19 abril, 2011

Precisamente él



Personajes: Harry Potter – Draco Malfoy – Ron Weasley.

Géneros: Romance – Angustia.

Advertencias: AU=Universos Alternos.

Clasificación: R

Disclaimers: Los hermosos personajes de este fic no me pertenecen, solo los utilizo para liberar mi perversa mente.
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Harry era feliz, claro que lo era. Tenía lo que siempre quiso, la felicidad de ser libre de la guerra y vivir el amor de la persona que él quería.

Habían pasado por tantas cosas juntas, cuando la gente le dio la espalda por elegirlo, por anteponerlo ante la justicia.

Draco se convirtió en su mundo, en su todo, en la persona que más le daba, y que le hacía vibrar de una manera impresionante. Lo amaba, era feliz a su lado, por lo menos es lo que el creía cuando todo había pasado.

Se fueron a vivir a un departamento, no necesitaban nada más grande para ellos solos. Ambos estudiando las carreras que ellos siempre quisieron. Draco estaba en la facultad de medimagia y él, en la academia de Aurores. Si, el combatir la maldad siempre estaría en sus venas.

Aun recordaba cuando le contó a sus amigos del amor que le tenía a ese rubio vanidoso. Cuando le decía a Ron que era de verdad un ángel cuando se lo proponía. Que era dulce y amable. Que era apasionado y fiel.

Fiel.

Fiel.

Cada minuto que pasaba se repetía esa palabra en la cabeza. Nunca se hubiera imaginado que su relación no fuera a durar mas de un par de meces. Su rubio lindo lo engañaba. Le mintió y traicionó. Y ahora estaba ahí, en la puerta del departamento que habían compartido, partiendo de su lado para irse con ese a quien ahora le daba sus caricias.
Que te vas, y aunque
Por dentro me muera
Ni una lagrima más
En mi vida llorare por ti

Cuando los descubrió, sintió que el alma se le partiría en dos, una por el gran amor que acababa de perder y la otra por él, su hermano, su amigo. Ron.

Una maldita tarde siguió a Draco, para saber por que estaba tan esquivo desde hace unos días.

Lo descubrió entrando a un restaurant y vio a su amigo llegando unas horas mas tarde.

Claro, él pensó que seguramente hablaban de él. Que se estarían poniendo de acuerdo para algo en cuanto a él. ¿Una sorpresa? ¿Una fiesta?

Feliz pensó que por fin Ron y Draco podrían llevarse bien.

Todo cambió cuando salieron del local de comida, Ron iba caminando delante y vio como Draco se quedaba parado un poco más atrás. Lo notó nervioso y no entendía por que. Su amigo se devolvió y agarró del brazo a Draco y lo llevó a una plaza, parecía que lo estaba consolando o algo así. Hasta que lo vio besarlo.

¡Ron estaba besando a Draco!

Quiso ir a separarlos para que dejara de molestar a su amante, pero entonces Draco reaccionó. Lo vio ponerse de pie y sentarse a horacadas sobre Ron para besarlo con más pación.

Se alejó negando con la cabeza, eso no podría ser.
Dignidad, esa que tú no conoces
Y que me hace tener la mirada
Sin bajar los ojos frente a ti

Ahora, luego de encararlo y que Draco le confesara que estaba viendo a escondidas a Ron desde poco mas de un mes, lo tenia frente a frente, arreglando sus cosas para irse, para alejarse con su amante, son su amigo.
Cualquiera tiene derecho
A buscar por la vida
Quien le haga feliz
Pero lo que no entiendo
Es que si hay tanta gente
Tú me pagues así

No iba a decirle que se quedara, que no le abandonara, sabía que no podía obligarle, aunque se muriera en el proceso. Él no era quien para decirle que no podía ir con alguien más, pero entonces ¿Por qué con Ron?
Precisamente con ella
Te vas
No pudiste engañarme con
Nadie más
De la más grande amiga
Hoy se ha vuelto tu amante
Que tristeza q yo sea la culpable...

Él gatilló todo esto. Contándole a Ron todo lo bueno que era Draco, contándole lo dulce, lo hermoso, lo bueno que era. Y se volvía a repetir lo mismo. Él tenía la culpa.
Precisamente con ella
Te vas
No pudiste engañarme con
Nadie más
De la más grande amiga
Hoy se ha vuelto tu amante
Que tristeza q yo sea la culpable
Por tanto hablarle... de ti

Recordaba cuando Ron le hacia gestos de repulsión.

¡Estúpido!

Nunca tomó en cuenta que no era mas que una fachada para ocultar su relación ilícita. Para mostrar ante el mundo que él nunca se metería con Draco. Y él le creía, creía en sus palaras y en sus desprecios, creía en su amistad.
Ya veras que el tiempo esta de mi lado
Ojala y no le cuentes
Detalles, no sea
Que te pase lo q a mi.

Sólo le quedaba verlo partir, alejarse para siempre.

—Adiós, Harry —le dijo sin verlo a la cara, contrario a lo que hacía Harry, que no le quitaba la vista de encima.

— ¿Te iras con a La Madriguera? —No evitó la ironía.

Desde que estuvieran juntos, Draco nunca quiso ir a la casa de los Weasley, aun ante las peticiones de Harry. Claro, ahora lo entendía. No quería tener en frente a su amante y a su pareja al mismo tiempo.

—No hagas esto más difícil, por favor.

—Yo no lo hago difícil, Draco — se acercó y le puso una mano sobre el hombro —sólo te pido una cosa. No vuelvas aquí, no quiero saber de ninguno de ustedes y no le digas nada de mi —trataba de ser hiriente, de que sintiera el dolor que el mismo estaba sintiendo al verle alejarse —recuerda que él me lo hiso a mi. ¿Quién quita y lo hace contigo también?

No se conmovió con las lágrimas que descendieron de los grises ojos de su amor. Ni hiso nada cuando la puerta se cerró para quedar solo en el departamento.

Lo seguiría amando por quizás cuanto tiempo más. Pero no lloraría nuevamente por amor. No dejaría que esos dos le destruyeran. Seguiría adelante, así como esperaba que ellos lo lograran, pese a sus palabras. Ron era su amigo y Draco quien mas amaba, no cabía en su alma el odio, sólo esperaba que fueran felices, dejándolo atrás, pero juntos.
Fin

Posesión


Parejas: Ethan - Gabriel

Advertencias: Lemon – Violencia.

Genero: AU – Romance – Angustia


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Faltaba poco para que llegara a su destino. Ya no importaba lo que hiciera, siempre llegaba tarde, pero pocas veces podía jactarse ante él de que lo había logrado.
Apuró el paso y trató de no mirar a los lados para no divisar amigos o conocidos que interfirieran en su acelerado andar.
La tarde anterior habían quedado de acuerdo de que se encontrarían antes del inicio de clases y que si se demoraba un poco, aunque fueran unos segundos, no se esperarían.
Ethan era así. No le importaba el que él se esmerara en arreglarse y estar presentable para él. No le importaba que se peleara con sus amigos al decirles que no podía salir con ellos por que su “amigo” había quedado con él para ir a algún lado. Nunca le importó el que llegara tarde a casa y que sus padres le regañaran, sólo le importaba el que estuviera ahí para él, para complacerlo, para besarlo, para dejarse dominar entre sus brazos.
Habían empezado de manera bastante extraña. Gabriel tenía cerca de 16 años cuando conoció a Ethan. Con 17 años, su porte, sus ojos violetas y su cabello negro fueron los que le llamó la atención desde el principio. Él era más bajo. Tenía el cabello castaño y los ojos de color ébano. Su atractivo era innegable, pero parecía desvanecerse en el aire cuando Ethan surgía.
El mayor llegó a su instituto a mediados de años y fue en el momento en que toda su vida se trastornó.
Pasó cerca de una semana en que no podía dejar de mirarlo por nada del mundo y fue un día miércoles, luego de que la clase de matemáticas terminaran, cuando Ethan se le acercó. Lo sostuvo del brazo y lo sacó de la sala para llevarlo al patio trasero. Le encaró preguntándole por que le miraba tanto, pero Gabriel no supo que contestar. Los ojos de Ethan lo tenían completamente hipnotizado, a tal punto que no fue consiente de lo que pasaba hasta que vio que se cerraba y se dio cuenta al fin del beso desenfrenado al que estaba siendo sometido.
Las manos de Ethan se movían por su espalda y más abajo. Su cuerpo frotándose con frenesí contra el del mayor, eran una verdadera delicia.
Gabriel tenía la imperiosa necesidad de que el aire dejara de ser un elemento necesario para su subsistencia y poder seguir con ese beso mas allá de lo que podía durar. Evidentemente el que empezó el contacto fue el que lo terminó y rió con prepotencia al ver el estado en que había dejado a su nuevo compañero. Le dio un apretón en una de sus nalgas y lamió con cuello con descaro, para luego alejarse con las manos en los bolsillos.
Gabriel se había quedado en su lugar. Con la respiración acelerada y los latidos de su corazón al limite. Sus ojos no podían distinguir nada más que el cuerpo de Ethan alejándose en dirección al colegio y él, sin más. Se quedó preso en su lugar, aun agitado por el que fue su primer beso.
Pasaron los días y él seguía en las nubes. Su carácter había cambiado de ser el chico alegre y cooperador a un zombie tras la sombra de Ethan.
El mayor aprovechaba su control sobre el chico y le arrinconaba en cada lugar un poco transitado que encontraba. Lo besaba, lo acariciaba, le decía las cosas más sucias que su boca podía soltar y todo eso, sólo para terminar dejándolo en un estado de excitación tal, que Gabriel no volvía a clases por tener que encerrarse en un baño a calmar su calentura.
Ahora Gabriel es el que quería más. Quería que lo tomara, que lo despedazara y que hiciera con su cuerpo lo que quisiera, con tal de sentirlo solo suyo.
Le había pedido que se encontraran en el gimnasio antes de clases y obviamente, Ethan no puso la más mínima resistencia.
Cuando llegó se dio cuenta de que aun faltaban un par de minutos para la hora pactada y que su hombre aun se encontraba en el lugar.
Ethan estaba en una de las colchonetas mirando la entrada con una mirada que rayaba en lo arrogante y que a cualquiera le hubiera dado ganas de acercarse y golpear su rostro hasta que no quedara nada de esa estúpida sonrisa de superioridad. Cualquiera menos Gabriel.
Lo llamó con un gesto de la mano y cual títere o robot a radio control, Gabriel se acercó a su encuentro.
Sintió como era jalado de la muñeca y que caía de espaldas en las colchonetas. Los labios de su amante fortuito se enclavaron en su cuello y los gemidos empezaron a hacer eco en el lugar.
Ethan quería marcarlo, dominarlo, dejarle claro al mundo de que Gabriel era solo suyo, que sus atenciones, presencia, mimos, caricias, besos, gemidos… que todo lo que componía a Gabriel le pertenecía.
Sus manos vagaron por su cuerpo, desabrochando hábilmente los botones de la camisa blanca que tenia el menor. Si bien quería adorar ese cuerpo que le pertenecía desde el momento en que lo vio, sabía que tenía que apresurarse para que acabaran antes de que las clases dieran inicio, y que el gimnasio se llenara de espectadores a los cuales no se les tenía permitido mirar el cuerpo desnudo de su amante.
Bajó por su pecho mientras lo regaba de lamidas, mordidas, besos y caricias. No dejaría el mas mínimo lugar en que Gabriel pudiera sentir que no había posado sus labios.
El menor se retorcía. Los dedos de su pies se doblaban en el interior de sus zapatos y su cuerpo de arquea ante las sensaciones.
Era una situación desgarradora. Su cuerpo solamente estaba presente para Ethan, su mente sólo pensaba en él. Su corazón sólo latía cuando el mayor estaba cerca y él lo sabía. Ethan lo sabía… pero no le importaba.
Los ojos color violenta de Ethan se encargaban de descifrar cada una de las reacciones de su pequeño amante. En estos dos años no había crecido demasiado. Aunque el cuerpo de 16 años de Gabriel habían hecho que sus sueños se volvieran cada vez mas candentes. El actual de 18 era una verdadera delicia. Sus caderas redondeadas. Su percho firme y ese camino de vello que descendía desde su ombligo lo estaban trastornando.
Desabrochó el pantalón de Gabriel como si se tratara de una bestia. Quería devorarlo y ya no podía aguantar más. Lo hizo voltear y sin la más mínima preparación se enterró en su cuerpo con saña. Nadie haría gozar a Gabriel como lo hacía él, pero tampoco nadie le iba a provocar el mismo dolor. Sus gritos llenaron sus oídos y se sintió complacido. Absolutamente todo lo que era del menor ahora le pertenecía. Ya no había nada en el cuerpo, mente o alma de Gabriel que le fuera desconocido.
Se meció en su interior y veía deleitado como su miembro entraba y salía del cuerpo pálido bajo él. Como la sangre de su inocencia le lubricaba y le daba mayor placidez. Como ahora los gemidos de Gabriel le daban mas fuerza para seguir arremetiendo.
Gabriel sentía que su mundo se partía en dos. El dolor casi insoportable que sintió cuando Ethan se llevó su virginidad, fue mayor al que en algún momento de su vida creyó experimentar, pero el placer que sentía era insuperable. Sentirse lleno de él, embistiendo, rozándole, mordiendo su cuello, y sus manos en su pene, bombeando al ritmo de las embestidas. Sintió como era clavado con más fuerza y como el pecho de Ethan se pegaba a su espalda mientras gruñía en su oído, descargándoos en sus entrañas. Casi se le nublaba la vista cuando sintió que lo volteaba y que lo besaba con desenfreno sin dejar de tocar su miembro. Se sentía como un guiñapo al que manejaba a su antojo y no dijo nada cuando sintió que tomaba sus piernas para ponerlas en sus hombros y volvía a enterrarse en su interior.
Para Ethan era una verdadera complacencia estar sintiendo el cálido esfínter de Gabriel aprisionando, ahogándole, apretándole a tal punto de no querer salir jamás de esa cálida entrada. Quería enterrarse más a fondo, ir mas allá de lo que nadie en el mundo iría, por que Gabriel era suyo, su propiedad, de su pertenencia, su posesión.
Se volvió a derramar en su interior y lo masturbó hasta que sintió el cálido líquido de su amante en su mano.
Las piernas de Gabriel cayeron a sus costados y él bajó para besas sus deliciosos labios.
La respiración de ambos se hacía cada vez mas calma. Sus corazones dejaban su acelerado latir y por fin sus vistas recuperaban un poco la nitidez.
Ethan fue el primero en ponerse de pie y vestirse. Mientras tanto, Gabriel lo miraba embelesado.
Veía sus varoniles manos cerrar cada botón de su camisa. Las manos que hace unos minutos estuvieron regadas por todo su cuerpo y que evidentemente antes estuvieron en el cuerpo de alguien más.
Tenía más que claro que no era el primero en tener a Ethan, pero sabía que sería el último. Ethan le pertenecía. Tanto o más de lo que le pertenecía él a Ethan. Por que aprendió del mejor. Por que si bien Ethan le enseñaba lo que era la lujuria, el se consideraba una persona avariciosa. No compartiría con nadie a Ethan, no dejaría que volviera a poseer otro cuerpo y si era necesario, terminaría con su vida, para recordar que solamente él, fue quien lo llevó al éxtasis por última vez. Por que Ethan sacaba lo mejor de él, pero también lo peor. Se vestiría y saldría con él de ese lugar, mientras la daga esperaría en su mochila. Se quedaría ahí hasta que él lo decidiera, por que solo a él podía pertenecer y de eso, Gabriel estaba seguro.

Fin

Problema de muelas


Personajes: Severus Snape/ Harry Potter

Genero: Romance.

Clasificación: R

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter, no son míos, pertenecen a J. K. Rowling.

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—Amor, tenemos que ir a ver a madame Pomfrey.

—No —le dijo con lágrimas en los ojos —no me moveré de aquí.

Severus tuvo ganas de golpearse contra la pared de la habitación, viendo como su obstinado amante se negaba a ir con la enfermera. Habían tenido una deliciosa cena, viviendo entre la alegría y la dicha de ser la primera navidad que pasaban juntos como pareja.

Harry había salido de Hogwarts hace un par de años, claro, su inicio como pareja no se llevó a cabo hasta que salió de clases y cuando se distanciaron un poco. La navidad pasada, estaban en bueno términos, pero sólo esta la vivirían como pareja.

Y ahora, ahora que por fin la podían pasar juntos, a Harry se le ocurría demostrar su mínima higiene bucal. Comiendo un caramelos, esos típicos bastones blancos con rojo que tanto se promocionaban para la fiesta de pascuas. Lo malo es que su pequeño amante ya tenía una carie desde hace un tiempo y por miedo a un disque dentista, no fue a atenderse. Todo cae por su peso. Al más mínimo toque del dulce contra la muela afectada, esta se partió en dos y ahora tenía a Harry hecho un ovillo de dolor en la cama.

Se quejaba y tenía los ojos rojos por las lágrimas que caían de sus gemitas verdes.

—Me estoy cansando des esta situación, Harry. O vamos a ver a madame por las buenas, o te llevo a la mala.

Harry le miró con pena y negó con la cabeza.

—No quiero estar lejos de ti esta noche.

Decir que esa confesión, con lo ojos llenos de lagrimas, no cautivó el alma del pocionísta, sería meter de manera hipócrita. Se acercó a su amante y lo acunó contra su pecho, recostándose contra el cabecero de la cama.

—Es muy importante que te vean, Harry. No quiero que sigas sintiendo dolor.

—No es para tant… —gimió al sentir como el aire entró por sus dientes, dirigiéndose directamente a su carie.

— ¡Suficiente! —Cargó al menos en brazos y se dirigió a salida.

Harry hiso el intento de reclamar, pero el dolor de su boca le impidió hacer otra cosa que no fuera agazaparse entre los brazos de su pareja.

Llegaron a la enfermería, sin tomar en cuenta a los alumnos que pasaban por los pasillos en búsqueda de sus amigos para pasar los últimos minutos antes de la media noche.

— ¿Madame? —Llamó a la enfermera, pero la mujer no parecía encontrarse en el lugar —espera aquí, iré a ver si se encuentra en el gran comedor.

—No me dejes —le pidió, luego de ser depositado en la camilla —van a dar las doce.

—Harry, amor, tienes que ser revisado o no podrás disfrutar las fiestas,

—Pero es navidad.

Severus se vio imposibilitado a irse, se sentó junto a Harry y le beso en la frente, ya antes había intentado besarle en la boca y sólo hiso que el dolor se incrementara.

Dieron las doce mientras ellos se encontraban abrazados, escuchaban los pasos fuera de la enfermería, seguramente de los chicos que iban a felicitar a sus amigos en otras casas.

Esperarían pacientemente a la enfermera. Esta no fue la navidad que habían planeado, pero estaban juntos y era lo más importante para ellos. Las demás las podrían planear diferente y asegurarse de que Harry fuera al dentista antes de que llegaran las fechas importantes.
Fin

A la luz del arbolito


Personajes: Severus Snape/ Harry Potter

Genero: Romance.

Advertencia: Mpreg.

Clasificación: R

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter, no son míos, pertenecen a J. K. Rowling.

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Cuando Severus salió de la habitación para buscar un poco agua, no se sorprendió de ver a su esposo en el salón de la casa que compartían desde hace cuatro años. La imagen era hermosa, verlo iluminado con miles de colores que le daban una expresión dulce y agradable.

Fue a la cocina, sin hacer el más mínimo ruido, y sacó de la alacena un paquete de galletas, de esas que su Harry solía devorar por sus antojos. Llenó dos vasos con leche. Blanca para él y de frutilla para Harry, su sabor favorito desde que su medico le dijo que esperaba un bebé.

Volvió a la sala, mientras convocaba una manta de la habitación y esta llegaba a sus brazos antes de ingresar.

—Te enfriaste mucho así, Harry –le dijo al tiempo en que se sentaba tras él en el suelo y hacía que su esposo apoyara su espalda en su pecho — ¿Qué hacías? —Le dijo poniendo la manta para cubrirse ambos.

Harry se volteó para regalarle una dulce sonrisa mientras le enseñaba un libro que había estado en su regazo.

—Le leía un cuento de navidad a mi bebé.

Severus sonrió de lado y le entregó el vaso de leche. Los ojos de su esposo parecieron iluminarse y estaba seguro que escucho ronronear cuando le entregó las galletas.

—Eres tan fácil de complacer, Potter —le dijo abrazándolo nuevamente, arropándolos a los tres. —Esta muy inquieto esta noche —dijo al sentir una patadita del vientre de su niño hermoso.

—No se había movido —le dijo comiendo una galleta —le gusta que nos consientas.

—Lo hago siempre, Harry, ¿Cuál es la diferencia ahora?

—Que esta noche es especial —le dijo volteando y dándole un beso de piquito —hoy cumple siete meses y esta más perceptivo.

—Y tú más sensible —le quitó una lágrima que bajó por su mejilla.

—Es que me gusta mucho nuestro arbolito —se giró para contemplar las luces que le iluminaban y tintineaban reflejándose en las paredes, escasa de otro suministro de luz —es el más hermoso que he visto.

—Por que lo hicimos juntos —le dijo abrazándolo y acariciando su vientre —y este bebé será igual de hermoso por que también lo hicimos con mucho amor.

Harry sonrió y apoyó su cuerpo en el de su esposo. Esta navidad la pasarían los dos solos, pero nunca más sería así, su hijo estaría para la próxima y las que vengan. Ahora tenía una familia con quien contemplar un hermoso árbol de navidad.

Severus acariciaba el vientre de su esposo, añorando por que el tiempo pasara rápido y poder tener entre sus brazos a su pequeño Antares, para poder consentirlo y llenarlo del amor que tenía destinado para él.

Su navidad sería hermosa, por que ambos estaban en la espera de que el regalo más grande para ellos llegara en un par de meces mas, lo que más han querido y que esperarían pasa convertirlo en lo más importante de sus corazones, además de su pareja.
Fin

Palabras precisas


Personajes: Severus Snape/ Harry Potter.

Genero: Romance, Humor.

Clasificación: Todo publico.

Disclaimers: Los personajes de Harry Potter, no son míos, pertenecen a J. K. Rowling.

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Harry era de las personas que en su vida, nunca, pero de verdad que nunca, había recibido un cumplido de manera amorosa. Claro, para todo el mundo era el chico-que-vivió y alababa su fuerza y su poder.

Eso fue lo que gatilló que ahora se encontrara en medio del pasillo que llevaba al gran comedor, siendo el centro de la atención de muchos alumnos y profesores, bueno, por lo menos la mayoría del cuerpo docente, por que el que de verdad tendría que estar ahí, por haber sido el causante de que se encontrara en ese estado, no se encontraba.

Desde que había entrado al colegio, en su nueva faceta de profesor de vuelo, se había sentido cálidamente recibido. Como si de verdad todo el mundo estuviera feliz de tenerlo entre ellos. Claro, siempre están las excepciones, pero de verdad creía que este sería un año normal. Después de la caída del Lord y de su salida de Hogwarts, ahora con 21 años, creía que podía tener una vida normal.

El problema se suscitó esa mañana, cuando iba en dirección al gran comedor y por el otro lado del pasillo apareció él. Con su típica túnica negra, envolviendo su cuerpo de manera deliciosa (cosa que no admitiría ni a base de Crucius), con su cabello negro cayéndole hasta los hombros y con su esa inconfundible mirada de desprecio para quien tuviera la osadía de cruzarse en su camino.

Harry estaba dispuesto a llevarse bien con el hombre, pero si para eso iba a necesitar aguantarle el mal carácter a diario, pues que se esperara sentado. Él había ido para cambiar el aire hostil de la guerra, no para seguir enfrenándose a ese hombre como si aun fuera su profesor.

Había llegado a su lado y estuvo tentado a decirle algo cuando el tipo le miró con descaro y fruncía el seño. ¿Qué de malo tenía su ropa? No le iba a aguantar, pero Snape le salió con una que no vio venir.

— ¿Sabía que es de muy mala educación ir provocando los bajos instintos de las personas, con esa ropa tan ajustada y que llama a la lujuria? Debería ponerle una detención, profesor Potter. —el tono libidinoso en las palabras de Snape lo encendieron.

Y helo ahí, parado como estatua, sin siquiera pestañear, después de las palabras de Snape. Y es que estaba seguro de algo, si se movía, terminaba buscando a Snape hasta debajo de las piedras, y rogándole que se lo tirara. ¿Tan poca resistencia tenía a las insinuaciones? Por que si de algo estaba seguro es que Snape se refirió a el casi como si fuera un trozo de carne al que le gustaría devorar.

Ahora estaba el hecho de que mas podía esperar, un avance por parte de él, o de plano actuar por cuenta propia.

De lo que estaba seguro es que no perdería una oportunidad así, ¿Quién quita y le podía decir a Snape lo deliciosamente atractivo que se veía en ropa negra? Esa oportunidad no la perdía, no señor.
 
Fin

Pasión astral


Dimitri


Marcel


Devil Marcel

Parejas: Marcel x Dimitri.

Advertencias: AU=Universos Alternos – PWP – Violencia - Voyerismo=mirar a otros – Lemon - Muerte de un personaje.

Genero: Acción –Aventura.

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Hola. Mi nombre es Dimitri. Tengo 18 años y soy el ser más alegre que conozco. O por lo menos, eso es lo que yo creía.

Todo cambió cuando me cambié de casa. Mis padres, que juraban hacerme un bien, me trasladaron incluso de universidad. Fue ahí donde mi vida dio un giro de 180°.

Pero dejen que les explique desde un comienzo, como es que pasé de ser el chico más alegre, a un alma en pena por los pasillos de la universidad.


Llegué a Canarias, la universidad nueva a la que asistiría. El campus era un lugar increíble. Los pasillos largos y espaciosos. Los cuadros en las paredes y el jardín botánico que se podía ver desde cualquier lado, le daban un aspecto casi mágico a este lugar.

Me fui directamente hasta la dirección y presenté mis papeles. Estaba emocionado. Por fin estudiaría lo que tanto amé por años, medicina.

El director me entregó una surtida hoja con los horarios y los salones a donde tenía que acudir.

Debo admitir que me perdí desde el momento en que puse un pie fuera del despacho del decano.

Miré a los lados y me di cuenta de que un chico venía caminando. Era alto, delgado, pero con los hombros anchos. El cabello corto de color rubio.  Tenía unos ojos pequeños, o por lo menos fue lo que yo percibí, por que al acercarse me di cuenta que había entrecerrado los ojos para poder ver mejor y cuando llegó a mi lado pude darme cuenta de que eran de un profundo color perla, pero eran capases de  hipnotizarte.

—Hola —me saludó con una voz tan grabe que sentí todos los pelos de mi cuerpo levantarse ante la increíble melodía que soltaba su boca — ¿Eres nuevo, verdad?

—Si —Le respondí un poco embelesado por todo lo que estaba sintiendo —Soy Dimitri Clapton. Mucho gusto.

—Bien, Dimitri —Me dijo con mucha confianza —soy Marcel Togliatti.

Caminó junto a mí por un rato y yo ni siquiera me di cuenta a donde íbamos. Sólo estaba pendiente de la conversación que estábamos teniendo.

Me relató muchas cosas sobre la universidad. Sus profesores, el director, algunos alumnos de los que tenía que tener cuidado y otro tanto que estaban medio dementes.

Decía que le gustaba mi cabello. Noté ahí lo diferente que era a él. Mi aspecto casi oriental. El cabello de un color rojo muy profundo, aunque artificial, antes lo tenía de un color castaño claro. Los ojos los tengo de un profundo tono azul, y esos, si son completamente míos. Mi cuerpo es completamente delgado, no existen músculos, ya que rara vez realizaba ejercicios que me brindaran un cuerpo un poco más fibroso.

Creo que nos pasamos más de una hora hablando, pero de un momento al otro se despidió de mí, me dijo que tenía que ir a clases y que hablaríamos en otro momento.

He de admitir, que no volví de mi nube hasta que lo vi desaparecer tras una de las esquinas, justo antes de que el timbre anunciara el cambio de clases, y recién entonces supe que había perdido mi primera clase de la mañana.

Mis padres nunca lo supieron y no les conté de mi nuevo amigo sino hasta que un día me preguntaron que quien era ese tal Marcel del que tanto murmuraba cuando parecía meterme en mi mente.


El tiempo seguía avanzando y de un momento al otro yo ya estaba teniendo sexo desenfrenado en los baños de la universidad, con el que me había pedido ser mi novio unas semanas después de conocerlo. Ahora Marcel y yo tenemos casi seis meses de relación y es ciertamente espectacular.

— ¿Qué sucede? —Me preguntó mientras nos encontrábamos sentados en el salón de música, mirando al exterior

—Sólo estaba viendo eso.

Apunté hacia una de las paredes, donde mostraba el anuncio de un reto de miedo para la noche de brujas.

— ¿Te llaman la atención esas cosas? —Me preguntó extrañado y yo sin mas me alcé de hombros.

—No es como si me enloqueciera hacerlo, pero creo que podría ser divertido.

Mi novio sólo me abrazó y me besó. Este tipo tenía una facultad increíble de hacerme olvidar cualquier cosa a base de sus carisias.

>> ¿Me acompañaras, verdad?

Sabía que podía convencerlo, normalmente lo lograba. Por lo menos cuando no tenía que ver con ir a compartir algo con mis demás amigos o mis padres. Parecía tenerle fobia a cualquiera que no fuera yo, pero mientras siguiera a mi lado, eso no me molestaba.

—No creo que pueda ir. Si no me equivoco, saldré para esa fecha.

Ciertamente eso me desanimó un poco. Halloween era una de las fiestas que mas esperaba del año. Era liberador y el no estar con mi amante, bien, digamos que me molestó.

Pasaron un par de días, no le dije nada a Marcel sobre mi estado de animo, además, hace días que no pasábamos tanto tiempo juntos.  No es que no lo viera, pero estaba un poco abrumado con los trabajos de la universidad y mis padres, que no paraban en ningún momento de recordarme el que tenía que pasar el año con buenas calificaciones.

El ansiado día de brujas llegó. Marcel se había ido como me contó y no estaría en le ciudad sino hasta la semana que viene.
Yo ya estaba listo, ni siquiera me detuve a ponerme un disfraz, ¿Para qué? Más que nada iba para distraerme un poco al no poder contar con mi amante al lado.

Llegué a la universidad, realmente se ve tenebrosa de noche y con las luces completamente apagadas.

— ¡Ey, Dimitri!

Me giré al ver como uno de los chicos de mi curso me llamaba. Estaba junto a un reducido número de estudiantes. No serían más de veinte personas. Al parecer, no todos en la universidad tenían tiempo para gastar en cosas como estas. Pensé en devolverme, no es que me diera miedo, pero pensé en que quizás no sería muy divertido estar en ese sitio si Marcel no estaba.

Creo que fue en ese momento en que me di cuenta de la verdad. Estaba completamente dependiente de mi amante. No podía pasar un día en que no lo extrañara y sinceramente, dudo mucho de que sea amor. Yo soy de las personas que no creen en cosas tan superficiales como una palabra que nos encierre tanto en tan poco. Lo quiero, es verdad, pero no voy a decir nunca que estoy enamorado de él. La pación suele confundir muchas veces los sentimientos, la lujuria y el placer que te dan el tener un cuerpo unido al tuyo y prodigándote palabras sucias, no se podían comparar con un sentimiento que hasta tu madre te dice cuando te vas de casa por un par de horas.

Escuché vagamente las instrucciones del desafío. Algo de ira la planta alta del edificio principal, tener que llevar una vela a la azotea y dejarla junto a la reja de seguridad. El orden sería por sorteo. Un palito corto, con un número que nos diría nuestro turno.

Como era de esperarse. Una hora después aun estaba abajo, esperando que el último de mis compañeros bajara para empezar con mi turno. Me tocó el último turno y no estoy para nada feliz. Hubiera sido mejor que me quedara en mi casa viendo películas de terror, quizás lo hubiera pasado mucho mejor.

—Bien, Clapton, es tu turno.

Escuché al chico a mi espalda y fue ahí donde vi que el último de los chicos caminaba hacia nosotros, con el pecho erguido, como si hubiera hecho la mayor obra de su vida, algo tonto, si me permiten decirlo.

Cuando llegó a mi lado, prendieron la vela que llevaba en la mano y me encaminé a la azotea, mi destino final, aunque el titulo es bastante trágico, tomando en cuenta que sólo iría y volvería en un tiempo máximo de diez minutos.

Traté que en el camino no se apagara la vela que llevaba conmigo y que a cada oscilación del viento amenazaba con apagarse.

Los caminos desiertos del edificio me tranquilizaban, le daban un aire pasmoso a mi realizable misión.

—Hola, mi amor.

La vela cayó de mi mano y grité, lo admito. Me giré para poder ver de quien tendría que salir huyendo, quedándome pasmado ante el ser que me miraba.

El cabello larguísimo y de un color gris claro, la piel de porcelana y los labios un poco amoratados, pero lo más increíble fue su mirada, esos ojos, que estoy seguro que los había visto, aunque estaban un poco más alargados de lo normal y algo más opacos, pero su mirada fija en mi, casi obsesiva, me llegó de golpe.

— ¿Marcel?

Lo vi sonreír de lado, como nunca lo había visto. Algo aterrador, he de admitir.

— ¿No me vas a saludar?

Su voz era un poco diferente, y ni siquiera fui capas de dar un paso.

— ¿Qué…qué te pasó? —Fui capas de acercarme un poco para tocar su peluca, era increíble — ¿Puedo saber el por qué tu disfraz?

Caminó a mi lado, logrando que mis dedos quedaran alejados de su postizo cabello.

—Para acercarme a ti, mi amor —sus pasos lo llevaban al jardín, estoy seguro. Tanto así que caminé tras él, dejando olvidada por completa la misión de la vela en la azotea.

—No tienes que usar esta peluca para acercarte a mi, bobo.

Estaba contento de que estuviera aquí, pero eso que dijo ¿Qué esperaba? ¿Qué estaría disfrazado como los niños?

—No —Me dijo deteniendo sus pasos cuando llegamos al centro del jardín, donde se encontraba la fuente magna que llevaba el símbolo de la universidad. —Lo último que esperaba era verte disfrazado.

Mis pasos se detuvieron al instante. ¡¿Cómo mierda supo lo que pensé?!

>>No pienses con ese tono, tesoro —lo vía acercarse y di un paso atrás, mas por instinto que por otra cosa. — ¿Me temes?

—No lo se. Dímelo tú.

—Tienes miedo, Dimitri —se acercó y acarició mi rostro —y esta bien que lo tengas.

— ¿Qué es lo que pasa? —Quité su mano de un golpe —no me gustan las bromas de este tipo.

—No es una broma, Dimitri. A estas alturas deberías conocerme mejor.

—Ahora dudo bastante de haber sabido algo de ti.

—Y lo dices bien —Me agarró de la cintura y me acercó a su cuerpo —esta es mi verdadera forma, Dimitri. La forma de tu muerte.

Lo siguiente que supe es que me estaba besando con una pasión inusitada. Metía su lengua en mi boca y en un momento sentí que me ahogaba, no mentía, me estaba metiendo la lengua por la garganta y cortando mis vías respiratorias. Le golpeaba cuanto podía, tratando de alejarlo de mi cuerpo, pero nada podía hacer. Mis fuerzas se iban. Mi vista se volvió borrosa y ya no supe más.


Así es como llegamos a ahora. Cuando les dije que andaba por el campus como un alma en pena, es por que es así. Marcel terminó con mi vida. Mi cuerpo fue encontrado por los chicos. Al ver que no llegaba del desafío, entraron a buscarme, encontrando mi cuerpo muerto en el jardín.

Mi amante era en realidad el encargado de quitarme la vida, un demonio/ángel, como él mismo se describió.

Aun ando por el campus, tratando de evitar que mi (aun) amante, se llevara las vidas de otros alumnos, que como yo, caían en sus redes, ilusionados por su hermosa presencia.

Mis padres sufrieron, lo pude ver, cuando vinieron a reconocer mi cuerpo, pero ya de eso ha pasado más de un año. Ahora los veo nuevamente en el jardín, poniendo velas en el lugar donde encontraron mi cuerpo.

— ¿Qué haces aquí?

Me giré, encontrando de golpe la cara de mi amante.

—Viendo el poder de tu destrucción.

Su risa burlona me recorrió por completo antes de que me girara y me besara.

Era raro, tengo que decirlo. Nunca perdonaré a Marcel por haberme asesinado, pero el sexo astral era algo increíble.

Como dije cuando aun vivía. El amor no existe, pero la pasión y la lujuria nos mantendrán unidos, por la eternidad.

Fin

Navidad extraña


Parejas: Severus Snape - Harry Potter

Advertencia: Lemon – M-preg

Categoría: AU – Romance – Humor

Clasificación: NC-17

Disclaimer: Los personajes de este fic, no son míos, son de Rowling.

Agradecimientos: Mis más grandes agradecimientos a blackladyhn por betear este ONE.

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Se encontraron en un bar. Mientras Severus trataba de convencerlo que era todo un caballero, llegando hasta donde se encontraba ese hermoso joven de ojos verdes, que bebía delicadamente de su vaso de vodka.
Se paró frente a él y empezó a lanzar el típico discurso. “¿Cómo te llamas?” “¿De donde eres?” cosas típicas para empezar  una conversación, pero el mendigo mocoso se paró lo miró a los ojos y le lanzo su análisis psicológico de manera ruda y amenazante “No me interesa relacionarme con un tipo como tú” claro y sin tapujos.
Esta demás decir que Severus se enfureció por la manera hostil en que lo trató el joven ¿Lo había analizado en cuestión de segundos?, así que dejó de lado todo el romanticismo y su pose de “Solo quiero conversar” lo paró en su caminar llamándolo de manera vulgar, logrando su cometido. Se le acercó y le dijo que no iba a permitir que un mocoso como él, le viniera  a hablar así.
Se enfrascaron en una discusión que poco tenía de contenido y lo que tenía que pasar, pasó.
Una cosa llevó a otra y cuando ni siquiera se dieron cuenta, terminaron teniendo sexo desenfrenado en uno de los baños de aquel bar.
Todo eso hubiera sido raro si  no hubieran sido ellos.
—¿No crees que fue divertido? —comento Harry al llegar a su departamento.
—De hecho si, pero aun así fuiste muy grosero —se metió al baño y se lavó los dientes.
—Oh vamos, Sev —le dijo abrazándolo por la espalda —es divertido tratarnos como extraños —se empinó para llegar a su altura —además, te pones mas salvaje a la hora de follarme en cualquier lugar disponible.
—No te acostumbres, Potter —le dijo volteando  llevándoselo a la cama.
Estaban en la cama de ambos, la que compartía desde hace unos tres años, no precisaba estar casados para eso, eran felices con lo que tenían. Vivian juntos, no se eran infieles, pero no había ningún papel de por medio que los comprometiera a pasar la eternidad juntos.
Hoy era la típica cena para los empleados del laboratorio donde trabajaba Severus y como una pareja normal, debían acudir a ella.
Harry se presentaba como siempre, impecable y hermoso. Logrando que Severus fuera la envidia de todos los presentes, por tener a tan buen prospecto como novio.
—Severus, Harry —saludó Moddy, un compañero de labores del mayor.
Ambos hombres respondieron al saludo y también al saludo que les dio otro de los colegas del hombre, Horace Slughorn.
—¿Qué cuentan jóvenes? —Dijo el hombre mayor —preparados para la navidad.
—¡Oh si! —Dijo Moddy con un tono sarcástico —preparadísimo para pasar  cuatro días con mi adorada familia.
—¿Cuál es el problema, hombre? —Le preguntó el mayor.
—Nada —dijo con aire cansado —no tengo hijos, pero de seguro vendrán mis  hermanos, con mis adorables sobrinos a poner mi mundo de cabeza —término de decir con mal humor.
—Yo en cambio, me iré a pasar las fiestas a la casa de mis  suegro, bien no digamos que es todo alegría —tomó una pausa para analizar la situación —tendré que dormir en aquel incomodo sillón, aguantando los chinches de los animales que tiene mi querida suegra.
—¿Pero, por que se someten a esa tortura? —Les preguntó Harry, al notar el aire cansado y fastidiado que tenían ambos hombres.
—¡Por que es navidad! —Dijeron al mismo tiempo, como si fuera lo más obvio del mundo.
—¿Y? —Les preguntó Severus, mientras enarcaba una ceja.
—¿Cómo que “Y”? —Dijo el mas anciano —¿Acaso no van a ir donde sus familias?
Harry y Severus se miraron y luego miraron a los dos parados frente a ellos.
—No —dijeron de forma categórica.
—¿Pero, como pretenden escaparse de sus familias? —Pregunto Moddy, extrañado por que Harry respondiera así, de Severus se lo esperaría, era lo suficientemente antisocial, como para pasar las fiestas solo, pero ese no era el caso del menor.
—Oh, fácil —dijo Harry, sonriendo —podemos decirles que nos quedaremos haciendo obras de caridad y alimentando a los pobres o…
—O que ayudaremos a los niños a leer y que les compraremos ropas, entre más detalles les des, mas se lo creen —terminó de decirles Severus.
—¿Les mentirán a sus familias en Navidad? —Preguntó Moddy, de lo más conmocionado.
—¡Claro! —Dijo Harry —y nos iremos a pasar unas pequeñas  vacaciones al caribe —dijo feliz, mientras besaba a su pareja, dejando a los otros dos hombres, completamente perplejos.

Tenían todo completamente listo para pasar las mejores  vacaciones de navidad que hubieran querido, como todos los años atrás.
—Hola, Albus —habló Severus por el teléfono, comunicándose con el que siempre considero su único pariente, luego de que sus verdaderos padres murieran —te llamaba para decirte que nos vamos con Harry a Malasia —el menor podía escuchar que algo le respondía el anciano —Si, se que no he pasado una navidad contigo desde hace años, pero vamos a ir por los niños sin recursos —cambió su tono por uno mas melancólico —se que es difícil, pero los niños necesitan más de nosotros, que nosotros de estas fiestas —Harry trataba de ahogar la risa, por lo mentiroso que podía llegar a ser Sev —no te preocupes, estaremos bien —le hizo señas que estaba listo —“Selamat hari natal” así se dice feliz navidad en indonesio, nos vemos —colgó el teléfono y recibió un beso de su pareja.
—¿Aprendiste indonesio? —Le preguntó elevando una ceja.
—Es que debía llevar la mentira a otro nivel —respondió, sin si quiera molestarse por ello.
Estaba todo listo, se dirigieron al aeropuerto para poder tomar un avión que los llevaría directo a sus tan queridas vacaciones. Llegaron y se encontraron con una gran aglomeración y un letrero que los hizo querer morir en ese momento “Todos los vuelos están cancelados por las condiciones climatológicas” Severus se acercó al mostrador, echando humo por los oídos. Se peleó con el encargado de los boletos, el que no hacía nada para apaciguar la furia del hombre.
—Seños, disculpe, ¿Esta teniendo problemas para tomar un avión? —Severus y Harry se voltearon y se vieron segados por las luces de las cámaras.
Una reportera les acababa de hacer una pregunta y estaban siendo transmitidos en directo por televisión.
Los celulares de ambos espesaron a sonar de inmediato.
Lo que les faltaba, sus familias se habían enterado que no podían salir de la ciudad por los problemas en el clima.
Bien, no discutieron, no hasta el momento en que ambos dijeron al mismo tiempo que debían ir a visitar a sus familias.
Una hora mas tarde y con los rostros cargados de rabia. Se dirigían a su primer destino, la casa de Albus.
Luego de muchos años, en lo que no vez a tu “gente” hay cosas que se olvidan.
Severus no pensó en eso, cuando llevó a su delicada pareja a conocer la casa donde creció y la que compartió con Fred y George, sus “hermanos postizos”. George casado con Angelina y con una hija de un año y otro bebé en camino. Fred era soltero, pero tenía dos hijos, uno de unos seis años y el otro de unos diez.
Las cosas empezaron mal, cuando Severus fue victima de su primera  broma y Harry la presenció y escuchó como llamaban a su pareja “Tobi”, un apodo un tanto particular, para el serio químico, claro hasta que los “hermanos” de Sev, le dijeron que ese no era un apodo, si no su verdadero nombre.
—Llevamos  más de tres años de pareja ¿Y no me habías dicho tu nombre verdadero? —Le reprochó molesto. Mientras se sentaba en una cama, que había en la habitación donde Sev lo había llevado para explicarle la situación.
—Harry, es sólo mi segundo nombre, nunca lo he usado y tampoco lo usare ya que es… tonto —dijo tajante —y si no te lo dije antes, fue por que no esperaba que nunca lo supieras, ya bastante sufrí de niño, cuando me molestaban con él —dijo abatido.
—Amor, nunca me reiría de ti por una cosa tan absurda, entiende que te amo y que nada podría afectar eso —le dijo sellando sus labios con un beso.
Pensaron que las cosas estarían bien, pero todo cambio cuando Angelina le contó a Harry que fue difícil buscar regalos económicos. Las alarmas del oji verde se prendieron enseguida. ¡Dios, nos gastamos un dineral en regalos!, la discusión fue entre hermanos al ver los costosos regalos que le hizo Sev a los  niños, en comparación a los que le tenia Fred y la gota que rebalso el baso, fue cuando Sev, por error, le dijo al menor de los niños, que Santa no existía y al pequeño le dio una crisis de ira, de recordar. Los “hermanos” de Sev se molestaron, pero no dijeron nada al respecto.
Angelina se había levantado para arreglar unas cosas en la cocina y le dijo a Harry que si le ayudaba. Fue entonces que George le pasó a su pequeña hija de un año a Sev, para que la sostuviera, mientras el ayudaba a Albus a colocar en el techo la antena satelital que le había regalado Severus.
Ellos nunca habían querido tener hijos, y lo habían dicho siempre, pero Harry se sintió demasiado cautivado, cuando vio a Severus con ese bebé en brazos.
Si creyeron que ahí acababa todo, estaban mas que equivocados, Severus casi se mata tratando de poner la antena satelital y Harry sostuvo a la bebé por un tiempo mas que razonable, fueron unos segundos en que no paró de llorar y poner histérico al pobre oji verde, no paraba con nada, pero cuando por fin la pequeñita se calló, una fuerte explosión, por parte del televisor hizo que Harry volteara y sin querer le diera  un pequeño golpecito a la niña, que termino gritando más que antes.
Bien, ahí se terminaba la visita y los dos estaban mas que dispuestos a abandonar la casa, lo más pronto posible.
Y ahora iban en camino a la casa de Molly, quien había sido como una madre para Harry, cuando se fue de casa de sus tíos, quienes lo habían mantenido desde siempre.
—Hola, Molly —dijo Harry, al ver quien abría la puerta de la casa.
—Hola, Harry. Pasen —dijo haciéndose a un lado.
Bien las cosas se vieron extrañas, cuando llegaron sus “tías” a saludarlos y estrechaban demasiado a su pareja, no era ciego ¡Eran unas perras en celo dispuestas a tirarse a SU hombre!
Luego vino Ginny, la única chica de la familia que estaba casada, y ahora cargaba con su bebé de unos meses ¡Otro bebé no! Pensó Harry, al ver al infante en los brazos de su “hermana”.
El momento más vergonzoso vino cuando la chica recordó que cuando Harry era un chico y tuvo “bichos” por lo que nadie se le quería acercar. Algo que molesto mucho al oji-verde y lo llenó de vergüenza, ya que esa son las cosas que uno NO le cuenta a su pareja.
Finalmente explotó. A Ginny se le ocurrió la brillante idea de pasarle el bebé a su hermano, luego de amantarlo y el bebé termino bañando a Harry en vomito.
Terminó en el baño, tratando de limpiar el desastre en su ropa. Fue en ese momento en que vio el bolso de Ginny, la mujer estaba obsesionada con tener otro hijo. Se puso a revisar y encontró una caja que llamó mucho su atención “Test de embarazo” lo miró un rato y luego se encogió de hombros “¿Qué podía perder?” así que izo la prueba.
Bien, luego de una terrible pelea con su sobrina, por quitarle la prueba de embarazo que se acababa de hacer, tuvo la mala suerte de que sus tías y familiares se encargaran de mostrarle su álbum de niño a su novio, ¡¿Cómo se atrevieron?! Se sentía humillado y molesto, ya ni siquiera tomaba en cuenta el maldito resultado de la prueba de embarazo.
Se fueron por fin de esa casa, y discutieron todo el camino de trayecto a la casa de la “madre” de Severus, pero es que, como no entendía que el necesitaba que lo apoyara y no ponerse a confabular con sus tías, para avergonzarlo, pero no, él estaba tan envuelto en su propio mundo que no era capas de ver lo mal que se encontraba Harry, con toda esa situación.
Ahora Severus debía sufrir.
Fue tan desagradable, el ver que se encontraba el nuevo novio de su “madre”, bien Minerva tenía toda la libertad del mundo para estar con quien se le viniera en gana, pero cuando esa persona es tu mejor amigo de la infancia y que por obvias razones es muchísimo menor que tu madre, las cosas se ponen tensas.
Además del maldito juego para saber cuanto sabes de tu pareja y que si bien Minerva y su pareja sólo hicieron dos puntos, George y Angelina, los cuales también habían venido a visitar a su madre en el proceso, habían tenido la no despreciable suma de 7 aciertos, y ellos dos, Harry y Severus, no habían acertado en absolutamente nada.
Era  frustrante saber que no sabes nada de tu pareja, con quien has estado viviendo por más de tres años.
Tomaron el camino a casa del padrino de Harry y su último destino, pero en el camino volvieron a discutir.
—¡¿Cómo que te hiciste un test de embarazo?! —Le preguntó Severus, obviamente molesto por no ser tomado en cuenta.
—¡Cálmate, ¿Quieres?! —Le gritó furioso —¡Salió negativo, bien! —Le dijo.
—Oh, bueno yo… no podías decírmelo antes, digo, sabías que podías haberme causado un ataque.
—No era mi intención, sólo… sólo quería que lo supieras —le dijo resignado, mientras negaba con la cabeza y miraba hacia el camino delante de ellos
—Ya habíamos hablado de esto, Harry, creí que habíamos acordado que no tendríamos hijos, sólo lo complicarían todo —dijo sin dejar de conducir.
—Lo se, pero quería saber, quería saber por que me sentía tan extraño frente a esa prueba, quería saber que si saldría positivo o no, cambiaria nuestra relación.
—¿Que es lo que pasa?
—Nada, eso es lo que pasa, creo que me cansé de eso de que no tenemos ataduras, nada que nos controle, no tener papeles que nos limiten, ni hijos ni nada —se estaba descontrolando, pero al parecer su novio no tenía las mismas ideas.
—Harry, hablamos esto desde el principio, nos gusta estar así, sin hijos, sin un papel que nos diga que debemos estar juntos, nada que nos ate.
—Lo se, por eso quería que lo habláramos —le dijo con angustia.
—Pero yo no… yo no quiero hablar de eso —dio por zanjado el tema y siguieron el camino.
No tardaron mucho más en llegar a la casa del padre de Harry.
—No es necesario que te quedes —dijo Harry bajando del auto.
—Harry, creo que estas exagerando —le dijo Severus, mientras dejaba salir el aire de sus pulmones.
—No estoy exagerando, quiero cambiar y tú no, no quiero fingir allá adentro, algo que no somos —se alejó del auto y con dolor sintió como el vehiculo emprendía su marcha nuevamente.
Vio a Sirius salir de la casa y llamarlo.
Al entrar se encontró con su familia de nuevo, su inquieta sobrina y Ginny, todos estaban reunidos y se veían tan felices.
Se fue a la biblioteca y se sentó un rato a tratar de calmar su agitado corazón.
—¿Estas bien, bebé? —Le preguntó Sirius desde la puerta.
—Si —dijo sin mucho animo, era triste ver como los demás son felices son sus parejas y tú no tienes nada, ¡Hasta Sirius era feliz con Remus!
—¿Dónde esta Severus? —Le preguntó acercándose al muchacho —ah no, ya se. Seguramente esta en alguna isla del pacifico, ayudando a las pobres aldeas y alimentando a los desolados —vio que Harry sonreía.
—Así que, siempre supiste que mentíamos —le dijo luego de unos segundos.
—Cuando le has mentido tanto a tu familia, sabes como reconocer a otro mentiroso —le dijo en tono de broma, mientras se dejaba caer a su lado —lo que ahora me preocupa es tu carita de pena.
—No es nada, sólo que quizás sea mejor que me aleje de Severus por un tiempo —dijo luego de un rato.
—Sabes —le empezó a contar en un tono mas serio —yo nunca me guié por el lado fácil de la vida, siempre estuve metido en problemas y líos de falda, bueno mas bien de pantalones y me llevó casi diez divorcios para poder encontrar el amor de Remus, que siempre estuvo a mi lado, pero que yo nunca quise ver, pero las experiencias que te da la vida no puedes depreciarlas, siempre hay algo que te enseña, ya sea a porrazos o caminos de flores.
—Es muy hermoso lo que dijiste, pero no entendí —le dijo sinceramente.
—Quiero decir que dejes que la corriente siga su curso, que la vida sigue. Si estas destinado a permanecer junto a Severus, bueno eso pasara, tarde o temprano —se paró y se fue hacia la puerta.
Harry se quedó en su lugar, sin siquiera levantar un poco el rostro para ver si estaba solo o no. Fue entonces que dejo caer una lágrima.
Amaba a Severus más que a cualquier cosa y si el hombre no quería hijos, bueno él se las ingeniaría mas adelante, pero no lo perdería.
Vio la hora, no sabía cuanto tiempo llevaba en el despacho, pero estaba seguro que todo el mundo estaba acostado. Tenía un sólo propósito en mente y con ese pensamiento se dirigió a la puerta de salida.
Abrió la puerta y se congeló.
Severus estaba afuera, con el dedo a medio camino de tocar el timbre y en el mismo estado de congelación que el moreno.
El mayor lo miro a los ojos, notaba que había estado llorando y eso si que no se lo perdonaría.
—Tienen que ser dos —le dijo sin mayor explicación.
—Severus ¿Qué…? —Trato de preguntar la razón de su presencia, pero su ¿Pareja? No lo dejaría hablar.
—Tienen que ser dos, ya que si sólo tenemos un hijo nos sentiremos terriblemente mal de dejarlo solo cuando queramos arrancarnos un poco de la rutina.
Harry estaba en una burbuja, no entendía muy bien que era lo que quería decir el hombre, pero poco a poco empezó a procesar la información.
>>Pero sólo espero que no sea muy pronto —vio como el menor asentía, medio embotado por su rápida apreciación de los hechos —y sobre casarnos, bien, podríamos esperar un poco.
—Claro, no es necesario ahora —trataba de aportar algo, aunque los nervios de su pareja le soltaban la lengua —¿Estas hablando enserio? —Le preguntó luego de un rato, cortando de inmediato las fantasías del moreno sobre una casa mas grande o algo así.
—Por supuesto que si —le dijo acercándolo por la cintura —te amo y si quieres tener un bebé, pues tendremos un bebé —le dijo picando sus labios —si quieres llevar el apellido Snape, pues entonces también lo tendrás, sólo dame un poco de tiempo ¿Si? —Le pidió a medio camino de sus labios.
—Claro que si, mi amor —le dijo sellando los labios en un beso desenfrenado —no es necesario que sea ahora mismo —se besaron y amaron como nunca lo habían hecho, tenían toda la vida por delante y muchos años para pensar bien en lo que a bebés se tratara.

Un año después.

Solos los dos, en una sencilla habitación de hospital, contemplaban embobaos a la pequeña en brazos de Harry. La hermosa morena de ojos verdes, que llevaría por nombre  Eileen Snape Potter, la hija  recién nacida de ambos.
—Es muy hermosa —dijo una enfermera que estaba arreglando la cama de Harry  —ya esta listo, si gustan pueden llamar a los familiares para que entren —les dijo amablemente.
—No hay familiares que llamar —dijo Severus sin apartar laminada de la niña.
—Oh lo lamento, no sabía que habían muerto —dijo la mujer con pesar.
—No, no se preocupe, sólo que no le dijimos a nadie —le respondió Harry.
—¿Cómo… sus familias no saben? —Preguntó alarmada.
—No, la familia sólo entorpecen los caminos elegidos. Así que mejor lo dejamos así, no es necesario informar nada —concluyó Severus.
Justo en ese momento abren la puerta y con horror comprobaron que era la misma reportera que los echara al agua la navidad pasada, al entrevistarlos a ellos precisamente.
La mujer, dispuesta de un micrófono y seguida por un camarógrafo, se acercó a ellos.
—Hola, están en televisión abierta, para todo el país y nos gustaría saber que se siente ser los padres del primer recién nacido del año nuevo —les dijo con sus singular sonrisa, mientras les acercaba el micrófono.
Ambos hombres se quedaron paralizados y con espanto escucharon, que los celulares de ambos, comenzaban a sonar.

Fin