieres aceptar?

—Claro que si —le dije antes de besarlo. Esto era lo mejor de mi vida y no lo soltaría jamás.

Fin

Mayor que yo



Personajes: Harry Potter y Severus Snape

Advertencia: AU ¬¬ creo que también es PWP

Genero: Romance, Humor

Clasificación: todo público

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter, no son míos, pertenecen a J. K. Rowling.


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Era el último año en Hogwarts para Harry y sus amigos. Y el director Dumbledore dio la autorización para que pudieran hacer una pequeña reunión, nada muy escandaloso, ni alocada...
En realidad esto era un caos total... los chicos que eran menores de 16 años ya habían sido despachados por los prefectos y jefes de casa, por lo que, siendo ya las 3:00 de la mañana solo los adolescentes con "permiso" para trasnochar se encontraban en el gran salón donde aparecieron, por obra y magia de Merlín, muchas botellas de licores de dudosa procedencia y nivel de alcohol.
—Yo mejor me voy a acostar, si no mañana no podré mantenerme lo suficientemente concentrada en clases.

—Se ve que ya estas ebria Hermi, mañana es domingo y ¡No tenemos clases! —Gritó un muy entusiasmado Ron que con tremendo grito alentó a todos los demás que comenzaban a gritar como desenfrenados.
—H-a-r-r-y —llamaba Luna a su compañero de aventuras.
—¿Que es lo que pasa, Luna? —Preguntó el chico con los ojos enangostados por la ingesta de alcohol, pero sin perder el sentido.
—A que no adivinas quien esta, en estos minutos, como único guardián de los alumnos —dijo la chica.
El pelinegro al entender la indirecta de su amiga se acercó a la mesa del Dj y le pidió que pusiera un tema en especial.
Las luces comenzaron a bajar y los rayos láser a bailar al ritmo de la tonada que comenzaba a sonar.
Buscó por todo el salón hasta que divisó a cierto profesor de cabello negro y mirada fría, que observaba todo desde una prudente distancia, cuando lo logró divisar trató de entrar en su mente pero no lo consiguió, claro que ese no era su propósito, mas bien lo había logrado, Snape tenia sus ojos puestos en el y la música comenzó.

"Este menor que usted
la quiere conocer
por su forma de actuar
me va a enloquecer
la tengo en mi soñar
acaricio su piel
le quiero confesar
yoooo
"

Se movía de la forma  más descarada que podía hacerlo. El profesor estaba asombrado por los movimientos que el joven Gry estaba haciendo.

"No me importa que usted sea mayor que yo
hoy la quiero en mi cama
y no malinterprete mi intención
es que no aguanto las ganas
por eso he venido a decírselo
que hoy la quiero en mi cama
si tu estas dispuesta ya dímelo
es que no aguanto las ganas
dame un chance"


El adolescente se movía de manera escandalosa y eso no pasaba desapercibido por ningún joven con exceso de alcohol en el cuerpo, por lo que en pocos segundos se vio acosado por mas de un estudiante que eran retirados del lugar por Ron, Hermi y Luna los cuales sabían perfectamente que es lo que hacia el niño-que-vivió.

"Ella no entiende
que esta bien dura
pues es una veterana
porque rompe cintura
como esa ninguna
como esa ningunaaaa

tu eres mayor que yo
pero no tengo miedo
hoy ya me importa cualquiera
soy ganador de este juego
porque la vida me enseño
que si soy un caballero
puedo tener lo que quieroooo
mami ninguno como yo"

El profesor sudaba de manera estrepitosa y su pantalón le recordaba que también era humano y se "calentaba". Más con el cuerpo del maldito niño que se le estaba insinuando descaradamente.
Lo veía bailar y tragó saliva en el momento en el que el pelinegro Gry se dio vuelta y le dio la espalda.
Si pensaba que la tortura había acabado... estaba muy equivocado. El "mocoso" comenzó a descender moviendo sus caderas en forma magnifica, dejando una vista que cualquiera envidiaría estar en el lugar del "frígido" profesor. Tragó grueso cuando al momento de subir lo hizo de la manera mas sensual y erótica que pudo haber utilizado. Echó su cuerpo adelante y se enderezó para  luego lentamente recobrar su altura original.

"No me importa que usted sea mayor que yo
hoy la quiero en mi cama
y no malinterprete mi intención
es que no aguanto las ganas
por eso he venido a decírselo
que hoy la quiero en mi cama
si tu estas dispuesta ya dímelo
es que no aguanto las ganas
los pitbull
dame un chance"


se menea, te meneas
te meneas, hay te meneas
luny se menea, se menea
se menea, se menea
me vuelve loco cuando bailotea
se menea se menea
hay ella me besa como ninguna"


Movía su cuerpo al compás de la música y de reojo se aseguraba de que el "sujeto" dueño de sus deseos no le quitara la vista de encima por ningún motivo.

"No me importa que usted sea mayor que yo
hoy la quiero en mi cama
y no malinterprete mi intención
es que no aguanto las ganas
por eso he venido a decírselo
que hoy la quiero en mi cama
si tu estas dispuesta ya dímelo
es que no aguanto las ganas
dame un chance..."

La música finalmente había acabado y al parecer no era lo único que se "acabo" por así decirlo.
Luego de unos segundos varios chicos salieron del salón, casi corriendo, para dirigirse quizás sabe a que parte, pero digamos que todos los que salieron, estaban muy pendientes del salvador del mundo mágico, por lo que era deducible el por que de su huida.
—Harry, date prisa que ya se fue —le decía Luna al momento que le cortaba el paso a dos chicos que trataban de acercarse al moreno y pedirle bailar.
Harry salió casi corriendo del salón y se dirigió al único lugar del que no pretendía salir esa noche.
Por otro lado, cierto profesor se encontraba bajo el chorro de la ducha, que por cierto era con agua fría. Ni siquiera se dio el tiempo de sacarse la ropa, simplemente abrió la puerta, entró al baño y luego en la ducha abrió el grifo, para que el elixir de la vida lo "enfriara".
—Maldito mocoso —se decía mentalmente mientras trataba de regular la respiración.
Harry bajó a las mazmorras y sigilosamente se dirigió a los aposentos del profesor del jefe de casa de las serpientes.
Cuando llegó a su destino. Entró a la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Cuando lo hizo se quedó con los ojos dilatados de la impresión. Snape estaba comenzando a sacarse la ropa, mientras aun seguía bajo la ducha. Era un espectáculo digno de admirar. Poco a poco se fue acercando sin ser completamente conciente de ello. Estaba a escasos metros del cuerpo ya desnudo de su profesor cuando...
—¡¿Que demonios hace aquí Potter?! —Gritó el adulto mientras trataba de cubrirse con una toalla que había alcanzado al momento de percatarse de la presencia de otra persona en el cuarto de baño.  
—Yo... yo sólo... lo siento —dijo el joven mientras se volteaba y bajaba la cabeza, al parecer el alcohol ya comenzaba a dejar de surtir lo efectos alucinógenos que provocaba en él.  
—Me haría el favor... puede irse por favor —dijo el mayor tratando de aguantar las tremendas ganas que tenía de saltar sobre el muchacho y tomarlo tan fuerte que hasta en el Londres muggle sentirían sus gemidos.
—Si, profesor... —comenzó a caminar, pero de pronto se detuvo "no tengo nada que perder" se dijo a si mismo. Ya casi terminaban las clases, por mas que lo expulsaran a esas alturas, no afectaría en su graduación y respecto a las notas en las materias de Snape, ya solo le quedaban dos y no perjudicarían en su calificación final —¡No! —Dijo al momento en que se volvía a dar vuelta y comenzaba a acercarse nuevamente al profesor.
—Deténgase ahí mismo, Potter... que pret... —pero no pudo terminar por el TREMENDO beso que le estaba dando el-niño-que-vivió.
Sin siquiera pensarlo mucho lo agarró por la cintura y lo estrechó mas a su cuerpo, haciendo que sus caderas se frotaran y el menor dejara escapar uno que otro gemido en medio del beso.
Se fueron a acercando más y más a la habitación mientras el profesor, que a estas alturas había mandado su conciencia de viaje, se ocupaba de desnudar al chico que seguía tan pegado a el como en un principio.
La mañana llegó para todos normal, claro que si cuentas como normal una resaca que no se sacarían ni con la mejor poción del mundo.
El sol comenzaba a entrar por la ventana que había en la habitación del profesor de pociones y en la cama se veía al dueño de la pieza, completamente desnudo con un joven en mismas condiciones que se encontraba entre sus brazos, ambos tapados por sólo una delgada sabana que les llegaba apenas ala cintura.
Cuando llegó el lunes y las clases comenzaron, nadie podía negar que el rostro del profesor Severus Snape tuviera un brillo diferente, se veía feliz y complacido, pero de que seguía descontando puntos a cualquiera, no paso tampoco desapercibido, si hasta a algunos Sly les había descontado.
Quizás todo tenía que ver con cierto pelinegro que desde la fiesta no para de recibir extrañas propuestas y que es nada mas ni nada menos que el joven novio del profesor.
Ay del pobre iluso que crea, que meterse con algo de Severus Snape esta permitido. El profesor haría TODO por que nadie siquiera ose en tener un pensamiento inadecuado con su novio, con el-niño-que-vivió, con Harry Potter.

Fin